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Iam
primum omnium satis constat Troia capta in ceteros saeuitum esse Troianos,
duobus, Aeneae Antenorique, et uetusti iure hospitii et quia pacis
reddendaeque Helenae semper auctores fuerant, omne ius belli Achiuos
abstinuisse; casibus deinde uariis Antenorem cum multitudine Enetum, qui
seditione ex Paphlagonia pulsi et sedes et ducem rege Pylaemene ad Troiam
amisso quaerebant, uenisse in intimum maris Hadriatici sinum, Euganeisque
qui inter mare Alpesque incolebant pulsis Enetos Troianosque eas tenuisse
terras. Et in quem primo egressi sunt locum Troia uocatur pagoque inde
Troiano nomen est: gens uniuersa Veneti appellati. Aeneam ab simili clade
domo profugum sed ad maiora rerum initia ducentibus fatis, primo in
Macedoniam uenisse, inde in Siciliam quaerentem sedes delatum, ab Sicilia
classe ad Laurentem agrum tenuisse. Troia et huic loco nomen est. Ibi
egressi Troiani, ut quibus ab immenso prope errore nihil praeter arma et
naues superesset, cum praedam ex agris agerent, Latinus rex Aboriginesque
qui tum ea tenebant loca ad arcendam uim aduenarum armati ex urbe atque
agris concurrunt. Duplex inde fama est. Alii proelio uictum Latinum pacem
cum Aenea, deinde adfinitatem iunxisse tradunt: alii, cum instructae acies
constitissent, priusquam signa canerent processisse Latinum inter primores
ducemque aduenarum euocasse ad conloquium; percontatum deinde qui mortales
essent, unde aut quo casu profecti domo quidue quaerentes in agrum
Laurentinum exissent, postquam audierit multitudinem Troianos esse, ducem
Aeneam filium Anchisae et Veneris, cremata patria domo profugos, sedem
condendaeque urbi locum quaerere, et nobilitatem admiratum gentis uirique
et animum uel bello uel paci paratum, dextra data fidem futurae amicitiae
sanxisse. Inde foedus ictum inter duces, inter exercitus salutationem
factam. Aeneam apud Latinum fuisse in hospitio; ibi Latinum apud penates
deos domesticum publico adiunxisse foedus filia Aeneae in matrimonium
data. |
CAPÍTULO I Lo primero
de todo, es bastante sabido que, tomada Troya, se mostró crueldad hacia
los troyanos que quedaron, que para dos, Eneas y Antenor, no sólo por el
derecho de antigua hospitalidad sino también porque siempre habían sido
promotores de la paz y de que Helena debía ser devuelta, los aqueos no
usaron todo el derecho de guerra; que luego, por varios avatares, Antenor
con una muchedumbre de enetos que, expulsados de la Paflagonia por una
revuelta, buscaban no sólo el terreno sino también un jefe, muerto su rey
Pilemenes en Troya, llegó al golfo más profundo del mar Adriático, y que,
expulsados los euganeos, que vivían entre el mar y los Alpes, los enetos y
los troyanos se apoderaron de estas tierras. Y el lugar, al que en un
principio llegaron, es llamado Troya, y de ahí la aldea tiene el nombre de
Troyana: la raza en conjunto se llama vénetos. Que Eneas, expulsado de su
patria por una calamidad semejante, pero impulsándole los hados al
comienzo de mayores hazañas, en un principio llegó a Macedonia, de allí se
dirigió a Sicilia buscando un terreno, desde Sicilia alcanzó el campo
laurentino con su flota. También este lugar recibe el nombre de Troya.
Como los troyanos, al llegar allí, puesto que no les quedaba casi nada por
su desmedido vagar de aquí para allá excepto armas y naves, se llevaran el
botín de los campos, el rey Latino y los aborígenes, que entonces poseían
estos lugares, para contener la fuerza de los forasteros, armados acuden
en tropel desde la ciudad y los campos. De ahí la tradición es doble. Unos
cuentan que Latino, vencido en la batalla, concertó la paz con Eneas,
luego una alianza; otros que, estando apostados los ejércitos en orden de
batalla, antes de que dieran la señal de ataque, Latino avanzó entre los
más escogidos e invitó al jefe de los forasteros a una conferencia; que,
preguntando luego qué mortales eran, de dónde y por qué desgracia
desterrados de su patria o buscando qué, habían venido a parar al campo
laurentino, después que oyó que la muchedumbre era los troyanos y que su
jefe era Eneas, hijo de Anquises y de Venus, desterrados de su hogar,
después de ser quemada su patria, esta y que buscaban un terreno y un
lugar para fundar una ciudad, y admirando la nobleza de este pueblo y de
su jefe, y su espíritu dispuesto bien para la guerra, bien para la paz,
estrechada la mano derecha, consagró la promesa de una futura amistad.
Luego, llegó un pacto entre los jefes y se realizó un saludo entre los
ejércitos. Que Eneas se hospedó en casa de Latino; que allí Latino, junto
a los dioses Penates, añadió un pacto doméstico al público, dada su hija
en matrimonio a Eneas. |
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Bello deinde Aborigines Troianique simul petiti. Turnus rex Rutulorum, cui pacta Lauinia ante aduentum Aeneae fuerat, praelatum sibi aduenam aegre patiens simul Aeneae Latinoque bellum intulerat. Neutra acies laeta ex eo certamine abiit: uicti Rutuli: uictores Aborigines Troianique ducem Latinum amisere. Inde Turnus Rutulique diffisi rebus ad florentes opes Etruscorum Mezentiumque regem eorum confugiunt, qui Caere opulento tum oppido imperitans, iam inde ab initio minime laetus nouae origine urbis et tum nimio plus quam satis tutum esset accolis rem Troianam crescere ratus, haud grauatim socia arma Rutulis iunxit. Aeneas aduersus tanti belli terrorem ut animos Aboriginum sibi conciliaret nec sub eodem iure solum sed etiam nomine omnes essent, Latinos utramque gentem appellauit; nec deinde Aborigines Troianis studio ac fide erga regem Aeneam cessere. Fretusque his animis coalescentium in dies magis duorum populorum Aeneas, quamquam tanta opibus Etruria erat ut iam non terras solum sed mare etiam per totam Italiae longitudinem ab Alpibus ad fretum Siculum fama nominis sui implesset, tamen cum moenibus bellum propulsare posset in aciem copias eduxit. Secundum inde proelium Latinis, Aeneae etiam ultimum operum mortalium fuit. Situs est, quemcumque eum dici ius fasque est super Numicum flumen: Iouem indigetem appellant. |
CAPÍTULO II Luego, los aborígenes y los troyanos a la vez fueron reunidos en la guerra. Turno, rey de los rútulos, a quien había sido prometida Lavinia antes de la llegada de Eneas, soportando de mala gana que un extranjero hubiera sido preferido a él, había declarado la guerra a Latino y Eneas a la vez. Ni uno ni otro ejército salió contento de este combate: los rútulos fueron vencidos; los aborígenes y los troyanos, victoriosos, perdieron a su jefe Latino. Luego, Turno y los rútulos, desconfiando de estas cosas, buscan refugio en el poder floreciente de los etruscos y en Mecencio, su rey, quien, mandando en Cere, fortaleza entonces opulenta, ya desde el principio en nada contento con la creación de la nueva ciudad y pensando entonces que el estado troyano creciera demasiado, más de lo que sería suficientemente seguro para sus vecinos, unió sus armas como aliadas para los rútulos no de mala gana. Eneas, frente al terror de una guerra tan grande, para conciliar los ánimos de los aborígenes a sí mismo y para que todos estuvieran no sólo bajo el mismo derecho, sino también bajo el mismo nombre, dio el nombre de “latinos” a una y otra raza; y luego los aborígenes no fueron inferiores a los troyanos en abnegación y confianza hacia su rey Eneas. Y Eneas, confiando cada día más en estos ánimos de unión de los dos pueblos, aunque Etruria era tan grande por su poder que la fama de su nombre llenaba no sólo las tierras sino también el mar por toda la longitud de Italia, desde los Alpes hasta el estrecho de Sicilia, pudiendo, sin embargo, rechazar el combate desde las murallas, sacó las tropas a la línea de batalla. Por ello la batalla fue favorable a los latinos, también para Eneas fue la última empresa de las mortales. Está enterrado, está permitido y es justo decir que fuera quien fuera, a la orilla del río Numicio: lo llaman “Júpiter Tutelar”. |
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Nondum
maturus imperio Ascanius Aeneae filius erat; tamen id imperium ei ad
puberem aetatem incolume mansit; tantisper tutela muliebri -tanta indoles
in Lauinia erat- res Latina et regnum auitum paternumque puero stetit.
Haud ambigam -quis enim rem tam ueterem pro certo adfirmet?- hicine fuerit
Ascanius an maior quam hic, Creusa matre Ilio incolumi natus comesque inde
paternae fugae, quem Iulum eundem Iulia gens auctorem nominis sui
nuncupat. Is Ascanius, ubicumque et quacumque matre genitus -certe natum
Aenea constat- abundante Lauinii multitudine florentem iam ut tum res
erant atque opulentam urbem matri seu nouercae relinquit, nouam ipse aliam
sub Albano monte condidit quae ab situ porrectae in dorso urbis Longa Alba
appellata. Inter Lauinium et Albam Longam coloniam deductam triginta ferme
interfuere anni. Tantum tamen opes creuerant maxime fusis Etruscis ut ne
morte quidem Aeneae nec deinde inter muliebrem tutelam rudimentumque
primum puerilis regni mouere arma aut Mezentius Etruscique aut ulli alii
accolae ausi sint. Pax ita conuenerat ut Etruscis Latinisque fluuius
Albula, quem nunc Tiberim uocant, finis esset.
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CAPÍTULO III Ascanio,
hijo de Eneas, no estaba todavía maduro para el mando; sin embargo, esta
mando permaneció intacto para él hasta su mayoría de edad; mientras tanto,
bajo la tutela femenina -tan gran disposición natural existía en Lavinia-
el asunto latino y el reino heredado de su abuelo y de su padre se mantuvo
para el niño. No discutiré -pues, ¿quién asegurará un asunto tan antiguo
como cosa cierta?- si fue Ascanio o uno mayor que este, nacido de su madre
Creusa, aún incólume, en Ilión y luego compañero de la fuga paterna,
Julio, al que la gens Julia lo declara autor de su nombre. Este Ascanio,
engendrado donde fuera y de la madre que fuera -se sabe con certeza que
fue engendrado por Eneas-, siendo numerosa la muchedumbre de lavinios,
deja ya esta ciudad floreciente, como estaban entonces las cosas, y
opulenta a su madre o madrastra, él mismo fundó otra nueva a los pies del
monte Albano, la cual, por su situación de ciudad extendida en la loma,
fue llamada Alba Longa. Entre Lavinium y la fundación de su colonia Alba
Longa, mediaron casi treinta años. Sin embargo, el poder creció tanto,
máximamente derrotados los etruscos, que ni siquiera con la muerte de
Eneas, ni después entre la tutela femenina y los primeros años del reinado
del niño, ni Mecencio y los etruscos, ni ningún otro vecino se habían
atrevido a mover las armas. La paz había concluido de modo que para los
etruscos y latinos la frontera era el río Albula, al que ahora llaman
Tíber. |
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Sed debebatur, ut opinor, fatis tantae origo urbis maximique secundum deorum opes imperii principium. Vi compressa Vestalis cum geminum partum edidisset, seu ita rata seu quia deus auctor culpae honestior erat, Martem incertae stirpis patrem nuncupat. Sed nec di nec homines aut ipsam aut stirpem a crudelitate regia uindicant: sacerdos uincta in custodiam datur, pueros in profluentem aquam mitti iubet. Forte quadam diuinitus super ripas Tiberis effusus lenibus stagnis nec adiri usquam ad iusti cursum poterat amnis et posse quamuis languida mergi aqua infantes spem ferentibus dabat. Ita uelut defuncti regis imperio in proxima alluuie ubi nunc ficus Ruminalis est -Romularem uocatam ferunt- pueros exponunt. Vastae tum in his locis solitudines erant. Tenet fama cum fluitantem alueum, quo expositi erant pueri, tenuis in sicco aqua destituisset, lupam sitientem ex montibus qui circa sunt ad puerilem uagitum cursum flexisse; eam submissas infantibus adeo mitem praebuisse mammas ut lingua lambentem pueros magister regii pecoris inuenerit -Faustulo fuisse nomen ferunt- ab eo ad stabula Larentiae uxori educandos datos. Sunt qui Larentiam uolgato corpore lupam inter pastores uocatam putent; inde locum fabulae ac miraculo datum. Ita geniti itaque educati, cum primum adoleuit aetas, nec in stabulis nec ad pecora segnes uenando peragrare saltus. Hinc robore corporibus animisque sumpto iam non feras tantum subsistere sed in latrones praeda onustos impetus facere pastoribusque rapta diuidere et cum his crescente in dies grege iuuenum seria ac iocos celebrare. |
CAPÍTULO IV Pero, según mi opinión, se debe a los Hados el nacimiento de una ciudad tan grande y el inicio del mayor imperio, después del poder de los dioses. La Vestal, fecundada por la fuerza, como diera a luz dos gemelos, o creído así, o porque un dios era autor del delito más digno de estima, se designa a Marte padre de esta dudosa estirpe. Pero ni los dioses ni los hombres libran o a esta o a su estirpe de la crueldad real: la sacerdotisa es encarcelada, encadenada, manda que los niños sean arrojados al río. Por cierta casualidad procedente de los dioses, el Tíber, vaciándose a las orillas en apacibles aguas estancadas y no se podía llegar al curso normal del río en ninguna parte y daba a los que los llevaban la esperanza de que los niños pudieran ahogarse aun en estas aguas sin energía. Liberándose así a la vez de la orden del rey, arrojan a los niños en el desbordamiento más cercano, donde ahora está la higuera Ruminal -se dice que es llamada de Rómulo-. En estos lugares había entonces vastas soledades. Corre el rumor de que, como la escasa agua había dejado en seco la barquilla flotante, en la que habían sido colocados los niños, una loba sedienta cambió su camino de los montes que estaban alrededor hacia el llanto infantil; que esta, amansada hasta tal punto, les ofrece a los niños las mamas bajas, de modo que el pastor del ganado real, -se dice que se llamaba Faústulo-, la encontró lamiendo con la lengua a los niños, llevados por este a su casa para ser educados por su esposa Larencia. Hay quienes piensan que Larencia, por ser prostituta, era llamada “loba” entre los pastores: de aquí se da lugar a la fábula y al milagro. Así engendrados y así educados, tan pronto como la edad avanzó, ni inactivos en las casas ni junto al ganado, recorrían los bosques cazando. Que alcanzada aquí fortaleza en los cuerpos y las almas, no ya tanto hacían frente a las fieras, sino que atacaban a los ladrones cargados de botín y dividían sus robos con los pastores, y, creciendo la reunión de jóvenes de día en día, celebraban con estos cosas serias y bromas. |
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Iam tum in Palatio monte Lupercal hoc fuisse ludicrum ferunt, et a Pallanteo, urbe Arcadica, Pallantium, dein Palatium montem appellatum; ibi Euandrum, qui ex eo genere Arcadum multis ante tempestatibus tenuerit loca, sollemne allatum ex Arcadia instituisse ut nudi iuuenes Lycaeum Pana uenerantes per lusum atque lasciuiam currerent, quem Romani deinde uocarunt Inuum. Huic deditis ludicro cum sollemne notum esset insidiatos ob iram praedae amissae latrones, cum Romulus ui se defendisset, Remum cepisse, captum regi Amulio tradidisse, ultro accusantes. Crimini maxime dabant in Numitoris agros ab iis impetum fieri; inde eos collecta iuuenum manu hostilem in modum praedas agere. Sic Numitori ad supplicium Remus deditur. Iam inde ab initio Faustulo spes fuerat regiam stirpem apud se educari; nam et expositos iussu regis infantes sciebat et tempus quo ipse eos sustulisset ad id ipsum congruere; sed rem immaturam nisi aut per occasionem aut per necessitatem aperiri noluerat. Necessitas prior uenit: ita metu subactus Romulo rem aperit. Forte et Numitori cum in custodia Remum haberet audissetque geminos esse fratres, comparando et aetatem eorum et ipsam minime seruilem indolem, tetigerat animum memoria nepotum; sciscitandoque eodem peruenit ut haud procul esset quin Remum agnosceret. Ita undique regi dolus nectitur. Romulus non cum globo iuuenum -nec enim erat ad uim apertam par- sed aliis alio itinere iussis certo tempore ad regiam uenire pastoribus ad regem impetum facit; et a domo Numitoris alia comparata manu adiuuat Remus. Ita regem obtruncat. |
CAPÍTULO V Se dice que ya entonces esta fiesta Lupercal tenía lugar en el monte Palatino, y que el monte, a partir de Palantea, ciudad arcaica, se llamó Palancio, y luego Palatino; que allí Evandro, quien desde esta generación de arcadios se había apoderado del lugar hace mucho tiempo, instituyó la fiesta traída de la Arcadia, a saber, que jóvenes desnudos corrieran por diversión y entretenimiento en honor de Pan Liceo, al que los romanos después llamaron Inuum. Que entregados a esta fiesta, como se conociera la fiesta, los ladrones les tendían emboscadas a causa de la ira producida por la pérdida del botín, como Rómulo se defendiera por la fuerza, cogieron a Remo, lo entregaron preso al rey Amulio, además acusándolo. Y los acusaban, sobre todo, de que la incursión fuera hecha por ellos contra los campos de Numitor. Después, que ellos se dedicaban a la recolecta del botín con un grupo de jóvenes de modo hostil. Así Remo es entregado a Numitor para su castigo. Desde el principio, Faústulo tenía la esperanza de que en su casa se hubiera educado una descendencia real; pues sabía no sólo que unos infantes habían sido abandonados por orden del rey, sino también que el tiempo en el que él los había recogido coincidía con aquel mismo; pero no quería que el asunto se descubriera prematuramente a no ser por las circunstancias o por la necesidad. La necesidad llegó antes: obligado así por el miedo, reveló el asunto a Rómulo. También a Numitor, por casualidad, como tuviera a Remo en prisión y hubiera oído que eran hermanos gemelos, comparando no sólo la edad de estos, sino también su carácter nada servil, conmovió su espíritu el recuerdo de los nietos; y, finalmente, al investigar esto mismo, llegó a no estar lejos de reconocer a Remo. Por todas partes se trama una conspiración contra el rey. Rómulo no con una multitud de jóvenes -en efecto, no era par para un ataque abierto- sino ordenándoseles a los pastores venir cada uno por un camino a la mansión real a cierto tiempo, ataca al rey; y desde la casa de Numitor, Remo les ayuda, preparado otro grupo. Así mata al rey. |
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Numitor
inter primum tumultum, hostes inuasisse urbem atque adortos regiam
dictitans, cum pubem Albanam in arcem praesidio armisque obtinendam
auocasset, postquam iuuenes perpetrata caede pergere ad se gratulantes
uidit, extemplo aduocato concilio scelera in se fratris originem nepotum,
ut geniti, ut educati, ut cogniti essent, caedem deinceps tyranni seque
eius auctorem ostendit. Iuuenes per mediam contionem agmine ingressi cum
auum regem salutassent, secuta ex omni multitudine consentiens uox ratum
nomen imperiumque regi efficit.
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CAPÍTULO VI Numitor,
en medio del primer revuelo, diciendo que los enemigos habían invadido la
ciudad y atacado la fortaleza real, habiendo llamado a la juventud albana
para que ocupase la ciudadela con armas y tropa, después que vio que,
consumada la matanza, los jóvenes corrían hacia él felicitándose, reunido
el consejo inmediatamente, anunció los crímenes de su hermano contra él,
el origen de sus nietos, cómo nacieron, cómo fueron educados, cómo fueron
reconocidos y sin interrupción la matanza del tirano y que él era el autor
de esta. Como los jóvenes, introducidos con una multitud por medio de la
asamblea, saludaron a su abuelo como rey, una voz unánime de toda la
muchedumbre siguiéndolo, ratifica el nombre y la autoridad para el rey.
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CAPÍTULO VII
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CAPÍTULO VIII
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CAPÍTULO IX
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Iam admodum mitigati animi raptis erant; at raptarum parentes tum maxime sordida ueste lacrimisque et querellis ciuitates concitabant. Nec domi tantum indignationes continebant sed congregabantur undique ad T. Tatium regem Sabinorum, et legationes eo quod maximum Tati nomen in iis regionibus erat conueniebant. Caeninenses Crustuminique et Antemnates erant ad quos eius iniuriae pars pertinebat. Lente agere his Tatius Sabinique uisi sunt: ipsi inter se tres populi communiter bellum parant. Ne Crustumini quidem atque Antemnates pro ardore iraque Caeninensium satis se impigre mouent; ita per se ipsum nomen Caeninum in agrum Romanum impetum facit. Sed effuse uastantibus fit obuius cum exercitu Romulus leuique certamine docet uanam sine uiribus iram esse. Exercitum fundit fugatque, fusum persequitur: regem in proelio obtruncat et spoliat: duce hostium occiso urbem primo impetu capit. Inde exercitu uictore reducto, ipse cum factis uir magnificus tum factorum ostentator haud minor, spolia ducis hostium caesi suspensa fabricato ad id apte ferculo gerens in Capitolium ascendit; ibique ea cum ad quercum pastoribus sacram deposuisset, simul cum dono designauit templo Iouis fines cognomenque addidit deo: "Iuppiter Feretri" inquit, "haec tibi uictor Romulus rex regia arma fero, templumque his regionibus quas modo animo metatus sum dedico, sedem opimis spoliis quae regibus ducibusque hostium caesis me auctorem sequentes posteri ferent." Haec templi est origo quod primum omnium Romae sacratum est. Ita deinde dis uisum nec inritam conditoris templi uocem esse qua laturos eo spolia posteros nuncupauit nec multitudine compotum eius doni uolgari laudem. Bina postea, inter tot annos, tot bella, opima parta sunt spolia: adeo rara eius fortuna decoris fuit. |
CAPÍTULO X Las raptadas ya tenían los ánimos mitigados del todo; pero los padres de las raptadas máximamente entonces sublevaban a las ciudades con vestidura oscura y con lágrimas y con lamentos. Y no sólo no contenían su indignación en casa, sino que de todas partes se reunían junto a Tito Tacio, rey de los sabinos, y allí concurrían las embajadas porque el renombre de Tacio era el mayor en estas regiones. Los ceninenses, crustuminos y antemnates eran a los que se extendía parte de esta injuria. Les pareció que Tacio y los sabinos actuaban lentamente: estos mismos tres pueblos preparan entre sí en común una guerra. Ni siquiera los crustuminos y los antemnates se movían con la suficiente rapidez en comparación con el ardor y la ira de los ceninenses. Así el propio pueblo de Cenino por sí mismo hizo un ataque contra el campo romano. Pero a los que devastaban sin orden, Rómulo les sale al encuentro con su ejército y les demuestra con una leve lucha que la ira sin fuerzas es vana. Dispersa y pone en fuga al ejército, dispersado lo persigue: mata al rey en la batalla y lo despoja: muerto el jefe de los enemigos, tomó la ciudad al primer ataque. Luego, retirado el ejército victorioso, él mismo, hombre magnífico no sólo por sus hazañas, sino también no menos ostentador de sus hazañas, llevando los despojos del jefe muerto de los enemigos apoyados en un carro fabricado a propósito para esto, sube al Capitolio; y allí como los depositara junto a una encina sagrada para los pastores, a la vez con esta ofrenda designó los límites para el templo de Júpiter y añadió al dios este nombre: “Júpiter Feretrio,” dijo, “Yo, Rómulo, rey vencedor, te ofrezco estas armas reales y te dedico un templo con estos límites que hace un momento he fijado en mi mente, lugar para ópimos despojos que, muertos los jefes y reyes de los enemigos, mis sucesores te ofrecerán siguiéndome a mí como autor”. Este es el origen del templo que es el primero de todos los consagrados en Roma. Así, después, les pareció bien a los dioses que ni fuera vana la palabra del fundador del templo por la que anunció que sus sucesores llevarían allí despojos ni el honor de este don se vulgarizara con una multitud de los que lo alcanzaban. Después, dos veces, entre tantos años, entre tantas guerras, se llevaron ópimos despojos: tan rara fue la suerte de este honor. |
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CAPÍTULO XI
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Tenuere
tamen arcem Sabini; atque inde postero die, cum Romanus exercitus
instructus quod inter Palatinum Capitolinumque collem campi est
complesset, non prius descenderunt in aequum quam ira et cupiditate
reciperandae arcis stimulante animos in aduersum Romani subiere. Principes
utrimque pugnam ciebant ab Sabinis Mettius Curtius, ab Romanis Hostius
Hostilius. Hic rem Romanam iniquo loco ad prima signa animo atque audacia
sustinebat. Vt Hostius cecidit, confestim Romana inclinatur acies fusaque
est. Ad ueterem portam Palati Romulus et ipse turba fugientium actus, arma
ad caelum tollens, "Iuppiter, tuis" inquit "iussus auibus hic in Palatio
prima urbi fundamenta ieci. Arcem iam scelere emptam Sabini habent; inde
huc armati superata media ualle tendunt; at tu, pater deum hominumque,
hinc saltem arce hostes; deme terrorem Romanis fugamque foedam siste. Hic
ego tibi templum Statori Ioui, quod monumentum sit posteris tua praesenti
ope seruatam urbem esse, uoueo." Haec precatus, ueluti sensisset auditas
preces, "Hinc" inquit, "Romani, Iuppiter optimus maximus resistere atque
iterare pugnam iubet." Restitere Romani tamquam caelesti uoce iussi: ipse
ad primores Romulus prouolat. Mettius Curtius ab Sabinis princeps ab arce
decucurrerat et effusos egerat Romanos toto quantum foro spatium est. Nec
procul iam a porta Palati erat, clamitans: "Vicimus perfidos hospites,
imbelles hostes; iam sciunt longe aliud esse uirgines rapere, aliud
pugnare cum uiris." In eum haec gloriantem cum globo ferocissimorum
iuuenum Romulus impetum facit. Ex equo tum forte Mettius pugnabat; eo
pelli facilius fuit. |
CAPÍTULO XII
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CAPÍTULO XIII
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CAPÍTULO XIV
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Belli
Fidenatis contagione inritati Veientium animi et consanguinitate -nam
Fidenates quoque Etrusci fuerunt- et quod ipsa propinquitas loci, si
Romana arma omnibus infesta finitimis essent, stimulabat. In fines Romanos
excucurrerunt populabundi magis quam iusti more belli. Itaque non castris
positis, non exspectato hostium exercitu, raptam ex agris praedam
portantes Veios rediere. Romanus contra postquam hostem in agris non
inuenit, dimicationi ultimae instructus intentusque Tiberim transit. Quem
postquam castra ponere et ad urbem accessurum Veientes audiuere, obuiam
egressi ut potius acie decernerent quam inclusi de tectis moenibusque
dimicarent. Ibi uiribus nulla arte adiutis, tantum ueterani robore
exercitus rex Romanus uicit; persecutusque fusos ad moenia hostes, urbe
ualida muris ac situ ipso munita abstinuit, agros rediens uastat,
ulciscendi magis quam praedae studio; eaque clade haud minus quam aduersa
pugna subacti Veientes pacem petitum oratores Romam mittunt. Agri parte
multatis in centum annos indutiae datae.
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CAPÍTULO XV
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His immortalibus editis operibus cum ad exercitum recensendum contionem in campo ad Capuae paludem haberet, subito coorta tempestas cum magno fragore tonitribusque tam denso regem operuit nimbo ut conspectum eius contioni abstulerit; nec deinde in terris Romulus fuit. Romana pubes sedato tandem pauore postquam ex tam turbido die serena et tranquilla lux rediit, ubi uacuam sedem regiam uidit, etsi satis credebat patribus qui proximi steterant sublimem raptum procella, tamen uelut orbitatis metu icta maestum aliquamdiu silentium obtinuit. Deinde a paucis initio facto, deum deo natum, regem parentemque urbis Romanae saluere uniuersi Romulum iubent; pacem precibus exposcunt, uti uolens propitius suam semper sospitet progeniem. Fuisse credo tum quoque aliquos qui discerptum regem patrum manibus taciti arguerent; manauit enim haec quoque sed perobscura fama; illam alteram admiratio uiri et pauor praesens nobilitauit. Et consilio etiam unius hominis addita rei dicitur fides. Namque Proculus Iulius, sollicita ciuitate desiderio regis et infensa patribus, grauis, ut traditur, quamuis magnae rei auctor in contionem prodit. "Romulus" inquit, "Quirites, parens urbis huius, prima hodierna luce caelo repente delapsus se mihi obuium dedit. Cum perfusus horrore uenerabundusque adstitissem petens precibus ut contra intueri fas esset, "Abi, nuntia" inquit ""Romanis, caelestes ita uelle ut mea Roma caput orbis terrarum sit; proinde rem militarem colant sciantque et ita posteris tradant nullas opes humanas armis Romanis resistere posse." "Haec" inquit "locutus sublimis abiit." Mirum quantum illi uiro nuntianti haec fides fuerit, quamque desiderium Romuli apud plebem exercitumque facta fide immortalitatis lenitum sit. |
CAPÍTULO XVI
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Patrum interim animos certamen regni ac cupido uersabat; necdum ad singulos, quia nemo magnopere eminebat in nouo populo, peruenerat: factionibus inter ordines certabatur. Oriundi ab Sabinis, ne quia post Tati mortem ab sua parte non erat regnatum, in societate aequa possessionem imperii amitterent, sui corporis creari regem uolebant: Romani ueteres peregrinum regem aspernabantur. In uariis uoluntatibus regnari tamen omnes uolebant, libertatis dulcedine nondum experta. Timor deinde patres incessit ne ciuitatem sine imperio, exercitum sine duce, multarum circa ciuitatium inritatis animis, uis aliqua externa adoriretur. Et esse igitur aliquod caput placebat, et nemo alteri concedere in animum inducebat. Ita rem inter se centum patres, decem decuriis factis singulisque in singulas decurias creatis qui summae rerum praeessent consociant. Decem imperitabant: unus cum insignibus imperii et lictoribus erat: quinque dierum spatio finiebatur imperium ac per omnes in orbem ibat, annuumque interuallum regni fuit. Id ab re quod nunc quoque tenet nomen interregnum appellatum. Fremere deinde plebs multiplicatam seruitutem, centum pro uno dominos factos; nec ultra nisi regem et ab ipsis creatum uidebantur passuri. Cum sensissent ea moueri patres, offerendum ultro rati quod amissuri erant, ita gratiam ineunt summa potestate populo permissa ut non plus darent iuris quam detinerent. Decreuerunt enim ut cum populus regem iussisset, id sic ratum esset si patres auctores fierent. Hodie quoque in legibus magistratibusque rogandis usurpatur idem ius, ui adempta: priusquam populus suffragium ineat, in incertum comitiorum euentum patres auctores fiunt. Tum interrex contione aduocata, "Quod bonum, faustum felixque sit" inquit, "Quirites, regem create: ita patribus uisum est. Patres deinde, si dignum qui secundus ab Romulo numeretur crearitis, auctores fient." Adeo id gratum plebi fuit ut, ne uicti beneficio uiderentur, id modo sciscerent iuberentque ut senatus decerneret qui Romae regnaret. |
CAPÍTULO XVII Entretanto, la lucha y el deseo de reino perturbaba los ánimos de los senadores; no había llegado todavía a ninguno en particular, porque en el nuevo pueblo no sobresalía ninguno con gran fuerza: se disputaba entre los órdenes en cada partido. Los procedentes de los sabinos querían que fuera elegido un rey de su comunidad para que en una sociedad igualitaria no perdieran la posesión del imperio, puesto que después de la muerte de Tacio no se había reinado de su parte: los romanos antiguos rechazaban un rey extranjero. Con distintas opiniones, sin embargo, todos querían ser regidos, no experimentada todavía la dulzura de la libertad. Luego dominó a los senadores el temor de que, irritados los ánimos de muchas ciudades de alrededor, alguna fuerza extraña atacara a una ciudad sin imperio, a un ejército sin jefe. Y, así pues, agradaba que hubiera algún jefe y ninguno de los dos se decidía a ceder. Así los cien senadores comparten el mando entre sí, hechas diez decurias y nombrados cada uno en cada decuria, para que estuvieran al frente de las cosas importantes del estado. Mandaban los diez: había uno solo son las insignias de poder y los lictores: en el espacio de cinco días terminaba su poder y en rotación iba por todos y un año fue el intervalo del reinado. A partir de este asunto, esto que también ahora tiene ese nombre fue llamado “interregno”. Luego el pueblo se queja de que su servidumbre ha sido multiplicada, que se han hecho cien amos en lugar de uno; y en adelante parecían no ir a soportar sino un rey y elegido por ellos. Como los senadores se dieran cuenta de que este asunto se movía, pensando abandonar libremente aquello de lo que iban a ser despojados, calculan la concesión, confiado el sumo poder al pueblo, de modo que no dieran más derechos que los que retenían. En efecto, decretaron que cuando el pueblo romano hubiera elegido rey esto sería así válido si los senadores se hacían responsables. También hoy en las elecciones de leyes y magistrados es usurpado este mismo derecho, quitada su fuerza: antes de que el pueblo votara, los senadores se hacen responsables para un resultado incierto de los comicios. Entonces el interrey, convocada la asamblea, dijo: “Quirites, elegid a un rey para que esto sea bueno, feliz y dichoso: así pareció a los senadores. Luego, los senadores, si elegís a alguien digno de que sea considerado sucesor de Rómulo, lo ratificarán.” Tan grato fue esto para la plebe que, para que no parecieran ser vencidos en generosidad, resolvieron esto así y ordenaron que el senado decretara quién debía reinar en Roma. |
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Inclita
iustitia religioque ea tempestate Numae Pompili erat. Curibus Sabinis
habitabat, consultissimus uir, ut in illa quisquam esse aetate poterat,
omnis diuini atque humani iuris. Auctorem doctrinae eius, quia non exstat
alius, falso Samium Pythagoram edunt, quem Seruio Tullio regnante Romae
centum amplius post annos in ultima Italiae ora circa Metapontum
Heracleamque et Crotona iuuenum aemulantium studia coetus habuisse
constat. Ex quibus locis, etsi eiusdem aetatis fuisset, quae fama in
Sabinos? Aut quo linguae commercio quemquam ad cupiditatem discendi
exciuisset? Quoue praesidio unus per tot gentes dissonas sermone
moribusque peruenisset? Suopte igitur ingenio temperatum animum uirtutibus
fuisse opinor magis instructumque non tam peregrinis artibus quam
disciplina tetrica ac tristi ueterum Sabinorum, quo genere nullum quondam
incorruptius fuit. Audito nomine Numae patres Romani, quamquam inclinari
opes ad Sabinos rege inde sumpto uidebantur, tamen neque se quisquam nec
factionis suae alium nec denique patrum aut ciuium quemquam praeferre illi
uiro ausi, ad unum omnes Numae Pompilio regnum deferendum decernunt.
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CAPÍTULO XVIII En aquel tiempo, eran ilustres la justicia y religión de Numa Pompilio. Vivía en Cures con los sabinos, hombre muy entendido, como alguien podía ser en aquel tiempo, de todo el derecho divino y humano. Citan como autor del conocimiento de este, porque no existía otro, falsamente a Pitágoras de Samos, el cual se sabe que, reinando Servio Tulio en Roma, después de más de cien años, en la última región de Italia, cerca de Metaponto, de Heraclea y de Crotona, tenía reuniones de jóvenes que seguían sus estudios. Desde estos lugares, aunque fuera de esta misma época, ¿qué fama llegó a los sabinos? ¿con qué posibilidad de conversar en una lengua había excitado a alguno el deseo de ser discípulo suyo? o ¿con qué protección uno solo había penetrado a través de tantos pueblos diferentes en lengua y costumbres? Así pues, mejor creo que había en su propia naturaleza un espíritu bien dispuesto a las virtudes y que fue instruido no tanto en las artes extranjeras como en la severa y austera disciplina de los antiguos sabinos, raza en la que no hubo nunca nadie más íntegro. Oído el nombre de Numa, los senadores romanos, aunque el poder parecía inclinarse hacia los sabinos, elegido un rey de entre ellos, sin embargo, no atreviéndose ninguno a anteponer a aquel hombre ni a él ni a otro de su partido ni, finalmente, a cualquiera de los senadores o de los ciudadanos, todos por unanimidad decretan que el reino ha de ser entregado a Numa Pompilio. Mandado llamar, como Rómulo obtuvo el reino, fundada la ciudad, después de consultar los auspicios, también mandó consultar a los dioses acerca de sí mismo. Luego, conducido a la fortaleza por un augur, que luego tuvo a causa de este honor un sacerdocio público y perpetuo, se sentó en una piedra vuelto hacia el mediodía. El augur tomó asiento a la izquierda de este, tapada la cabeza, teniendo en la mano derecha un bastón curvado sin nudo, al que llamaron “lituus”. Luego, cuando echada la vista hacia la ciudad y el campo, invocando a los dioses, limitó las regiones desde oriente hasta occidente, dijo que las partes derechas estaban hacia el mediodía, que las izquierdas hacia el norte; fijó en su ánimo una señal enfrente de él y tan lejos como le llevaba la mirada de sus ojos; trasladado entonces el cayado a la mano izquierda, puesta la derecha sobre la cabeza de Numa, oró así: “Padre Júpiter, si es voluntad divina que este Numa Pompilio, cuya cabeza yo tengo, sea rey de Roma, ojalá nos dieras señales claras entre estos límites que hice.” Entonces anunció con palabras los auspicios que quería que fueran enviados. Enviados estos, Numa, declarado rey, bajó del templo. |
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Qui regno ita potitus urbem nouam conditam ui et armis, iure eam legibusque ac moribus de integro condere parat. Quibus cum inter bella adsuescere uideret non posse -quippe efferari militia animos-, mitigandum ferocem populum armorum desuetudine ratus, Ianum ad infimum Argiletum indicem pacis bellique fecit, apertus ut in armis esse ciuitatem, clausus pacatos circa omnes populos significaret. Bis deinde post Numae regnum clausus fuit, semel T. Manlio consule post Punicum primum perfectum bellum, iterum, quod nostrae aetati di dederunt ut uideremus, post bellum Actiacum ab imperatore Caesare Augusto pace terra marique parta. Clauso eo cum omnium circa finitimorum societate ac foederibus iunxisset animos, positis externorum periculorum curis, ne luxuriarent otio animi quos metus hostium disciplinaque militaris continuerat, omnium primum, rem ad multitudinem imperitam et illis saeculis rudem efficacissimam, deorum metum iniciendum ratus est. Qui cum descendere ad animos sine aliquo commento miraculi non posset, simulat sibi cum dea Egeria congressus nocturnos esse; eius se monitu quae acceptissima dis essent sacra instituere, sacerdotes suos cuique deorum praeficere. Atque omnium primum ad cursus lunae in duodecim menses discribit annum; quem quia tricenos dies singulis mensibus luna non explet desuntque sex dies solido anno qui solstitiali circumagitur orbe, intercalariis mensibus interponendis ita dispensauit, ut uicesimo anno ad metam eandem solis unde orsi essent, plenis omnium annorum spatiis dies congruerent. Idem nefastos dies fastosque fecit quia aliquando nihil cum populo agi utile futurum erat. |
CAPÍTULO XIX Este, dueño así del reino, a la nueva ciudad fundada con la violencia y las armas, decide fundarla de nuevo con las leyes y las costumbres. Como viera que no podían acostumbrarse a estas entre las guerras -porque la milicia enfurecía los ánimos- pensando que el feroz pueblo se calmaría con el desuso de las armas, al pie del Argileto hizo a Jano un templo indicador de la paz y de la guerra de modo que abierto significara que la ciudad estaba en guerra, cerrado que estaban en paz con todos los pueblos de alrededor. Luego, después del reinado de Numa, estuvo cerrado dos veces, la primera vez siendo T. Manlio cónsul después de acabada la primera guerra púnica, la segunda, que los dioses dieron a nuestras generación para que la viéramos, después de la batalla de Accio por el emperador César Augusto, conseguida la paz por tierra y por mar. Cerrado este, como hubiera unido los ánimos de todos los vecinos de alrededor con una alianza y un pacto, calmadas las preocupaciones de peligros externos, para que no se ablandasen con el ocio los ánimos a los que el miedo de los enemigos y la disciplina militar había contenido, pensó que el miedo a los dioses debía ser suscitado lo primero de todo, cosa muy eficaz para una multitud ignorante y ruda en aquellos siglos. Como este no podía llegar a los ánimos sin alguna invención de un milagro, simula que tenía entrevistas nocturnas con la diosa Egeria; que él, aconsejado por ella, establecía las ceremonias religiosas que podían ser más agradables a los dioses y que nombra a sus sacerdotes para cada uno de los dioses. Y lo primero de todo dividió el año en doce meses según el curso de la luna; este, porque la luna no completa treinta días en cada mes y faltaban días al año solar que hace su revolución en el orbe solsticial, interponiendo meses intercalados lo repartió de modo que en el vigésimo año hasta el mismo punto del sol salieran de allí y los días se ajustaron a los espacios completos de todos los años. Él mismo hizo los días fastos y nefastos, porque de vez en cuando habría de ser útil que no se tratara nada con el pueblo. |
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Tum sacerdotibus creandis animum adiecit, quamquam ipse plurima sacra obibat, ea maxime quae nunc ad Dialem flaminem pertinent. Sed quia in ciuitate bellicosa plures Romuli quam Numae similes reges putabat fore iturosque ipsos ad bella, ne sacra regiae uicis desererentur flaminem Ioui adsiduum sacerdotem creauit insignique eum ueste et curuli regia sella adornauit. Huic duos flamines adiecit, Marti unum, alterum Quirino, uirginesque Vestae legit, Alba oriundum sacerdotium et genti conditoris haud alienum. His ut adsiduae templi antistites essent stipendium de publico statuit; uirginitate aliisque caerimoniis uenerabiles ac sanctas fecit. Salios item duodecim Marti Gradiuo legit, tunicaeque pictae insigne dedit et super tunicam aeneum pectori tegumen; caelestiaque arma, quae ancilia appellantur, ferre ac per urbem ire canentes carmina cum tripudiis sollemnique saltatu iussit. Pontificem deinde Numam Marcium Marci filium ex patribus legit eique sacra omnia exscripta exsignataque attribuit, quibus hostiis, quibus diebus, ad quae templa sacra fierent, atque unde in eos sumptus pecunia erogaretur. Cetera quoque omnia publica priuataque sacra pontificis scitis subiecit, ut esset quo consultum plebes ueniret, ne quid diuini iuris neglegendo patrios ritus peregrinosque adsciscendo turbaretur; nec caelestes modo caerimonias, sed iusta quoque funebria placandosque manes ut idem pontifex edoceret, quaeque prodigia fulminibus alIoue quo uisu missa susciperentur atque curarentur. Ad ea elicienda ex mentibus diuinis Ioui Elicio aram in Auentino dicauit deumque consuluit auguriis, quae suscipienda essent. |
CAPÍTULO XX Entonces volvió su pensamiento a nombrar sacerdotes, aunque él mismo ejercía la mayor parte de las funciones sagradas, especialmente, estas que ahora desempeña el flamen Dial. Pero porque pensaba que en esta ciudad belicosa habría más reyes semejantes a Rómulo que a Numa y que ellos mismos irían a la guerra, para que las funciones sacerdotales del oficio real no fueran abandonadas, nombró al flamen de Júpiter sacerdote perpetuo y adornó a este con un insigne vestido y con la regia silla curul. A este le añadió dos flámines, uno para Marte, otro para Quirino y eligió vírgenes para Vesta, sacerdocio procedente de Alba y no ajeno al linaje del fundador. A estas, para que las sacerdotisas del templo fueran permanentes, les asignó una renta del tesoro público; con la virginidad y otros ritos religiosos, las hizo venerables y sagradas. Asimismo, eligió doce sacerdotes Salios para Marte Gradivo, les dio el distintivo de una túnica bordada y sobre la túnica una coraza de bronce para el pecho; y les mandó llevar las armas sagradas, que son llamadas “ancilia”, e ir por la ciudad entonando himnos con danzas y movimiento solemne. Luego nombró pontífice a Numa Marcio, hijo de Marcio, de los senadores y le encargó todas las funciones sagradas copiadas y anotadas, con qué víctimas, en qué días y en qué templos se hicieran los sacrificios y de dónde se sacara el dinero para estos gastos. Sometió también todos los demás sacrificios públicos y privados a las resoluciones pontífice, para que hubiera a quien la plebe fuera a consultar para que nada del derecho divino se alterase descuidando los ritos patrios y adoptando los extranjeros; y para que este mismo pontífice instruyera no sólo las ceremonias celestiales, sino también las honras fúnebres normales y a aplacar a los dioses manes, cualquier presagio enviado por los rayos o cualquier otro fenómeno le fue encargado y tomado a su cargo. Para hacer salir estas cosas de las mentes divinas dedicó un altar a Júpiter Elicio en el Aventino y consultó al dios mediante los augures qué cosas debían ser aceptadas. |
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Ad haec consultanda procurandaque multitudine omni a ui et armis conuersa, et animi aliquid agendo occupati erant, et deorum adsidua insidens cura, cum interesse rebus humanis caeleste numen uideretur, ea pietate omnium pectora imbuerat ut fides ac ius iurandum [proximo] legum ac poenarum metu ciuitatem regerent. Et cum ipsi se homines in regis uelut unici exempli mores formarent, tum finitimi etiam populi, qui antea castra non urbem positam in medio ad sollicitandam omnium pacem crediderant, in eam uerecundiam adducti sunt, ut ciuitatem totam in cultum uersam deorum uiolari ducerent nefas.
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CAPÍTULO XXI Vuelta toda la multitud desde la violencia y las armas a consultar y preocuparse de estas cosas, no sólo los ánimos estaban ocupados haciendo algo, sino que también, ocupándose en los continuos cuidados de los dioses, como la voluntad divina pareciera intervenir en los asuntos humanos, había llenado los corazones de todos con esta piedad, de tal modo que la confianza y el respeto al juramento, muy cerca del miedo a las leyes y castigos, gobernaban la ciudad. Y como estos mismos hombres se acomodaron a las costumbres del rey como único ejemplo, entonces también los pueblos vecinos que antes la consideraban un campamento, no una ciudad, colocada en medio para turbar la paz de todos, fueron conducidos a este respeto, de modo que consideraban un sacrilegio que una ciudad entera dedicada al culto de los dioses fuera violada. Había un bosque al que una fuente perenne regaba su centro con agua desde una gruta oscura. Porque allí se retiraba Numa muy a menudo sin testigos como para reunirse con la diosa, consagró aquel lugar a las Musas, porque allí se daban las reuniones de estas con su esposa Egeria, y fundó una fiesta solemne para la Fe. Ordenó que los flámines fueran traídos a este santuario en un carro cubierto tirado por caballos y que hicieran el sacrificio con la mano envuelta hasta los dedos, significando que la fe debía ser protegida y que su asiento también en la mano derecha era sagrado. Dedicó otros muchos sacrificios y los lugares para hacer ceremonias sagradas a las que los sacerdotes llaman “Argeos”. Sin embargo, la más importante de todas sus obras fue la conservación, durante todo el tiempo de su reinado, no menos de la paz que de su reino. Así, dos reyes, sucesivamente, cada uno por un camino, aquel por la guerra, este con la paz, engrandecieron la ciudad. Rómulo reino treinta y siete años, Numa cuarenta y tres. La ciudad era no sólo fuerte, sino también poderosa por las artes tanto de la guerra como de la paz. |
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Numae morte ad interregnum res rediit. Inde Tullum Hostilium, nepotem Hostili, cuius in infima arce clara pugna aduersus Sabinos fuerat, regem populus iussit; patres auctores acti. Hic non solum proximo regi dissimilis sed ferocior etiam quam Romulus fuit. Cum aetas uiresque tum auita quoque gloria animum stimulabat. Senescere igitur ciuitatem otio ratus undique materiam excitandi belli quaerebat. Forte euenit ut agrestes Romani ex Albano agro, Albani ex Romano praedas in uicem agerent. Imperitabat tum Gaius Cluilius Albae. Vtrimque legati fere sub idem tempus ad res repetendas missi. Tullus praeceperat suis ne quid prius quam mandata agerent; satis sciebat negaturum Albanum; ita pie bellum indici posse. Ab Albanis socordius res acta; excepti hospitio ab Tullo blande ac benigne, comiter regis conuiuium celebrant. Tantisper Romani et res repetiuerant priores et neganti Albano bellum in tricesimum diem indixerant. Haec renuntiant Tullo. Tum legatis Tullus dicendi potestatem quid petentes uenerint facit. Illi omnium ignari primum purgando terunt tempus: se inuitos quicquam quod minus placeat Tullo dicturos, sed imperio subigi; res repetitum se uenisse; ni reddantur bellum indicere iussos. Ad haec Tullus "Nuntiate" inquit, "regi uestro regem Romanum deos facere testes, uter prius populus res repetentes legatos aspernatus dimiserit, ut in eum omnes expetant huiusce clades belli." |
CAPÍTULO XXII Con la muerte de Numa, el estado volvió al interregno. Luego el pueblo eligió rey a Tulo Hostilio, nieto de Hostilio, cuya lucha contra los sabinos al pie de la fortaleza fue ilustre; los senadores lo ratificaron. Este no sólo fue diferente al rey anterior, sino también más belicoso que Rómulo. No sólo su edad y sus fuerzas sino también la gloria de su abuelo estimulaban su ánimo. Así pues, pensando que la ciudad se debilitaba con el ocio, buscaba por todas partes un motivo de empezar la guerra. Por casualidad sucedió que sucesivamente los labradores romanos se llevaban el botín del campo albano, los albanos del campo romano. Mandaba entonces en Alba Cayo Cluilio. Por ambas partes son enviadas embajadas casi al mismo tiempo para reclamar estas cosas. Tulo había ordenado a los suyos que no hicieran nada antes de lo ordenado; sabía bien que los albanos se iban a negar; que así podía declarar la guerra piadosamente. El asunto fue llevado a cabo por los albanos más lentamente; recibidos en hospitalidad por Tulo amable y cortésmente, celebran alegremente el banquete del rey. Entretanto no sólo habían expuesto primero los romanos el asunto, sino que , negándose los albanos, les declaran la guerra para el trigésimo día. Anuncian estas cosas a Tulo. Entonces, Tulo da a los legados la posibilidad de decir qué habían venido a pedir. Aquellos, ignorantes de todo, gastan tiempo primero justificándose: que ellos, contra su voluntad, tienen que decir algo que no agradará a Tulo, pero que están obligados por el poder; que ellos han venido a reclamar unas cosas; que si no fuesen devueltas se les había ordenado declarar la guerra. A esto contestó Tulo: “anunciad a vuestro rey que el rey romano hace a los dioses testigos de cuál de los dos pueblos que reclaman cosas despidió primero a los legados habiéndolos rechazado, para que todos los desastres de esta guerra recaigan sobre él”. |
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Haec
nuntiant domum Albani. Et bellum utrimque summa ope parabatur, ciuili
simillimum bello, prope inter parentes natosque, Troianam utramque prolem,
cum Lauinium ab Troia, ab Lauinio Alba, ab Albanorum stirpe regum oriundi
Romani essent. Euentus tamen belli minus miserabilem dimicationem fecit,
quod nec acie certatum est et tectis modo dirutis alterius urbis duo
populi in unum confusi sunt. Albani priores ingenti exercitu in agrum
Romanum impetum fecere. Ea res ab statiuis exciuit Mettium. Ducit quam proxime ad hostem potest; inde legatum praemissum nuntiare Tullo iubet priusquam dimicent opus esse conloquio; si secum congressus sit, satis scire ea se allaturum quae nihilo minus ad rem Romanam quam ad Albanam pertineant. Haud aspernatus Tullus, tamen si uana adferantur in aciem educit. Exeunt contra et Albani. Postquam instructi utrimque stabant, cum paucis procerum in medium duces procedunt. Ibi infit Albanus: "Iniurias et non redditas res ex foedere quae repetitae sint, et ego regem nostrum Cluilium causam huiusce esse belli audisse uideor, nec te dubito, Tulle, eadem prae te ferre; sed si uera potius quam dictu speciosa dicenda sunt, cupido imperii duos cognatos uicinosque populos ad arma stimulat. Neque, recte an perperam, interpretor. Fuerit ista eius deliberatio qui bellum suscepit: me Albani gerendo bello ducem creauere. Illud te, Tulle, monitum uelim: Etrusca res quanta circa nos teque maxime sit, quo propior es Volscis hoc magis scis. Multum illi terra, plurimum mari pollent. Memor esto, iam cum signum pugnae dabis, has duas acies spectaculo fore ut fessos confectosque simul uictorem ac uictum adgrediantur. Itaque si nos di amant, quoniam non contenti libertate certa in dubiam imperii seruitiique aleam imus, ineamus aliquam uiam qua utri utris imperent sine magna clade, sine multo sanguine utriusque populi decerni possit." Haud displicet res Tullo quamquam cum indole animi tum spe uictoriae ferocior erat. Quaerentibus utrimque ratio initur cui et fortuna ipsa praebuit materiam. |
CAPÍTULO XXIII Los albanos anuncian estas
cosas a su patria. Y por ambas partes la guerra se preparaba con gran
ardor, muy semejante a una guerra civil, casi entre padres e hijos,
troyana prole ambos, puesto que Lavinium procedía de Troya, Alba de
Lavinium y los romanos procedían de la estirpe de los reyes albanos. Sin
embargo, el resultado de la guerra hizo la lucha menos mísera, porque no
se luchó en la línea de batalla y, destruidas sólo las casas de la otra
ciudad, los dos pueblos se fundieron en uno. Los albanos fueron los
primeros que atacaron el campo romano con un poderoso ejército.
Este asunto hizo salir a Metio de su campamento. Se dirige hacia el enemigo cuanto puede; luego manda que un legado sea enviado a Tulo para anunciar que antes de combatir es necesario un coloquio; que si se entrevistaba con él, sabía bien que él propondría estas cosas que interesan no menos al estado romano que al albano. Tulo, no rechazándolas, sin embargo, por si resultaban vanas, dispuso el ejército en línea de combate. También los albanos salen enfrente. Después que estaban alineados por una y otra parte, con unos pocos de los importantes, los jefes avanzan hasta el centro. Allí comienza el albano: “Injurias y cosas no devueltas aunque sean reclamadas por un tratado, me parece haber oído a nuestro rey Cluilio que es la causa de esta guerra, y no dudo que tú, Tulo, llevas ante ti esto mismo; pero si han de ser dichas palabras verdaderas mejor que especiosas de decir, el deseo de poder estimula a dos pueblos hermanos y vecinos hacia las armas. No opino si bien o mal. Esta fue la decisión de aquél que empezó la guerra: los albanos me nombraron jefe para hacer la guerra. Quisiera advertirte algo, Tulo: tú sabes esto mejor, cuán poderoso es el estado etrusco alrededor de nosotros y, sobre todo, de ti, porque estás más cerca de los volscos. Ellos son muy poderosos por tierra, más poderosos por mar. Recuerda que, tan pronto como des la señal de lucha, estos dos ejércitos les servirán de espectáculo para atacar a la vez a vencedor y vencido agotados y destruidos. Así pues, si los dioses nos aman, puesto que no contentos con una libertad cierta vamos hacia la dudosa suerte del poder y la esclavitud, busquemos algún camino por el que se pueda decidir, sin gran desgracia, sin mucha sangre de cada pueblo, cuál de los dos mandará sobre el otro.” El asunto no desagrada a Tulo, aunque estaba muy envalentonado tanto por el carácter de su espíritu como por la esperanza de la victoria. Buscándose por ambas partes se presentó una solución para esto y la propia fortuna les ofreció un medio. |
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Forte in duobus tum exercitibus erant trigemini fratres, nec aetate nec uiribus dispares. Horatios Curiatiosque fuisse satis constat, nec ferme res antiqua alia est nobilior; tamen in re tam clara nominum error manet, utrius populi Horatii, utrius Curiatii fuerint. Auctores utroque trahunt; plures tamen inuenio qui Romanos Horatios uocent; hos ut sequar inclinat animus. Cum trigeminis agunt reges ut pro sua quisque patria dimicent ferro; ibi imperium fore unde uictoria fuerit. Nihil recusatur; tempus et locus conuenit. Priusquam dimicarent foedus ictum inter Romanos et Albanos est his legibus ut cuiusque populi ciues eo certamine uicissent, is alteri populo cum bona pace imperitaret. Foedera alia aliis legibus, ceterum eodem modo omnia fiunt. Tum ita factum accepimus, nec ullius uetustior foederis memoria est. Fetialis regem Tullum ita rogauit: "Iubesne me, rex, cum patre patrato populi Albani foedus ferire?" Iubente rege, "Sagmina" inquit "te, rex, posco." Rex ait: "Pura tollito." Fetialis ex arce graminis herbam puram attulit. Postea regem ita rogauit: "Rex, facisne me tu regium nuntium populi Romani Quiritium, uasa comitesque meos?" Rex respondit: "Quod sine fraude mea populique Romani Quiritium fiat, facio." Fetialis erat M. Valerius; is patrem patratum Sp. Fusium fecit, uerbena caput capillosque tangens. Pater patratus ad ius iurandum patrandum, id est, sanciendum fit foedus; multisque id uerbis, quae longo effata carmine non operae est referre, peragit. Legibus deinde recitatis, "Audi" inquit, "Iuppiter; audi, pater patrate populi Albani; audi tu, populus Albanus. Vt illa palam prima postrema ex illis tabulis ceraue recitata sunt sine dolo malo, utique ea hic hodie rectissime intellecta sunt, illis legibus populus Romanus prior non deficiet. Si prior defexit publico consilio dolo malo, tum ille Diespiter populum Romanum sic ferito ut ego hunc porcum hic hodie feriam; tantoque magis ferito quanto magis potes pollesque." Id ubi dixit porcum saxo silice percussit. Sua item carmina Albani suumque ius iurandum per suum dictatorem suosque sacerdotes peregerunt. |
CAPÍTULO XXIV Casualmente, había entonces en los dos ejércitos tres hermanos gemelos, no diferentes ni en edad ni en fuerzas. Es bien conocido que eran los Horacios y los Curiacios y casi no hay otro hecho antiguo más conocido; sin embargo, en un asunto tan claro, permanece un error de nombres, de qué pueblo eran los Horacios, de cuál los Curiacios. Los autores citan a uno y otro; sin embargo, encuentro que hay más que llaman Horacios a los romanos; mi ánimo se inclina a seguir a estos. Los reyes encargan a los tres gemelos que cada uno luche con el hierro por su patria; que el poder estaría allí donde estuviera la victoria; nada se rechaza; se establece el tiempo y el lugar. Antes de luchar se hizo un pacto entre los romanos y los albanos con estas condiciones: que aquel, de cuyo pueblo los ciudadanos vencieran en esta lucha, regiría el otro pueblo con moderación. Se hacen otros tratados con otras leyes, por lo demás, todos del mismo modo. Entonces, aceptamos así el hecho y no hay recuerdo más antiguo de ningún otro tratado. El fecial preguntó así al rey Tulo: “¿Me mandas, rey, acabar un tratado con el jefe de los feciales del pueblo albano?” Mandándolo el rey, dijo: “Rey, te pido la hierba sagrada.” El rey dijo: “Toma la hierba pura.” El fecial trajo de la fortaleza una hierba pura del césped. Después preguntó así al rey: “Rey, ¿me haces mensajero real de los ciudadanos del pueblo romano, a mí, a los vasos sagrados y a mis compañeros?” El rey respondió: “Ordeno que se haga sin engaño mío ni de los ciudadanos del pueblo romano.” El fecial era Marco Valerio; este hizo jefe de los feciales a Sp. Fusio, tocando con la hierba su cabeza y sus cabellos. El jefe de los feciales es nombrado para hacer un juramento solemne, esto es, para confirmar el tratado; expuso esto con muchas palabras que no es necesario repetir, dicha una larga fórmula. Luego, leídas las condiciones, dijo: “Escucha, Júpiter; escucha, jefe de los feciales del pueblo romano; escucha tú, pueblo albano. Como aquellas han sido leídas abiertamente en aquellas tablas o en cera, desde la primera a la última y como aquí hoy estas han sido conocidas bien, el pueblo romano no será el primero que falte a las leyes. Si faltara antes por una decisión pública con engaño entonces, tú, Júpiter, hiere al pueblo romano así como yo hoy aquí hiero a este cerdo; e hiérelo tanto más cuanto más fuerza y poder tienes.” Cuando dijo esto, golpeó al cerdo con una piedra de sílice. Asimismo, los albanos hicieron su fórmula y su juramento mediante su dictador y sus sacerdotes. |
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Foedere icto trigemini, sicut conuenerat, arma capiunt. Cum sui utrosque adhortarentur, deos patrios, patriam ac parentes, quidquid ciuium domi, quidquid in exercitu sit, illorum tunc arma, illorum intueri manus, feroces et suopte ingenio et pleni adhortantium uocibus in medium inter duas acies procedunt. Consederant utrimque pro castris duo exercitus, periculi magis praesentis quam curae expertes; quippe imperium agebatur in tam paucorum uirtute atque fortuna positum. Itaque ergo erecti suspensique in minime gratum spectaculum animo incenduntur. Datur signum infestisque armis uelut acies terni iuuenes magnorum exercituum animos gerentes concurrunt. Nec his nec illis periculum suum, publicum imperium seruitiumque obuersatur animo futuraque ea deinde patriae fortuna quam ipsi fecissent. Vt primo statim concursu increpuere arma micantesque fulsere gladii, horror ingens spectantes perstringit et neutro inclinata spe torpebat uox spiritusque. Consertis deinde manibus cum iam non motus tantum corporum agitatioque anceps telorum armorumque sed uolnera quoque et sanguis spectaculo essent, duo Romani super alium alius, uolneratis tribus Albanis, exspirantes corruerunt. Ad quorum casum cum conclamasset gaudio Albanus exercitus, Romanas legiones iam spes tota, nondum tamen cura deseruerat, exanimes uice unius quem tres Curiatii circumsteterant. Forte is integer fuit, ut uniuersis solus nequaquam par, sic aduersus singulos ferox. Ergo ut segregaret pugnam eorum capessit fugam, ita ratus secuturos ut quemque uolnere adfectum corpus sineret. Iam aliquantum spatii ex eo loco ubi pugnatum est aufugerat, cum respiciens uidet magnis interuallis sequentes, unum haud procul ab sese abesse. In eum magno impetu rediit; et dum Albanus exercitus inclamat Curiatiis uti opem ferant fratri, iam Horatius caeso hoste uictor secundam pugnam petebat. Tunc clamore qualis ex insperato fauentium solet Romani adiuuant militem suum; et ille defungi proelio festinat. Prius itaque quam alter -nec procul aberat- consequi posset, et alterum Curiatium conficit; iamque aequato Marte singuli supererant, sed nec spe nec uiribus pares. Alterum intactum ferro corpus et geminata uictoria ferocem in certamen tertium dabat: alter fessum uolnere, fessum cursu trahens corpus uictusque fratrum ante se strage uictori obicitur hosti. Nec illud proelium fuit. Romanus exsultans "Duos" inquit, "fratrum manibus dedi; tertium causae belli huiusce, ut Romanus Albano imperet, dabo." Male sustinenti arma gladium superne iugulo defigit, iacentem spoliat. Romani ouantes ac gratulantes Horatium accipiunt, eo maiore cum gaudio, quo prope metum res fuerat. Ad sepulturam inde suorum nequaquam paribus animis uertuntur, quippe imperio alteri aucti, alteri dicionis alienae facti. Sepulcra exstant quo quisque loco cecidit, duo Romana uno loco propius Albam, tria Albana Romam uersus sed distantia locis ut et pugnatum est. |
CAPÍTULO XXV Hecho el pacto, los tres gemelos, como se había convenido, cogen las armas. Como los suyos animaban a unos y otros (diciéndoles) que los dioses patrios, la patria y los padres, todos los ciudadanos que estaban en la ciudad, todos los que estaban en el ejército miraban en ese momento sus armas, sus manos, no sólo valerosos por su propio ingenio sino también satisfechos por las voces de los que los exhortaban, avanzan hacia el centro entre los dos ejércitos. Los dos ejércitos se habían situado a ambos lados delante del campamento, más desprovistos de un peligro presente que de preocupación; porque se trataba del imperio colocado en la suerte y el valor de tan pocos. Así pues, atentos y ansiosos a un espectáculo en nada grato, se encienden en su ánimo. Se da la señal y con armas enemigas como un ejército en orden de batalla, los jóvenes, de tres en tres, salen corriendo llevando los ánimos de grandes ejércitos. No se observa en su ánimo ni a estos ni a aquellos su propio peligro, sino el poder y la esclavitud públicos y, luego, la suerte futura de su patria que ellos mismos hicieran. Tan pronto como, al primer choque, resonaron las armas y resplandecieron las brillantes espadas, un ingente horror sobrecogió a los espectadores y, no inclinada la esperanza hacia ninguno de los dos, la voz y el aliento se paralizaban. Luego, trabadas las manos, como ya no sólo el movimiento de los cuerpos y la ambigua agitación de los dardos y las armas, sino también las heridas y la sangre estaban a la vista, heridos los tres albanos, dos romanos, uno sobre otro, cayeron muertos. A la muerte de estos, como el ejército albano gritara de alegría, a las legiones romanas las había abandonado ya toda esperanza, todavía no, sin embargo, la preocupación, exánimes por el destino de uno solo al que habían rodeado los tres Curiacios. Por casualidad, este resultó ileso, aunque de ningún modo era par contra todos, del mismo modo terrible contra cada uno. Por eso, para separar la lucha de aquellos, emprendió la fuga, pensando así que lo seguirían según como el cuerpo, afectado por la herida, se lo permitiera a cada uno. Ya se había alejado algún espacio de aquel lugar donde se luchó, cuando, mirando hacia atrás, ve a los que le siguen a gran distancia y que uno está no lejos de él. Se volvió contra aquel con gran ímpetu; y mientras el ejército albano aclama a los Curiacios para que lleven ayuda a su hermano, ya el Horacio vencedor, muerto el enemigo, pedía una segunda batalla. Entonces con un clamor como suele surgir de lo inesperado de las cosas favorables, los romanos alientan a su soldado; y él se apresura a poner fin al combate. Así pues, antes de que el otro -y no estaba lejos- pudiera alcanzarlo, mató también al segundo de los Curiacios; y ya, igualado el combate, quedaban uno por cada lado, pero no iguales ni en esperanza ni en fuerzas. A uno, intacto por la espada, el cuerpo y la doble victoria lo hacían terrible para el tercer combate: el otro, debilitado por la herida, debilitado por la carrera, arrastrando su cuerpo y vencido por la muerte de sus hermanos delante de él, se ofrece al enemigo vencedor. Y no hubo aquel combate. El romano, exultante, dijo: “He dado dos de tus hermanos a los dioses manes; daré el tercero a la causa de esta guerra, para que el pueblo romano domine al albano.” Al que apenas sostenía su arma, le clavó la espada desde lo alto en el cuello, yacente lo despoja. Los romanos, gritando y alegrándose, reciben al Horacio, con tanta más alegría cuanto que el asunto estuvo cerca del miedo. Luego, para el entierro de los suyos se vuelven con ánimos de ningún modo iguales, porque unos se habían hecho con el poder, otros eran sometidos bajo un poder extranjero. Los sepulcros permanecen en el lugar en el que cada uno cayó, los dos romanos en un único lugar cerca de Alba, los tres albanos hacia Roma, pero distantes en los lugares según también se luchó. |
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Priusquam inde digrederentur,
roganti Mettio ex foedere icto quid imperaret, imperat Tullus uti
iuuentutem in armis habeat: usurum se eorum opera si bellum cum Veientibus
foret. Ita exercitus inde domos abducti. Princeps Horatius ibat, trigemina
spolia prae se gerens; cui soror uirgo, quae desponsa uni ex Curiatiis
fuerat, obuia ante portam Capenam fuit, cognitoque super umeros fratris
paludamento sponsi quod ipsa confecerat, soluit crines et flebiliter
nomine sponsum mortuum appellat. Mouet feroci iuueni animum comploratio
sororis in uictoria sua tantoque gaudio publico. Stricto itaque gladio
simul uerbis increpans transfigit puellam. "Abi hinc cum immaturo amore ad
sponsum," inquit, "oblita fratrum mortuorum uiuique, oblita patriae. Sic
eat quaecumque Romana lugebit hostem." Atrox uisum id facinus patribus
plebique, sed recens meritum facto obstabat. Tamen raptus in ius ad regem.
Rex ne ipse tam tristis ingratique ad uolgus iudicii ac secundum iudicium
supplicii auctor esset, concilio populi aduocato "Duumuiros" inquit, "qui
Horatio perduellionem iudicent, secundum legem facio." Lex horrendi
carminis erat: "Duumuiri perduellionem iudicent; si a duumuiris
prouocarit, prouocatione certato; si uincent, caput obnubito; infelici
arbori reste suspendito; uerberato uel intra pomerium uel extra pomerium."
Hac lege duumuiri creati, qui se absoluere non rebantur ea lege ne
innoxium quidem posse, cum condemnassent, tum alter ex iis "Publi Horati,
tibi perduellionem iudico" inquit. "I, lictor, colliga manus." Accesserat
lictor iniciebatque laqueum. Tum Horatius auctore Tullo, clemente legis
interprete, "Prouoco" inquit. Itaque prouocatione certatum ad populum est.
Moti homines sunt in eo iudicio maxime P. Horatio patre proclamante se
filiam iure caesam iudicare; ni ita esset, patrio iure in filium
animaduersurum fuisse. Orabat deinde ne se quem paulo ante cum egregia
stirpe conspexissent orbum liberis facerent. Inter haec senex iuuenem
amplexus, spolia Curiatiorum fixa eo loco qui nunc Pila Horatia appellatur
ostentans, "Huncine" aiebat, "quem modo decoratum ouantemque uictoria
incedentem uidistis, Quirites, eum sub furca uinctum inter uerbera et
cruciatus uidere potestis?” quod uix Albanorum oculi tam deforme
spectaculum ferre possent. “I, lictor, colliga manus, quae paulo ante
armatae imperium populo Romano pepererunt. I, caput obnube liberatoris
urbis huius; arbore infelici suspende; uerbera uel intra pomerium, modo
inter illa pila et spolia hostium, uel extra pomerium, modo inter sepulcra
Curiatiorum; quo enim ducere hunc iuuenem potestis ubi non sua decora eum
a tanta foeditate supplicii uindicent?"
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CAPÍTULO XXVI Luego, antes de que se
separaran, a Metio, que preguntaba, conforme al pacto realizado, qué
mandaba, Tulo le ordena que tenga a la juventud en armas: que él tendría
que usar la ayuda de ellos si hubiese una guerra contra los veyentinos.
Así los ejércitos se dirigieron desde allí a sus patrias. El Horacio iba
el primero, llevando delante de sí los despojos de los tres gemelos; su
hermana, doncella, que había sido prometida a uno de los Curiacios, fue al
encuentro ante la puerta Capena, y reconocido sobre los hombros de su
hermano el capote de su prometido que ella misma había confeccionado,
soltó sus cabellos y tristemente pronuncia el nombre de su prometido
muerto. Al valeroso joven le conmueve el llanto de su hermana en su
victoria y en tan gran alegría pública. Así pues, desenvainada la espada,
increpándola a la vez con estas palabras, atraviesa a la joven: “Vete de
aquí junto a tu prometido con tu intempestivo amor,” dijo “tú que te has
olvidado de tus hermanos muertos y del vivo, tú que te has olvidado de tu
patria. Así perezca cualquier romana que llore al enemigo.” Este crimen
pareció atroz a los senadores y a la pleble, pero la reciente victoria
borraba este hecho. Sin embargo, fue llevado en justicia ante el rey. El
rey para no ser el responsable de un juicio tan triste y desagradable ante
el pueblo y del suplicio después del juicio, convocado el consejo del
pueblo, dijo: “Según la ley, nombro diumviros para que juzguen el crimen
del Horacio.” La ley era de un texto terrible: “Los diumviros deben juzgar
el crimen; si se apela a los diumviros, que juzguen sobre la apelación; si
vencen, que le cubran la cabeza; que lo cuelguen con una cuerda de un
árbol funesto; que lo azoten o fuera o dentro del recinto de la ciudad.”
Los diumviros, nombrados por esta ley, que no pensaban que ellos pudieran
absolver con esta ley ni siquiera a un inocente cuando lo hubieran
condenado, entonces uno de estos dijo: “Publio Horacio, te declaro
culpable. Ve, lictor, átale las manos.” El lictor se había acercado y le
ponía el lazo. Entonces, Horacio, por consejo de Tulo, clemente intérprete
de la ley, dijo: “Apelo.” Así pues, se discutió sobre la apelación ante el
pueblo. Los hombres se conmovieron en aquel juicio, sobre todo, gritando
Publio Horacio padre que él juzgaba que su hija había muerto justamente;
que si no hubiera sido así, él mismo habría castigado a su hijo con
derecho paterno. Luego pedía que no se le privara de los hijos a él, al
que poco antes habían visto con una numerosa familia. Entre otras cosas el
anciano, abrazando al joven, mostrando los despojos de los Curiacios
colocados en aquel lugar que ahora se llama “Columna de Horacio”, decía:
“¿Acaso a éste al que hace poco visteis avanzando por la victoria honrado
y ovacionado, ciudadanos, a este podéis verlo atado bajo la horca entre
azotes y torturas?” Los ojos de los albanos apenas podían soportar este
espectáculo tan vergonzoso. “Ve, lictor, ata las manos, que poco antes,
armadas, consiguieron el poder para el pueblo romano. Ve, cubre la cabeza
del libertador de esta ciudad; cuélgalo del árbol maldito; azótalo o
dentro del recinto de la ciudad, ya entre aquellos trofeos y los despojos
de los enemigos o fuera del recinto de la ciudad, ya entre los sepulcros
de los Curiacios; en efecto, ¿a dónde podéis llevar a este joven donde sus
honores no lo reclamen lejos del horror tan grande del suplicio?”
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Nec diu pax Albana mansit. Inuidia uolgi quod tribus militibus fortuna publica commissa fuerit, uanum ingenium dictatoris corrupit, et quoniam recta consilia haud bene euenerant, prauis reconciliare popularium animos coepit. Igitur ut prius in bello pacem, sic in pace bellum quaerens, quia suae ciuitati animorum plus quam uirium cernebat esse, ad bellum palam atque ex edicto gerundum alios concitat populos, suis per speciem societatis proditionem reseruat. Fidenates, colonia Romana, Veientibus sociis consilii adsumptis, pacto transitionis Albanorum ad bellum atque arma incitantur. Cum Fidenae aperte descissent, Tullus Mettio exercituque eius ab Alba accito contra hostes ducit. Vbi Anienem transiit, ad confluentes conlocat castra. Inter eum locum et Fidena Veientium exercitus Tiberim transierat. Hi et in acie prope flumen tenuere dextrum cornu; in sinistro Fidenates propius montes consistunt. Tullus aduersus Veientem hostem derigit suos, Albanos contra legionem Fidenatium conlocat. Albano non plus animi erat quam fidei. Nec manere ergo nec transire aperte ausus sensim ad montes succedit; inde ubi satis subisse sese ratus est, erigit totam aciem, fluctuansque animo ut tereret tempus ordines explicat. Consilium erat qua fortuna rem daret, ea inclinare uires. Miraculo primo esse Romanis qui proximi steterant ut nudari latera sua sociorum digressu senserunt; inde eques citato equo nuntiat regi abire Albanos. Tullus in re trepida duodecim uouit Salios fanaque Pallori ac Pauori. Equitem clara increpans uoce ut hostes exaudirent, redire in proelium iubet: nihil trepidatione opus esse; suo iussu circumduci Albanum exercitum ut Fidenatium nuda terga inuadant; idem imperat ut hastas equites erigerent. Id factum magnae parti peditum Romanorum conspectum abeuntis Albani exercitus intersaepsit; qui uiderant, id quod ab rege auditum erat rati, eo acrius pugnant. Terror ad hostes transit; et audiuerant clara uoce dictum, et magna pars Fidenatium, ut quibus coloni additi Romani essent, Latine sciebant. Itaque ne subito ex collibus decursu Albanorum intercluderentur ab oppido, terga uertunt. Instat Tullus fusoque Fidenatium cornu in Veientem alieno pauore perculsum ferocior redit. Nec illi tulere impetum, sed ab effusa fuga flumen obiectum ab tergo arcebat. Quo postquam fuga inclinauit, alii arma foede iactantes in aquam caeci ruebant, alii dum cunctantur in ripis inter fugae pugnaeque consilium oppressi. Non alia ante Romana pugna atrocior fuit. |
CAPÍTULO XXVII Y la paz albana no permaneció mucho tiempo. El odio del pueblo, porque la suerte pública fue confiada a tres soldados, corrompió el vano carácter del dictador, y porque los buenos proyectos no habían resultado bien, empezó a reconciliar los ánimos del pueblo con malas acciones. Así pues, como antes la paz en la guerra, así buscando la guerra en la paz, porque veía que su ciudad tenía más ánimos que fuerzas, excita a los otros pueblos para hacer la guerra abiertamente y por decreto, reserva a los suyos la traición bajo pretexto de una alianza. Los fidenates, colonia romana, tomados los veyentinos como socios del plan, son llevados a la guerra y a las armas por el tratado de deserción de los albanos. Como Fidena se hubiese separado abiertamente, Tulo, hecho venir Metio y su ejército desde Alba, marcha contra los enemigos. Cuando cruzó el Anio, coloca el campamento en las confluencias. Entre este lugar y Fidena, el ejército de los veyentinos había cruzado el Tíber. Estos también en línea de combate, cerca del río, ocuparon el ala derecha; los fidenates se situaron en la izquierda más cerca de los montes. Tulo dirige a los suyos contra el enemigo veyentino, coloca a los albanos contra la legión de los fidenates. El albano no tenía más valor que fidelidad. No atreviéndose, por esto, ni a mantenerse ni a cruzar abiertamente, poco a poco se acercó a los montes; luego, cuando pensó que había subido bastante, pone en un lugar elevado a todo el ejército y vacilando en su ánimo, despliega las tropas para gastar tiempo. El plan era que, a donde la suerte diera la victoria, allí inclinaría sus fuerzas. Se sorprendieron primero los romanos que permanecían cerca cuando se dieron cuenta de que un flanco se les quedaba desnudo con la marcha de sus aliados; luego un jinete, apresurado el caballo, anuncia al rey que los albanos se retiran. Tulo, en una situación alarmante, promete doce salios y templos a la Palidez y al Pavor. Increpando al jinete en voz alta para que los enemigos lo oyeran, le manda volver al combate: que no era necesario ningún temor; que el ejército albano daba un rodeo por orden suya para atacar la retaguardia desguarnecida de los fidenates; él mismo ordena que los jinetes levantaran las lanzas. Este hecho impidió a la mayor parte de la infantería romana la visión de la retirada del ejército albano; los que la habían visto, creyendo esto que se había oído por el rey, por este luchan con más ardor. El terror traspasó a los enemigos; no sólo habían oído lo que se había dicho en voz alta, sino que una gran parte de los fidenates, puesto que se les habían agregado colonos romanos, sabían latín. Así pues, para que con la bajada de repente de los albanos de las colinas no fueran separados de su ciudad vuelven la espalda. Tulo los persigue y, derrotada el ala de los fidenates, se vuelve más ferozmente contra los veyentinos amedrentados por el terror ajeno. Y aquellos no soportaron el ataque, pero el río, interpuesto por la espalda, los apartaba de una desordenada fuga. Después que la fuga llegó allí, unos, arrojando vergonzosamente las armas, se precipitaban ciegos al agua, otros mientras dudaban en las orillas entre la decisión de la fuga y la lucha, murieron. Antes ninguna otra batalla romana fue tan atroz. |
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Tum Albanus exercitus, spectator certaminis, deductus in campos. Mettius Tullo deuictos hostes gratulatur; contra Tullus Mettium benigne adloquitur. Quod bene uertat, castra Albanos Romanis castris iungere iubet; sacrificium lustrale in diem posterum parat. Vbi inluxit, paratis omnibus ut adsolet, uocari ad contionem utrumque exercitum iubet. Praecones ab extremo orsi primos exciuere Albanos. Hi nouitate etiam rei moti ut regem Romanum contionantem audirent proximi constitere. Ex composito armata circumdatur Romana legio; centurionibus datum negotium erat ut sine mora imperia exsequerentur. Tum ita Tullus infit: "Romani, si unquam ante alias ullo in bello fuit quod primum dis immortalibus gratias ageretis, deinde uestrae ipsorum uirtuti, hesternum id proelium fuit. Dimicatum est enim non magis cum hostibus quam, quae dimicatio maior atque periculosior est, cum proditione ac perfidia sociorum. Nam ne uos falsa opinio teneat, iniussu meo Albani subiere ad montes, nec imperium illud meum sed consilium et imperii simulatio fuit, ut nec uobis, ignorantibus deseri uos, auerteretur a certamine animus, et hostibus, circumueniri se ab tergo ratis, terror ac fuga iniceretur. Nec ea culpa quam arguo omnium Albanorum est: ducem secuti sunt, ut et uos, si quo ego inde agmen declinare uoluissem, fecissetis. Mettius ille est ductor itineris huius, Mettius idem huius machinator belli, Mettius foederis Romani Albanique ruptor. Audeat deinde talia alius, nisi in hunc insigne iam documentum mortalibus dedero." Centuriones armati Mettium circumsistunt; rex cetera ut orsus erat peragit: "Quod bonum, faustum felixque sit populo Romano ac mihi uobisque, Albani, populum omnem Albanum Romam traducere in animo est, ciuitatem dare plebi, primores in patres legere, unam urbem, unam rem publicam facere; ut ex uno quondam in duos populos diuisa Albana res est, sic nunc in unum redeat." Ad haec Albana pubes, inermis ab armatis saepta, in uariis uoluntatibus communi tamen metu cogente, silentium tenet. Tum Tullus "Metti Fufeti" inquit, "si ipse discere posses fidem ac foedera seruare, uiuo tibi ea disciplina a me adhibita esset; nunc quoniam tuum insanabile ingenium est, at tu tuo supplicio doce humanum genus ea sancta credere quae a te uiolata sunt. Vt igitur paulo ante animum inter Fidenatem Romanamque rem ancipitem gessisti, ita iam corpus passim distrahendum dabis." Exinde duabus admotis quadrigis, in currus earum distentum inligat Mettium; deinde in diuersum iter equi concitati, lacerum in utroque curru corpus, qua inhaeserant uinculis membra, portantes. Auertere omnes ab tanta foeditate spectaculi oculos. Primum ultimumque illud supplicium apud Romanos exempli parum memoris legum humanarum fuit: in aliis gloriari licet nulli gentium mitiores placuisse poenas. |
CAPÍTULO XXVIII Entonces el ejército albano, espectador de la lucha, bajó a los campos. Metio felicita a Tulo por los enemigos vencidos; por el contrario, Tulo responde bondadosamente a Metio. Con el deseo de que el asunto acabe bien, manda a los albanos unir su campamento al campamento romano; prepara un sacrificio lustral para el día siguiente. Cuando amaneció, preparadas todas las cosas como se acostumbra, manda que uno y otro ejército sean llamados a la asamblea. Los heraldos empezaron por el final a llamar a los albanos los primeros. Estos, movidos también por la novedad del asunto, para oír al rey romano que pronunciaba un discurso, se colocaron cerca. Según lo convenido, una legión romana armada los rodea; se les había dado a los centuriones el encargo de que realizaran sin demora las órdenes. Entonces Tulo habló así: “Romanos, si alguna vez en alguna guerra antes que en otras hubo por lo que dierais gracias en primer lugar a los dioses inmortales, luego a vuestros propio valor, esta fue la batalla de ayer. En efecto, se luchó no más contra los enemigos que, lo que es un combate mayor y más peligroso, contra la traición y perfidia de los aliados. Pues para que una opinión falsa no se apodere de vosotros, los albanos subieron a los montes sin una orden mía, y aquello no fue una orden mía sino prudencia y simulación de una orden para que a vosotros, ignorando que erais abandonados, el ánimo no os alejara del combate y a los enemigos, pensando que eran rodeados por la espalda, les inspirase temor y fuga. Y esta culpa que denuncio no es de todos los albanos: siguieron a su jefe, como también vosotros lo hubierais hecho si yo por alguna razón hubiera querido desviar el ejército. Aquel Metio es el conductor de este camino, el mismo Metio es el maquinador de esta guerra, Metio es el violador del pacto romano y albano. Luego otro se atreverá a cosas semejantes a no ser que yo muestre a los mortales ya en este un insigne ejemplo.” Los centuriones armados rodean a Metio; el rey acabó las demás cosas como había empezado: “Con el deseo de que esto sea bueno, próspero y feliz para el pueblo romano y para mí y para vosotros, albanos, está decidido en mi ánimo traer todo el pueblo albano a Roma, darle el derecho de ciudadanía, elegir a los patricios para senadores, hacer una sola ciudad, una sola república; como el estado albano se dividió en dos pueblos a partir de uno en cierto momento, así ahora volverá a uno sólo”. Ante esto, la juventud albana, rodeada indefensa por hombres armados, con varias intenciones, sin embargo forzándolo el miedo, mantiene el silencio. Entonces Tulo dijo: “Metio Fufecio, si tú mismo pudieras aprender la fidelidad y respetar tratados, a ti, vivo, esta disciplina te sería mostrado por mí; ahora, puesto que tu carácter es incurable, al menos, enseña con tu suplicio al género humano a creer en estas cosas sagradas que han sido violadas por ti. Así pues, como poco antes tuviste tu espíritu fluctuante entre el estado de Fidena y el de Roma, así ya entregarás tu cuerpo que será dividido por diversas partes.” Después, acercadas dos cuadrigas, ata a Metio extendido a los carros de estas; luego los caballos fueron lanzados hacia caminos distintos, portando el mutilado cuerpo en uno y otro carro, por donde los miembros habían estado unidos con ligaduras. Todos apartaron su vista del aspecto tan horrible de este espectáculo. Aquel fue el primero y el último suplicio entre los romanos, que se acordaban poco del ejemplo de las leyes humanas: en otro orden de cosas a ningún pueblo está permitido vanagloriarse de haber preferido castigos más suaves. |
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Inter haec iam praemissi Albam erant equites qui multitudinem traducerent Romam. Legiones deinde ductae ad diruendam urbem. Quae ubi intrauere portas, non quidem fuit tumultus ille nec pauor qualis captarum esse urbium solet, cum effractis portis stratisue ariete muris aut arce ui capta clamor hostilis et cursus per urbem armatorum omnia ferro flammaque miscet, sed silentium triste ac tacita maestitia ita defixit omnium animos, ut prae metu obliti quid relinquerent, quid secum ferrent deficiente consilio rogitantesque alii alios, nunc in liminibus starent, nunc errabundi domos suas ultimum illud uisuri peruagarentur. Vt uero iam equitum clamor exire iubentium instabat, iam fragor tectorum quae diruebantur ultimis urbis partibus audiebatur puluisque ex distantibus locis ortus uelut nube inducta omnia impleuerat, raptim quibus quisque poterat elatis, cum larem ac penates tectaque in quibus natus quisque educatusque esset relinquentes exirent, iam continens agmen migrantium impleuerat uias, et conspectus aliorum mutua miseratione integrabat lacrimas, uocesque etiam miserabiles exaudiebantur, mulierum praecipue, cum obsessa ab armatis templa augusta praeterirent ac uelut captos relinquerent deos. Egressis urbe Albanis Romanus passim publica priuataque omnia tecta adaequat solo, unaque hora quadringentorum annorum opus quibus Alba steterat excidio ac ruinis dedit. Templis tamen deum—ita enim edictum ab rege fuerat—temperatum est. |
CAPÍTULO XXIX Entretanto, ya habían sido mandados a Alba jinetes que trajesen la multitud a Roma. Luego fueron llevadas las legiones para destruir la ciudad. Cuando estas franquearon las puertas, ciertamente no hubo ni ese tumulto ni terror como suele ser el de las ciudades que van a ser tomadas, cuando, rotas las puertas o derribados los muros con el ariete o tomada la ciudadela por la fuerza, el clamor enemigo y la carrera por la ciudad de los hombres armados mezcla todas las cosas con el hierro y el fuego, sino que un silencio triste y una tristeza silenciosa inmovilizó los ánimos de todos de tal modo que olvidándose por el miedo de qué debían dejar, qué debían llevar consigo, abandonándoles la facultad de pensar, y preguntándoselo unos a otros, bien permanecían en los umbrales, bien vagaban errantes para ver por última vez sus casas. Pero cuando ya el clamor de la infantería que les mandaba salir insistía, cuando ya el fragor de los techos que eran derrumbados se oía en las partes más extremas de la ciudad y el polvo que surgía de los distintos lugares había cubierto todas las cosas como si una nube hubiese caído, sacadas rápidamente las cosas que cada uno podía, como salieran dejando su lar y los penates y las casas en las que cada uno había nacido y había sido educado, ya una ininterrumpida columna de emigrantes llenaba las calles y la vista de las otras con una compasión mutua provocaba sus lágrimas y se oían también voces míseras, sobre todo de las mujeres, porque pasaban por delante de los augustos templos ocupados por hombres armados y dejaban a sus dioses como cautivos. Habiendo salido los albanos de la ciudad, el romano igualaba todos los edificios públicos y privados indistintamente con el suelo, y en una sola hora, la obra de cuatrocientos años en los que Alba se mantuvo en pie, la entregó a la destrucción y a la ruina. Sin embargo, se tuvo moderación con los templos de los dioses -en efecto, así había sido ordenado por el rey-. |
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Roma interim crescit Albae ruinis. Duplicatur ciuium numerus; Caelius additur urbi mons, et quo frequentius habitaretur eam sedem Tullus regiae capit ibique habitauit. Principes Albanorum in patres ut ea quoque pars rei publicae cresceret legit, Iulios, Seruilios, Quinctios, Geganios, Curiatios, Cloelios; templumque ordini ab se aucto curiam fecit quae Hostilia usque ad patrum nostrorum aetatem appellata est. Et ut omnium ordinum uiribus aliquid ex nouo populo adiceretur equitum decem turmas ex Albanis legit, legiones et ueteres eodem supplemento expleuit et nouas scripsit. Hac fiducia uirium Tullus Sabinis bellum indicit, genti ea tempestate secundum Etruscos opulentissimae uiris armisque. Vtrimque iniuriae factae ac res nequiquam erant repetitae. Tullus ad Feroniae fanum mercatu frequenti negotiatores Romanos comprehensos querebatur, Sabini suos prius in lucum confugisse ac Romae retentos. Hae causae belli ferebantur. Sabini haud parum memores et suarum uirium partem Romae ab Tatio locatam et Romanam rem nuper etiam adiectione populi Albani auctam, circumspicere et ipsi externa auxilia. Etruria erat uicina, proximi Etruscorum Veientes. Inde ob residuas bellorum iras maxime sollicitatis ad defectionem animis uoluntarios traxere, et apud uagos quosdam ex inopi plebe etiam merces ualuit: publico auxilio nullo adiuti sunt ualuitque apud Veientes -nam de ceteris minus mirum est- pacta cum Romulo indutiarum fides. Cum bellum utrimque summa ope pararent uertique in eo res uideretur utri prius arma inferrent, occupat Tullus in agrum Sabinum transire. Pugna atrox ad siluam Malitiosam fuit, ubi et peditum quidem robore, ceterum equitatu aucto nuper plurimum Romana acies ualuit. Ab equitibus repente inuectis turbati ordines sunt Sabinorum, nec pugna deinde illis constare nec fuga explicari sine magna caede potuit. |
CAPÍTULO XXX Entretanto, Roma crece de las ruinas de Alba. Se duplica el número de ciudadanos; el monte Celio se añade a la ciudad y para que fuera habitado más numerosamente, Tulo lo toma como sede del palacio y habitó allí. Para que esta parte de la república también creciera, elige para senadores a los ciudadanos más distinguidos de los albanos, Julios, Servilios, Quinctios, Geganios, Curiacios, Cloelios; e hizo un templo para este orden aumentado por él como curia que se llamó Hostilia hasta la época de nuestros padres. Y para que algo del nuevo pueblo se añadiera a las fuerzas de todos los órdenes, escogió de los albanos diez escuadrones de caballería, completó las antiguas legiones con este mismo refuerzo y formó nuevas. Con esta confianza de fuerzas, Tulo declara la guerra a los sabinos, en aquel tiempo el pueblo más poderoso en hombres y armas después de los etruscos. Las injurias habían sido hechas por ambas partes y estos asuntos habían sido reclamados en vano. Tulo se quejaba de que junto al templo de Feronia mercaderes romanos habían sido apresados en un concurrido mercado, los sabinos de que los suyos antes se habían refugiado en el bosque y habían sido retenidos en Roma. Estas causas de la guerra se decían. Los sabinos, que se acordaban no poco tanto de que una parte de sus fuerzas había sido colocada en Roma por Tacio como de que el estado romano había aumentado recientemente también con la adición del pueblo albano, también ellos mismos trataron de obtener auxilios externos. Etruria era vecina, los más próximos de los etruscos eran los veyentinos. De aquí, a causa de odios residuales de guerras, inclinados los ánimos sobre todo a la defección, se atrajeron voluntarios, y la paga tuvo fuerza también junto a algunos vagabundos procedentes del pueblo desprovisto de recursos: no fueron ayudados con ningún auxilio público y sobre los veyentinos -pues sobre los demás es menos admirable- prevaleció la fidelidad a la tregua pactada con Rómulo. Como prepararan la guerra por uno y otro lado con grandes preparativos y el éxito parecía depender de esto, cuál de los dos tomaría primero las armas, Tulo se anticipa en atravesar el campo sabino. Hubo una lucha atroz junto al bosque Maliciosa, donde no sólo ciertamente por la fuerza de la infantería, sino sobre todo por la caballería recientemente aumentada el ejército romano se impuso. Las filas de los sabinos son turbadas por la caballería que los ataca de repente y luego ni la lucha pudo existir para ellos, ni la fuga pudo desplegarse sin una gran matanza. |
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Deuictis Sabinis cum in magna
gloria magnisque opibus regnum Tulli ac tota res Romana esset, nuntiatum
regi patribusque est in monte Albano lapidibus pluuisse. Quod cum credi
uix posset, missis ad id uisendum prodigium in conspectu haud aliter quam
cum grandinem uenti glomeratam in terras agunt crebri cecidere caelo
lapides. Visi etiam audire uocem ingentem ex summi cacuminis luco ut
patrio ritu sacra Albani facerent, quae uelut dis quoque simul cum patria
relictis obliuioni dederant, et aut Romana sacra susceperant aut fortunae,
ut fit, obirati cultum reliquerant deum. Romanis quoque ab eodem prodigio
nouendiale sacrum publice susceptum est, seu uoce caelesti ex Albano monte
missa -nam id quoque traditur- seu haruspicum monitu; mansit certe
sollemne ut quandoque idem prodigium nuntiaretur feriae per nouem dies
agerentur. |
CAPÍTULO XXXI Sometidos los sabinos, estando
el reino de Tulo y todo el estado romano en gran gloria y grandes
riquezas, se anunció al rey y a los senadores que en el monte Albano
llovía con piedras. Como esto apenas podía ser creído, a los enviados para
ver este prodigio, ante su vista, no de otro modo que cuando los vientos
lanzan granizo aglomerado sobre la tierra, les cayeron del cielo
abundantes piedras. También les pareció oír una voz fuerte desde el bosque
sagrado de lo alto de la cumbre diciendo que los albanos, según el
rito patrio, hicieran los sacrificios que habían entregado al olvido, como
si abandonaran a los dioses juntamente también con la patria y o habían
adoptado los sacrificios romanos o irritados contra la fortuna, como
sucede, habían abandonado el culto a los dioses. Por los romanos, también
por este prodigio, fue tomado un sacrificio durante nueve días
públicamente, bien por la voz celeste enviada desde el monte Albano -pues
también se dice esto-, bien por consejo de los arúspices; ciertamente se
conservó la fiesta de modo que cuando quiera que este mismo prodigio se
diera a conocer, se hicieran fiestas durante nueve días.
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Mortuo
Tullo res, ut institutum iam inde ab initio erat, ad patres redierat hique
interregem nominauerant. Quo comitia habente Ancum Marcium regem populus
creauit; patres fuere auctores. Numae Pompili regis nepos filia ortus
Ancus Marcius erat. Qui ut regnare coepit et auitae gloriae memor et quia
proximum regnum, cetera egregium, ab una parte haud satis prosperum fuerat
aut neglectis religionibus aut praue cultis, longe antiquissimum ratus
sacra publica ut ab Numa instituta erant facere, omnia ea ex commentariis
regiis pontificem in album elata proponere in publico iubet. Inde et
ciuibus otii cupidis et finitimis ciuitatibus facta spes in aui mores
atque instituta regem abiturum. Igitur Latini cum quibus Tullo regnante
ictum foedus erat sustulerant animos, et cum incursionem in agrum Romanum
fecissent repetentibus res Romanis superbe responsum reddunt, desidem
Romanum regem inter sacella et aras acturum esse regnum rati. Medium erat
in Anco ingenium, et Numae et Romuli memor; et praeterquam quod aui regno
magis necessariam fuisse pacem credebat cum in nouo tum feroci populo,
etiam quod illi contigisset otium sine iniuria id se haud facile
habiturum; temptari patientiam et temptatam contemni, temporaque esse
Tullo regi aptiora quam Numae. Vt tamen, quoniam Numa in pace religiones
instituisset, a se bellicae caerimoniae proderentur, nec gererentur solum
sed etiam indicerentur bella aliquo ritu, ius ab antiqua gente Aequiculis
quod nunc fetiales habent descripsit, quo res repetuntur. Legatus ubi ad
fines eorum uenit unde res repetuntur, capite uelato filo -lanae uelamen
est- "Audi, Iuppiter" inquit; "audite, fines" -cuiuscumque gentis sunt,
nominat-; "audiat fas. Ego sum publicus nuntius populi Romani; iuste
pieque legatus uenio, uerbisque meis fides sit." Peragit deinde postulata.
Inde Iouem testem facit: "Si ego iniuste impieque illos homines illasque
res dedier mihi exposco, tum patriae compotem me nunquam siris esse."
Haec, cum fines suprascandit, haec, quicumque ei primus uir obuius fuerit,
haec portam ingrediens, haec forum ingressus, paucis uerbis carminis
concipiendique iuris iurandi mutatis, peragit. Si non deduntur quos ecit
diebus tribus et triginta -tot enim sollemnes sunt- peractis bellum ita
indicit: "Audi, Iuppiter, et tu, Iane Quirine, dique omnes caelestes,
uosque terrestres uosque inferni, audite; ego uos testor populum illum"
-quicumque est, nominat- "iniustum esse neque ius persoluere; sed de istis
rebus in patria maiores natu consulemus, quo pacto ius nostrum
adipiscamur." |
CAPÍTULO XXXII Muerto
Tulo, el poder, como ya había sido establecido desde el principio, había
vuelto a los senadores y estos habían nombrado a un interrey. Reuniendo
este los comicios, el pueblo nombró rey a Anco Marcio; los senadores lo
ratificaron. Anco Marcio era nieto de Numa Pompilio, nacido de su hija.
Este, cuando empezó a reinar, no sólo acordándose de la gloria de su
abuelo, sino también porque el reinado anterior, sobresaliente en todo lo
demás, por una parte no había sido lo bastante próspero, o por haberse
abandonado las celebraciones religiosas o por ser cultivadas
indebidamente, pensando hacer los sacrificios públicos a la manera más
antigua, como habían sido instituidos por Numa, manda al pontífice exponer
en público todas estas cosas según los comentarios de los reyes llevados
en una tabla blanca. Luego, tanto para los ciudadanos deseosos de paz como
para los ciudades vecinas hubo esperanza de que el rey se volviera hacia
las costumbres e instituciones de su abuelo. Así pues, los latinos, con
quienes, reinando Tulo, se había pactado un tratado, habían cobrado ánimos
y como hubieran hecho una incursión en el campo romano, haciendo
reclamaciones los romanos, les dan una respuesta arrogantemente, pensando
que el inactivo rey romano llevaría su reino entre santuarios y altares.
Existía en Anco un carácter intermedio, que recordaba tanto a Numa como a
Rómulo; y excepto el hecho de que creía que la paz fue más necesaria en el
reino de su abuelo en un pueblo tanto nuevo como feroz, e incluso que él
difícilmente tendría este ocio sin injuria que le había tocado en suerte a
aquél; que su paciencia sería tanteada, y que, tanteada, sería despreciada
y que los tiempos eran más adecuados para un rey Tulo que para un rey
Numa. Para que, sin embargo, puesto que Numa había instituido las
ceremonias religiosas en la paz, fuesen proclamadas por él las ceremonias
guerreras, y no sólo se llevara a cabo, sino que también se declararan las
guerras por algún rito, copió del antiguo pueblo de los Ecuos la fórmula
que ahora tienen los feciales para hacer reclamaciones. Cuando el legado
llega a las fronteras de aquellos de quienes hace reclamaciones, cubierta
la cabeza con un velo -el velo es de lana- dice: “Oye, Júpiter; oid
vecinos” -de cualquier pueblo que sean, los nombra-; “que oiga la
justicia. Yo soy el mensajero público del pueblo romano; vengo como legado
justa y piadosamente, y que haya confianza en mis palabras.” Expone luego
las demandas. Luego pone a Júpiter por testigo: “Si yo reclamo injusta e
impíamente que esos hombres y esas cosas me sean entregadas, no me
permitáis estar de vuelta a mi patria.” Expone estas cosas cuando pasa los
límites, estas cosas a quien sea el primer hombre que le salga al
encuentro, estas cosas entrando por la puerta, estas cosas habiendo
entrado en el foro, cambiadas pocas palabras de la fórmula y de la
expresión del juramento. Si no son entregados estos a los que reclama,
pasados treinta y tres días -pues tantos son los rituales-, declara la
guerra así: “Escucha, Júpiter, y tú, Jano Quirino, y todos los dioses
celestes, y vosotros terrestres, y vosotros infernales, escuchad; yo os
pongo por testigos de que ese pueblo” -cualquiera que sea, lo nombra- “es
injusto y no cumple el derecho; pero en la patria consultaremos a los
mayores por nacimiento sobre estas cosas, de qué forma alcanzaremos
nuestro derecho.” |
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Ancus demandata cura sacrorum flaminibus sacerdotibusque aliis, exercitu nouo conscripto profectus, Politorium, urbem Latinorum, ui cepit; secutusque morem regum priorum, qui rem Romanam auxerant hostibus in ciuitatem accipiendis, multitudinem omnem Romam traduxit. Et cum circa Palatium, sedem ueterum Romanorum, Sabini Capitolium atque arcem, Caelium montem Albani implessent, Auentinum nouae multitudini datum. Additi eodem haud ita multo post, Tellenis Ficanaque captis, noui ciues. Politorium inde rursus bello repetitum quod uacuum occupauerant Prisci Latini, eaque causa diruendae urbis eius fuit Romanis ne hostium semper receptaculum esset. Postremo omni bello Latino Medulliam compulso, aliquamdiu ibi Marte incerto, uaria uictoria pugnatum est; nam et urbs tuta munitionibus praesidioque firmata ualido erat, et castris in aperto positis aliquotiens exercitus Latinus comminus cum Romanis signa contulerat. Ad ultimum omnibus copiis conisus Ancus acie primum uincit; inde ingenti praeda potens Romam redit, tum quoque multis milibus Latinorum in ciuitatem acceptis, quibus, ut iungeretur Palatio Auentinum, ad Murciae datae sedes. Ianiculum quoque adiectum, non inopia loci sed ne quando ea arx hostium esset. Id non muro solum sed etiam ob commoditatem itineris ponte sublicio, tum primum in Tiberi facto, coniungi urbi placuit. Quiritium quoque fossa, haud paruum munimentum a planioribus aditu locis, Anci regis opus est. Ingenti incremento rebus auctis, cum in tanta multitudine hominum, discrimine recte an perperam facti confuso, facinora clandestina fierent, carcer ad terrorem increscentis audaciae media urbe imminens foro aedificatur. Nec urbs tantum hoc rege creuit sed etiam ager finesque. Silua Maesia Veientibus adempta usque ad mare imperium prolatum et in ore Tiberis Ostia urbs condita, salinae circa factae, egregieque rebus bello gestis aedis Iouis Feretri amplificata. |
CAPÍTULO XXXIII Anco, confiado el cuidado de los sacrificios a los flámines y otros sacerdotes, avanzando con el ejército recién alistado, tomó por la fuerza Politorio, ciudad de los latinos; siguiendo la costumbre de los reyes anteriores que habían engrandecido el estado romano admitiendo a los enemigos a la ciudadanía, condujo a toda la multitud a Roma. Y, como cerca del Palatino, sede de los antiguos latinos, los sabinos llenaban el Capitolio y la fortaleza, los albanos el monte Celio, el Aventino es dado a la nueva multitud. Allí mismo fueron añadidos, no mucho después, los nuevos ciudadanos, tomadas Telena y Ficana. Luego Politorio fue tomada de nuevo con la guerra, la que, vacía, habían ocupado los antiguos latinos y los romanos tuvieron este motivo de destruir la ciudad, que no fuera siempre refugio de enemigos. Finalmente, empujada toda la guerra latina a Medulia, se luchó allí durante algún tiempo en una guerra incierta y con una victoria indecisa; pues no sólo la ciudad estaba protegida con murallas y defendida con una fuerte guarnición, sino también, colocado el campamento al aire libre, algunas veces el ejército latino había entablado combate cuerpo a cuerpo con los romanos. Al final, esforzándose con todas las tropas, Anco vence por primera vez en campo abierto; luego, dueño de un ingente botín, vuelve a Roma, recibidos también entonces muchos miles de latinos a la ciudadanía, a los que, de modo que el Aventino se uniera al Palatino, se les dio un terreno junto al templo de Murcia. También fue añadido el Janículo, no por falta de espacio, sino para que esta no fuera nunca una fortaleza de los enemigos. Decidió que este se uniera a la ciudad no sólo con un muro, sino también, por la comodidad del camino, con un puente de madera, el primero entonces hecho sobre el Tíber. También el foso de los ciudadanos, defensa no pequeña para la entrada desde los lugares más llanos, es obra del rey Anco. Aumentados estos hechos con un enorme incremento, como en tan gran multitud de hombres, confundida la distinción de lo que es hecho mal o rectamente, se hicieran crímenes ocultos, se edifica una cárcel junto al foro en el medio de la ciudad para el temor de la creciente audacia. Y no sólo creció la ciudad bajo este rey, sino también el campo y las fronteras. Arrebatado a los veyentinos el bosque Mesio, su imperio se prolongó hasta el mar y la ciudad de Ostia fue fundada en la desembocadura del Tíber, fueron hechas salinas a su alrededor y fue ampliado el templo de Júpiter Feretrio, sobre todo, por las hazañas en la guerra. |
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Anco regnante Lucumo, uir impiger ac diuitiis potens, Romam commigrauit cupidine maxime ac spe magni honoris, cuius adipiscendi Tarquiniis -nam ibi quoque peregrina stirpe oriundus erat- facultas non fuerat. Demarati Corinthii filius erat, qui ob seditiones domo profugus cum Tarquiniis forte consedisset, uxore ibi ducta duos filios genuit. Nomina his Lucumo atque Arruns fuerunt. Lucumo superfuit patri bonorum omnium heres: Arruns prior quam pater moritur uxore grauida relicta. Nec diu manet superstes filio pater; qui cum, ignorans nurum uentrem ferre, immemor in testando nepotis decessisset, puero post aui mortem in nullam sortem bonorum nato ab inopia Egerio inditum nomen. Lucumoni contra, omnium heredi bonorum, cum diuitiae iam animos facerent, auxit ducta in matrimonium Tanaquil, summo loco nata et quae haud facile iis in quibus nata erat humiliora sineret ea quo innupsisset. Spernentibus Etruscis Lucumonem exsule aduena ortum, ferre indignitatem non potuit, oblitaque ingenitae erga patriam caritatis dummodo uirum honoratum uideret, consilium migrandi ab Tarquiniis cepit. Roma est ad id potissima uisa: in nouo populo, ubi omnis repentina atque ex uirtute nobilitas sit, futurum locum forti ac strenuo uiro; regnasse Tatium Sabinum, arcessitum in regnum Numam a Curibus, et Ancum Sabina matre ortum nobilemque una imagine Numae esse. Facile persuadet ut cupido honorum et cui Tarquinii materna tantum patria esset. Sublatis itaque rebus amigrant Romam. Ad Ianiculum forte uentum erat; ibi ei carpento sedenti cum uxore aquila suspensis demissa leuiter alis pilleum aufert, superque carpentum cum magno clangore uolitans rursus uelut ministerio diuinitus missa capiti apte reponit; inde sublimis abiit. Accepisse id augurium laeta dicitur Tanaquil, perita ut uolgo Etrusci caelestium prodigiorum mulier. Excelsa et alta sperare complexa uirum iubet: eam alitem ea regione caeli et eius dei nuntiam uenisse; circa summum culmen hominis auspicium fecisse; leuasse humano superpositum capiti decus ut diuinitus eidem redderet. Has spes cogitationesque secum portantes urbem ingressi sunt, domicilioque ibi comparato L. Tarquinium Priscum edidere nomen. Romanis conspicuum eum nouitas diuitiaeque faciebant; et ipse fortunam benigno adloquio, comitate inuitandi beneficiisque quos poterat sibi conciliando adiuuabat, donec in regiam quoque de eo fama perlata est. Notitiamque eam breui apud regem liberaliter dextereque obeundo officia in familiaris amicitiae adduxerat iura, ut publicis pariter ac priuatis consiliis bello domique interesset et per omnia expertus postremo tutor etiam liberis regis testamento institueretur. |
CAPÍTULO XXXIV Reinando Anco, Lucumón, hombre activo y poderoso por sus riquezas, fue a establecerse a Roma, sobre todo, por el deseo y la esperanza de un gran honor que no había la posibilidad de conseguirlo en Tarquinia -pues también allí era oriundo de una familia extranjera-. Era hijo de Demarato de Corinto, quien, expulsado de su patria por sedición, como se asentara por casualidad en Tarquinia, tomada esposa allí, engendró dos hijos. Se llamaron Lucumón y Arruns. Lucumón sobrevivió a su padre como heredero de todos sus bienes: Arruns muere antes que su padre, dejando a su mujer encinta. Y el padre no sobrevive al hijo durante mucho tiempo; como este, ignorando que su nuera estaba encinta, muriese sin acordarse del nieto al testar, al niño nacido después de la muerte de su abuelo sin ninguna clase de bienes, por la pobreza se le puso el nombre de Egerio. Por el contrario, a Lucumón, heredero de todos los bienes, como ya las riquezas le dieran ánimos, los aumentó Tanaquil, dada en matrimonio, nacida de un alto linaje y que difícilmente permitiría que las circunstancias en las que se casara fueran más humildes que aquellas en las que había nacido. Despreciando los etruscos a Lucumón, nacido de un extranjero desterrado, no pudo soportar la humillación y olvidándose del amor innato hacia la patria con tal de ver honrado a su marido, tomó la decisión de marcharse de Tarquinia. Roma parecía la mejor para esto: que en un pueblo nuevo, donde toda la nobleza es improvisada y por valor personal, habría un lugar para un hombre fuerte y emprendedor; que el sabino Tacio había reinado y que Numa fue llamado desde Cures al reino, y que Anco había nacido de una madre sabina y era noble por la sola imagen de Numa. Fácilmente le persuade de que tenga ansia de honor y de que para él Tarquinia era sólo la patria materna. Y así llevadas las cosas, emigran a Roma. Por casualidad, se había llegado al monte Janículo; allí, sentado este con su esposa en un coche, un águila descendiendo suavemente planeando las alas, se lleva el gorro, y revoloteando sobre el coche con gran grito, lo vuelve a poner de nuevo en la cabeza adecuadamente, como si fuera enviada a un servicio por parte de los dioses; luego se alejó a lo alto. Se dice que Tanaquil, mujer conocedora de los prodigios celestes, como el pueblo etrusco, recibió con alegría este augurio. Abrazándolo, manda a su marido esperar magníficas y altas cosas: que este ave ha venido de esta región del cielo y como mensajera de este dios; que había hecho el augurio sobre la parte más elevada del hombre; que había levantado un adorno que se pone sobre la cabeza humana para devolvérselo de parte de los dioses. Llevando consigo estas esperanzas y pensamientos, entraron en la ciudad, y, adquiriendo allí un domicilio, le dieron el nombre de Lucio Tarquinio Prisco. La novedad y las riquezas hacían a este centro de atención para los romanos y él mismo ayudaba a su fortuna con su afable conversación, con la amabilidad de invitar y procurándose con favores a cuanto podía, hasta que la fama sobre este es llevada también al palacio real. Había llevado esta noticia en breve al rey, desempeñando sus funciones afable y hábilmente en derechos de amistad familiar, de modo que tomaba parte de las decisiones públicas e igualmente privadas en la guerra y en la paz y experimentado por todas las cosas, finalmente. incluso fue nombrado en el testamento del rey tutor para sus hijos. |
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Regnauit Ancus annos quattuor et uiginti, cuilibet superiorum regum belli pacisque et artibus et gloria par. Iam filii prope puberem aetatem erant. Eo magis Tarquinius instare ut quam primum comitia regi creando fierent. Quibus indictis sub tempus pueros uenatum ablegauit. Isque primus et petisse ambitiose regnum et orationem dicitur habuisse ad conciliandos plebis animos compositam: cum se non rem nouam petere, quippe qui non primus, quod quisquam indignari mirariue posset, sed tertius Romae peregrinus regnum adfectet; et Tatium non ex peregrino solum sed etiam ex hoste regem factum, et Numam ignarum urbis, non petentem, in regnum ultro accitum: se ex quo sui potens fuerit Romam cum coniuge ac fortunis omnibus commigrasse; maiorem partem aetatis eius qua ciuilibus officiis fungantur homines, Romae se quam in uetere patria uixisse; domi militiaeque sub haud paenitendo magistro, ipso Anco rege, Romana se iura, Romanos ritus didicisse; obsequio et obseruantia in regem cum omnibus, benignitate erga alios cum rege ipso certasse. Haec eum haud falsa memorantem ingenti consensu populus Romanus regnare iussit. Ergo uirum cetera egregium secuta, quam in petendo habuerat, etiam regnantem ambitio est; nec minus regni sui firmandi quam augendae rei publicae memor centum in patres legit qui deinde minorum gentium sunt appellati, factio haud dubia regis cuius beneficio in curiam uenerant. Bellum primum cum Latinis gessit et oppidum ibi Apiolas ui cepit; praedaque inde maiore quam quanta belli fama fuerat reuecta ludos opulentius instructiusque quam priores reges fecit. Tum primum circo qui nunc maximus dicitur designatus locus est. Loca diuisa patribus equitibusque ubi spectacula sibi quisque facerent; fori appellati; spectauere furcis duodenos ab terra spectacula alta sustinentibus pedes. Ludicrum fuit equi pugilesque ex Etruria maxime acciti. Sollemnes deinde annui mansere ludi, Romani magnique uarie appellati. Ab eodem rege et circa forum priuatis aedificanda diuisa sunt loca; porticus tabernaeque factae. |
CAPÍTULO XXXV Anco reinó durante veinticuatro años, siendo igual a cualquiera de los reyes anteriores tanto en la habilidad como en la gloria de la paz y de la guerra. Sus hijos ya estaban cerca de la edad viril. Por ello Tarquinio insistió más para que cuanto antes se hicieran comicios para elegir al rey. Convocados estos, por aquel tiempo, alejó a los niños para cazar. Se dice que este fue el primero que no sólo pidió el reino con ambición sino que también pronunció un discurso compuesto para atraerse los ánimos de la plebe: que él no pedía nada nuevo, como quiera que no era el primero, de lo que alguno pudiera indignarse o admirarse, sino el tercer extranjero que aspiraba al reino de Roma; y que Tacio fue nombrado rey no sólo desde su condición de extranjero sino también de enemigo, y que Numa, desconocedor de la ciudad, sin pedirlo, había sido además llamado al reino: que él, desde que fuera dueño de sí, se había marchado a Roma con su esposa y todos sus bienes; que él había vivido en Roma más que en su antigua patria durante la mayor parte de esta edad en la que los hombres cumplen con los servicios del estado; que en la paz y en guerra, bajo un maestro no despreciable, el mismo rey Anco, él había aprendido las leyes romanas, los ritos romanos; que había rivalizado en sumisión y respeto al rey con todos, en benignidad hacia los demás con el mismo rey. Por enorme unanimidad el pueblo romano ordenó que reinara este que les recordaba cosas que no eran falsas. Así pues, a este hombre, egregio en lo demás, le llegó también en su reinado la ambición, que había tenido al pedirlo, y no acordándose menos de afianzar su reino que de acrecentar la república, eligió a cien senadores que luego fueron llamados de segunda clase, facción sin duda del rey con cuyo favor habían llegado a la curia. Primero, hizo la guerra contra los latinos y allí tomó por la fuerza la ciudad de Apiolas; y cogido de allí un botín mayor que cuán grande fue la gloria de la guerra, hizo unos juegos con más opulencia y mejor organización que los anteriores reyes. Entonces, en primer lugar, fue designado un lugar para el circo que ahora se llama Máximo. Fueron separados lugares para los senadores y los caballeros donde cada uno se construyese su asiento; son llamados “foros”; construyeron altas graderías sosteniéndolas puntales de doce pies desde la tierra. El juego consistió en caballos y púgiles traídos, sobre todo, de Etruria. Luego, estos juegos solemnes permanecieron anuales y fueron llamados diversamente romanos y grandes. Por este mismo rey también fueron divididos lugares para edificarlos cerca del foro para los ciudadanos particulares; se hicieron pórticos y tabernas. |
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Muro quoque lapideo circumdare urbem parabat cum Sabinum bellum coeptis interuenit. Adeoque ea subita res fuit ut prius Anienem transirent hostes quam obuiam ire ac prohibere exercitus Romanus posset. Itaque trepidatum Romae est; et primo dubia uictoria, magna utrimque caede pugnatum est. Reductis deinde in castra hostium copiis datoque spatio Romanis ad comparandum de integro bellum, Tarquinius equitem maxime suis deesse uiribus ratus ad Ramnes, Titienses, Luceres, quas centurias Romulus scripserat, addere alias constituit suoque insignes relinquere nomine. Id quia inaugurato Romulus fecerat, negare Attus Nauius, inclitus ea tempestate augur, neque mutari neque nouum constitui nisi aues addixissent posse. Ex eo ira regi mota; eludensque artem ut ferunt, "Age dum" inquit, "diuine tu, inaugura fierine possit quod nunc ego mente concipio." Cum ille augurio rem expertus profecto futuram dixisset, "Atqui hoc animo agitaui" inquit, "te nouacula cotem discissurum. Cape haec et perage quod aues tuae fieri posse portendunt." Tum illum haud cunctanter discidisse cotem ferunt. Statua Atti capite uelato, quo in loco res acta est in comitio in gradibus ipsis ad laeuam curiae fuit, cotem quoque eodem loco sitam fuisse memorant ut esset ad posteros miraculi eius monumentum. Auguriis certe sacerdotioque augurum tantus honos accessit ut nihil belli domique postea nisi auspicato gereretur, concilia populi, exercitus uocati, summa rerum, ubi aues non admisissent, dirimerentur. Neque tum Tarquinius de equitum centuriis quicquam mutauit; numero alterum tantum adiecit, ut mille et octingenti equites in tribus centuriis essent. Posteriores modo sub iisdem nominibus qui additi erant appellati sunt; quas nunc quia geminatae sunt sex uocant centurias. |
CAPÍTULO XXXVI Preparaba también rodear la ciudad con un muro de piedra cuando la guerra sabina interrumpió sus proyectos. Fue este un asunto tan repentino que los enemigos atravesaron el Anio antes de que el ejército romano pudiera salir a su encuentro y rechazarlos. Así pues, cunde la confusión en Roma; y, primeramente, se luchó con victoria dudosa y con una gran matanza por ambas partes. Luego, retiradas las tropas de los enemigos al campamento y dado tiempo a los romanos para preparar la guerra de nuevo, Tarquinio, pensando que a sus fuerzas les faltaba, sobre todo, caballería, decidió añadir otras a Ramnes, Ticienses y Luceres, centurias que Rómulo había creado y honrarlas con su nombre. Puesto que Rómulo había hecho esto después de consultar los augurios, Ato Navio, el augur más famoso en aquel tiempo, dijo que no podía ni cambiarse ni constituirse cosas nuevas a no ser que las aves fueran favorables. Por esto, la ira del rey fue incitada; y burlándose de su arte, según cuentan, dijo: “Ea, pues, tú, adivino, consulta a los augurios si se puede hacer lo que yo ahora concibo en mi mente.” Como aquel, experimentado, consultado el augurio, hubiera dicho que aquello sería posible, dice: “Pues bien, esto es lo que proyecté en mi ánimo, que tú deberías cortar una piedra con una navaja. Toma estas cosas y lleva a cabo lo que tus aves anuncian que puede ser hecho.” Dicen que entonces aquel, sin vacilar, cortó la piedra. La estatua de Ato, cubierta la cabeza con un velo, en el lugar en el que ocurrió el suceso, estuvo en el comicio en las mismas gradas a la izquierda de la curia; dicen que la piedra fue colocada también en el mismo lugar para que fuera testimonio de este prodigio para los descendientes. Lo cierto es que a los augures y al sacerdocio de los augures se le añadió un honor tan grande que después nada se hacía ni en la guerra ni en la paz a no ser después de consultar los auspicios, las asambleas del pueblo, las levas del ejército, lo más importante de los asuntos, cuando las aves no lo aprobaban, eran suspendidos. Y entonces Tarquinio no cambió nada sobre las centurias de la caballería; añadió sólo otra cantidad al número de modo que los mil doscientos jinetes estuvieran en las tres centurias. Los que habían sido añadidos sólo fueron llamados “posteriores” bajo aquellos mismos nombres; a estos ahora las llaman las seis centurias porque han sido duplicadas. |
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Hac parte copiarum aucta iterum cum Sabinis confligitur. Sed praeterquam quod uiribus creuerat Romanus exercitus, ex occulto etiam additur dolus, missis qui magnam uim lignorum, in Anienis ripa iacentem, ardentem in flumen conicerent; uentoque iuuante accensa ligna et pleraque in ratibus impacta sublicisque cum haererent, pontem incendunt. Ea quoque res in pugna terrorem attulit Sabinis, et fusis eadem fugam impedit; multique mortales cum hostem effugissent in flumine ipso periere, quorum fluitantia arma ad urbem cognita in Tiberi prius paene quam nuntiari posset insignem uictoriam fecere. Eo proelio praecipua equitum gloria fuit; utrimque ab cornibus positos, cum iam pelleretur media peditum suorum acies, ita incurrisse ab lateribus ferunt, ut non sisterent modo Sabinas legiones ferociter instantes cedentibus, sed subito in fugam auerterent. Montes effuso cursu Sabini petebant, et pauci tenuere: maxima pars, ut ante dictum est, ab equitibus in flumen acti sunt. Tarquinius, instandum perterritis ratus, praeda captiuisque Romam missis, spoliis hostium -id uotum Volcano erat- ingenti cumulo accensis, pergit porro in agrum Sabinum exercitum inducere; et quamquam male gesta res erat nec gesturos melius sperare poterant, tamen, quia consulendi res non dabat spatium, ire obuiam Sabini tumultuario milite; iterumque ibi fusi, perditis iam prope rebus pacem petiere. |
CAPÍTULO XXXVII Aumentada esta parte de las tropas, se lucha de nuevo contra los sabinos. Pero además de que el ejército romano había crecido en fuerzas, se añade también en secreto la astucia, enviados los que debían arrojar al río una gran cantidad de troncos, ardiendo, que yacían en la orilla del Anio; ayudando el viento como se clavaran los troncos encendidos y la mayor parte chocando contra el puente y sus puntales, incendian el puente. También este asunto llevó el terror a los sabinos en la lucha, y esto mismo impide la fuga a los desterrados; y muchos hombres, al huir del enemigo, perecieron en el mismo río, cuyas armas flotando hasta la ciudad en el Tíber, reconocidas, hicieron insigne la victoria casi antes de que pudiera anunciarse. En este combate casi toda la gloria fue de la caballería; dicen que colocados por ambos lados en las alas, como ya era rechazada la columna central de sus infantes, se lanzaron por los costados de tal forma que no sólo detuvieron a las legiones sabinas valerosamente acosando a los que huían, sino que las encaminan de pronto a la huida. Los sabinos buscaban los montes en su desordenada carrera y pocos los tuvieron: la mayor parte, como antes se dijo, fueron llevados por la caballería hacia el río. Tarquinio, pensando que se tenía que perseguir a los asustados, enviados el botín y los cautivos a Roma, encendidos en un inmenso montón los despojos de los enemigos -esto era un voto a Vulcano-, continúa conduciendo adelante al ejército hacia el campo sabino; y aunque la empresa guerrera había sido realizada mal, y no podían esperar que la llevaran a cabo mejor, sin embargo, puesto que el asunto no daba tiempo de pensar, los sabinos les salieron al encuentro con un ejército reclutado a toda prisa; y, derrotados allí de nuevo, ya casi perdidos los recursos, pidieron la paz. |
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Collatia et quidquid citra
Collatiam agri erat Sabinis ademptum; Egerius -fratris hic filius erat
regis- Collatiae in praesidio relictus. Deditosque Collatinos ita accipio
eamque deditionis formulam esse: rex interrogauit: "Estisne uos legati
oratoresque missi a populo Collatino ut uos populumque Collatinum
dederetis?" -"Sumus."- "Estne populus Collatinus in sua potestate?"
-"Est."- "Deditisne uos populumque Collatinum, urbem, agros, aquam,
terminos, delubra, utensilia, diuina humanaque omnia, in meam populique
Romani dicionem?" -"Dedimus."- "At ego recipio."
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CAPÍTULO XXXVIII Colacia y lo que de campo
había en la parte de acá de Colacia fue arrebatado a los sabinos; Egerio
-este era el hijo del hermano del rey- fue dejado en Colacia en la
guarnición. Y he oído que los colatinos se rindieron así y que la fórmula
de la rendición era esta: el rey preguntó: -“¿Sois vosotros los legados y
oradores enviados por el pueblo colatino para que os entreguéis vosotros y
el pueblo colatino?” -“Lo somos.” -“¿Está el pueblo colatino bajo su
propia potestad?” -“Lo está.” -“¿Os entregáis a vosotros y al pueblo
colatino, la ciudad, los campos, el agua, los límites, los templos, los
utensilios, todas las cosas divinas y humanas, a mi poder y el del pueblo
romano?” -“Lo entregamos.” -“Y yo os recibo.”
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Eo tempore in regia prodigium uisu euentuque mirabile fuit. Puero dormienti, cui Seruio Tullio fuit nomen, caput arsisse ferunt multorum in conspectu; plurimo igitur clamore inde ad tantae rei miraculum orto excitos reges, et cum quidam familiarium aquam ad restinguendum ferret, ab regina retentum, sedatoque eam tumultu moueri uetuisse puerum donec sua sponte experrectus esset; mox cum somno et flammam abisse. Tum abducto in secretum uiro Tanaquil "Viden tu puerum hunc" inquit, "quem tam humili cultu educamus? Scire licet hunc lumen quondam rebus nostris dubiis futurum praesidiumque regiae adflictae; proinde materiam ingentis publice priuatimque decoris omni indulgentia nostra nutriamus." Inde puerum liberum loco coeptum haberi erudirique artibus quibus ingenia ad magnae fortunae cultum excitantur. Euenit facile quod dis cordi esset: iuuenis euasit uere indolis regiae nec, cum quaereretur gener Tarquinio, quisquam Romanae iuuentutis ulla arte conferri potuit, filiamque ei suam rex despondit. Hic quacumque de causa tantus illi honos habitus credere prohibet serua natum eum paruumque ipsum seruisse. Eorum magis sententiae sum qui Corniculo capto Ser. Tulli, qui princeps in illa urbe fuerat, grauidam uiro occiso uxorem, cum inter reliquas captiuas cognita esset, ob unicam nobilitatem ab regina Romana prohibitam ferunt seruitio partum Romae edidisse Prisci Tarquini in domo; inde tanto beneficio et inter mulieres familiaritatem auctam et puerum, ut in domo a paruo eductum, in caritate atque honore fuisse; fortunam matris, quod, capta patria in hostium manus uenerit, ut serua natus crederetur fecisse. |
CAPÍTULO XXXIX En aquel tiempo hubo en el palacio real un prodigio admirable por su apariencia y por su resultado. A un niño que dormía, cuyo nombre era Servio Tulio, dicen que le ardió la cabeza a la vista de muchos; así pues, que levantando un gran clamor hacia un prodigio de tanta grandeza, los reyes fueron atraídos y, que como uno de los criados trajera agua para apagar el fuego, fue detenido por la reina, y que, calmado el tumulto, prohíbe que el niño sea movido hasta que se despertara por sí sólo; en seguida, con el sueño se fue también la llama. Entonces Tanaquil, llevado su esposo a un lugar apartado, le dijo: “¿Ves tú a este niño al que educamos en tan humilde género de vida? Se puede saber que este será luz para nuestras cosas dudosas y defensa para el trono quebrantado; así pues, cuidemos con toda nuestra bondad la semilla de una ingente gloria pública y privadamente.” Desde aquel momento el niño comenzó a ser tenido en el lugar de los hijos y a ser instruido en las disciplinas por las que las disposiciones naturales son estimuladas para el gusto de una elevada fortuna. Fácilmente sucedió lo que era del agrado de los dioses: el joven llegó a ser verdaderamente de carácter real y, como se buscara un yerno para Tarquinio, cualquiera de la juventud romana no pudo ser comparado a este en ningún arte, el rey le entregó a su hija en matrimonio. Este honor tan grande habido para que cualquiera que fuera la causa, impide creer que este hubiera nacido de una esclava y que de pequeño él mismo fuera esclavo. Soy más de la opinión de estos que dicen que, capturado Cornículo, la esposa encinta de Servio Tulio, que había sido el jefe en aquella ciudad, muerto su marido, preservada de la esclavitud por la reina romana a causa de su nobleza única, dio a luz a su hijo en Roma en casa de Prisco Tarquinio; que luego, de un beneficio tan grande también aumentó la amistad entre las mujeres, y que el niño, como fue educado desde pequeño en la casa, estuvo en amor y honor; que la suerte de su madre, porque capturada su patria, había venido a manos de los enemigos, hizo que se creyera que había nacido de una esclava.
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Duodequadragesimo ferme anno ex quo regnare coeperat Tarquinius, non apud regem modo sed apud patres plebemque longe maximo honore Ser. Tullius erat. Tum Anci filii duo etsi antea semper pro indignissimo habuerant se patrio regno tutoris fraude pulsos, regnare Romae advenam non modo vicinae sed ne Italicae quidem stirpis, tum impensius iis indignitas crescere si ne ab Tarquinio quidem ad se rediret regnum, sed praeceps inde porro ad seruitia caderet, ut in eadem civitate post centesimum fere annum quam Romulus deo prognatus deus ipse tenuerit regnum donec in terris fuerit, id seruus serva natus possideat. Cum commune Romani nominis tum praecipue id domus suae dedecus fore, si Anci regis virili stirpe salua non modo advenis sed seruis etiam regnum Romae pateret. Ferro igitur eam arcere contumeliam statuunt; sed et iniuriae dolor in Tarquinium ipsum magis quam in Seruium eos stimulabat, et quia gravior ultor caedis, si superesset, rex futurus erat quam priuatus; tum Seruio occiso, quemcumque alium generum delegisset, eundem regni heredem facturus videbatur; ob haec ipsi regi insidiae parantur. Ex pastoribus duo ferocissimi delecti ad facinus, quibus consueti erant uterque agrestibus ferramentis, in uestibulo regiae quam potuere tumultuosissime specie rixae in se omnes apparitores regios convertunt; inde, cum ambo regem appellarent clamorque eorum penitus in regiam pervenisset, vocati ad regem pergunt. Primo uterque vociferari et certatim alter alteri obstrepere; coerciti ab lictore et iussi in vicem dicere tandem obloqui desistunt; unus rem ex composito orditur. Cum intentus in eum se rex totus averteret, alter elatam securim in caput deiecit, relictoque in volnere telo ambo se foras eiciunt. |
CAPÍTULO XL Alrededor del trigésimo octavo año desde que empezó a reinar Tarquinio, Servio Tulio estaba en el mayor honor no sólo ante el rey, sino también ante los senadores y el pueblo. Entonces los dos hijos de Anco, aunque antes siempre habían tenido por muy injusto el que ellos hubieran sido alejados del reino paterno por engaño de su tutor, que reinara en Roma un extranjero no ya de una familia vecina sino ni siquiera itálica, crecía entonces para ellos el ultraje más intensamente, si ni siquiera de Tarquinio volvería el reino a ellos, sino que de ahí en adelante en rápido declive recaería sobre los esclavos, de modo que en esta ciudad casi en el centésimo año después que Rómulo, él mismo dios nacido de un dios, tuviera el reino mientras estuvo en la tierra, lo poseyera un esclavo nacido de una esclava. Esto sería una deshonra no sólo común del pueblo romano, sino principalmente de su casa, si, salvada la descendencia varonil del rey Anco, el reino de Roma fuera abierto no sólo a extranjeros, sino incluso a esclavos. Así pues, deciden impedir esta afrenta con el hierro; pero no sólo el dolor de la injuria los impulsaba más contra el mismo Tarquinio que contra Servio, sino también porque el rey, si sobreviviera, iba a ser un vengador más riguroso del crimen que un particular; además, se veía que, muerto Servio, a cualquier otro que eligiera como yerno, lo habría hecho heredero del reino; por estas cosas se preparan asechanzas contra el mismo rey. De entre los pastores dos muy valerosos son elegidos para el crimen, cada uno con herramientas agrícolas a las que estaban acostumbrados, en el vestíbulo del palacio real al que pudieron llegar, con una tumultuosísima apariencia de riña se atraen hacia ellos a todos los servidores reales; luego, como ambos llamaban al rey y el clamor de estos hubiera llegado al palacio real hasta lo más hondo, llamados van hacia el rey. En primer lugar, uno y otro vociferan y se interrumpen uno a otro a porfía reprendidos y obligados por el lictor a hablar por turno, desisten finalmente de interrumpirse: uno solo comenzó el asunto según lo convenido. Como el rey se volviera todo atento hacia aquel, el otro deja caer sobre su cabeza el hacha levantada y, dejada el arma en la herida, ambos se precipitan fuera. |
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Tarquinium moribundum cum qui
circa erant excepissent, illos fugientes lictores comprehendunt. Clamor
inde concursusque populi, mirantium quid rei esset. Tanaquil inter
tumultum claudi regiam iubet, arbitros eiecit. Simul quae curando uolneri
opus sunt, tamquam spes subesset, sedulo comparat, simul si destituat
spes, alia praesidia molitur. Seruio propere accito cum paene exsanguem
uirum ostendisset, dextram tenens orat ne inultam mortem soceri, ne socrum
inimicis ludibrio esse sinat. "Tuum est" inquit, "Serui, si uir es,
regnum, non eorum qui alienis manibus pessimum facinus fecere. Erige te
deosque duces sequere qui clarum hoc fore caput diuino quondam circumfuso
igni portenderunt. Nunc te illa caelestis excitet flamma; nunc
expergiscere uere. Et nos peregrini regnauimus; qui sis, non unde natus
sis reputa. Si tua re subita consilia torpent, at tu mea consilia
sequere." Cum clamor impetusque multitudinis uix sustineri posset, ex
superiore parte aedium per fenestras in Nouam uiam uersas -habitabat enim
rex ad Iouis Statoris- populum Tanaquil adloquitur. Iubet bono animo esse;
sopitum fuisse regem subito ictu; ferrum haud alte in corpus descendisse;
iam ad se redisse; inspectum uolnus absterso cruore; omnia salubria esse;
confidere propediem ipsum eos uisuros; interim Ser. Tullio iubere populum
dicto audientem esse; eum iura redditurum obiturumque alia regis munia
esse. |
CAPÍTULO XLI Habiendo recogido los que
estaban alrededor a Tarquinio moribundo, los lictores apresan a aquellos
que huían. Luego el clamor y la concurrencia del pueblo, preguntándose qué
cosa ocurría. Tanaquil, en medio del tumulto, ordena que el palacio real
sea cerrado, expulsa a los curiosos. Al mismo tiempo, prepara
cuidadosamente las cosas que son necesarias para curar la herida, como si
quedase esperanza, al mismo tiempo, por si la esperanza fallara, se afana
en otros preparativos. Llamado Servio apresuradamente, como le muestra al
hombre casi sin fuerzas, cogiéndole la mano derecha, le ruega que no deje
la muerte de su suegro impune ni que su suegra sirva de escarnio para los
enemigos. “Tuyo es,” dijo, “Servio, si eres hombre, el reino, no de
aquellos que cometieron un crimen horrible por manos ajenas. Levántate y
sigue a los dioses como jefes, que, rodeando tu cabeza un fuego divino una
vez, anunciaron que serías ilustre. Que ahora te estimule aquella llama
celestial; despiértate ahora de verdad. También nosotros, siendo
extranjeros, hemos reinado; piensa quién eres, no de dónde has nacido. Si
tus decisiones están paralizadas por este asunto imprevisto, al menos,
sigue tú mis consejos.” Como el clamor y el empuje de la multitud apenas
podían ser sostenidos, desde la parte superior de la casa a través de unas
ventanas vueltas hacia la Via Nova -en efecto, el rey habitaba junto al
templo de Júpiter Estator- Tanaquil habla al pueblo. Manda estar de buen
ánimo; que el rey estaba aturdido por un repentino golpe; que el hierro
había penetrado no profundamente en el cuerpo; que ya volvía en sí; que la
herida había sido examinada, enjuagada la sangre; que todo era saludable;
que él mismo confiaba en que pronto ellos lo verían; que entretanto
mandaba que el pueblo fuera obediente a Servio tulio en lo que diga; que
él administraría justicia y desempeñaría las restantes funciones de rey.
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Nec iam publicis magis consiliis Seruius quam priuatis munire opes, et ne, qualis Anci liberum animus aduersus Tarquinium fuerat, talis aduersus se Tarquini liberum esset, duas filias iuuenibus regiis, Lucio atque Arrunti Tarquiniis iungit; nec rupit tamen fati necessitatem humanis consiliis quin inuidia regni etiam inter domesticos infida omnia atque infesta faceret. Peropportune ad praesentis quietem status bellum cum Veientibus -iam enim indutiae exierant- aliisque Etruscis sumptum. In eo bello et uirtus et fortuna enituit Tulli; fusoque ingenti hostium exercitu haud dubius rex, seu patrum seu plebis animos periclitaretur, Romam rediit. Adgrediturque inde ad pacis longe maximum opus, ut quemadmodum Numa diuini auctor iuris fuisset, ita Seruium conditorem omnis in ciuitate discriminis ordinumque quibus inter gradus dignitatis fortunaeque aliquid interlucet posteri fama ferrent. Censum enim instituit, rem saluberrimam tanto futuro imperio, ex quo belli pacisque munia non uiritim, ut ante, sed pro habitu pecuniarum fierent; tum classes centuriasque et hunc ordinem ex censu discripsit, uel paci decorum uel bello. |
CAPÍTULO XLII Servio fortificó su poder ya no más con decisiones públicas que con privadas, y para que, cual el ánimo de los hijos de Anco había estado contra Tarquinio, no fuera tal el de los hijos de Tarquinio contra él, da a sus dos hijas en matrimonio a los jóvenes de sangre real, Lucio y Arruns Tarquinios; y, sin embargo, no rompió el curso del destino con las decisiones humanas, a saber, que la envidia del reino también entre los familiares hiciera todas las cosas desleales y horribles. Muy oportunamente para la tranquilidad del estado presente, se emprendió la guerra contra los veyentinos -en efecto, ya habían terminado las treguas- y contra otros etruscos. En esta guerra se puso de manifiesto tanto el valor como la fortuna de Tulio; y, derrotado el ingente ejército de los enemigos, sondeando ya los ánimos de los senadores, ya los del pueblo, vuelve a Roma como rey, sin duda. Y se emprende, luego, la obra mayor con mucho para la paz, de manera que, lo mismo que Numa había sido el fundador de las instituciones religiosas, así los descendientes consideran por su fama a Servio fundador de toda diferencia y clases en la ciudad para los que había alguna diferencia entre los grados de dignidad y fortuna. En efecto, instituye el censo, cosa muy provechosa para el poder que había de ser tan grande, a partir del cual los deberes de la guerra y de la paz no se hacían por hombres, como antes, sino según la fortuna; entonces a partir del censo, formó las clases y centurias y este orden, conveniente ya para la paz ya para la guerra. |
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Ex iis qui centum milium aeris aut maiorem censum haberent octoginta confecit centurias, quadragenas seniorum ac iuniorum; prima classis omnes appellati; seniores ad urbis custodiam ut praesto essent, iuuenes ut foris bella gererent; arma his imperata galea, clipeum, ocreae, lorica, omnia ex aere; haec ut tegumenta corporis essent: tela in hostem hastaque et gladius. Additae huic classi duae fabrum centuriae quae sine armis stipendia facerent; datum munus ut machinas in bello ferrent. Secunda classis intra centum usque ad quinque et septuaginta milium censum instituta, et ex iis, senioribus iunioribusque, uiginti conscriptae centuriae; arma imperata scutum pro clipeo et praeter loricam omnia eadem. Tertiae classis in quinquaginta milium censum esse uoluit; totidem centuriae et hae eodemque discrimine aetatium factae; nec de armis quicquam mutatum, ocreae tantum ademptae. In quarta classe census quinque et uiginti milium, totidem centuriae factae, arma mutata: nihil praeter hastam et uerutum datum. Quinta classis aucta; centuriae triginta factae; fundas lapidesque missiles hi secum gerebant; in his accensi cornicines tubicinesque in duas centurias distributi; undecim milibus haec classis censebatur. Hoc minor census reliquam multitudinem habuit; inde una centuria facta est, immunis militia. Ita pedestri exercitu ornato distributoque, equitum ex primoribus ciuitatis duodecim scripsit centurias; sex item alias centurias, tribus ab Romulo institutis, sub iisdem quibus inauguratae erant nominibus fecit. Ad equos emendos dena milia aeris ex publico data, et, quibus equos alerent, uiduae attributae quae bina milia aeris in annos singulos penderent. Haec omnia in dites a pauperibus inclinata onera. Deinde est honos additus. Non enim, ut ab Romulo traditum ceteri seruauerant reges, uiritim suffragium eadem ui eodemque iure promisce omnibus datum est; sed gradus facti, ut neque exclusus quisquam suffragio uideretur et uis omnis penes primores ciuitatis esset; equites enim uocabantur primi, octoginta inde primae classis centuriae, ibi si uariaret -quod raro incidebat- secundae classis; nec fere unquam infra ita descenderunt ut ad infimos peruenirent. Nec mirari oportet hunc ordinem qui nunc est post expletas quinque et triginta tribus, duplicato earum numero centuriis iuniorum seniorumque, ad institutam ab Ser. Tullio summam non conuenire. Quadrifariam enim urbe diuisa regionibus collibus qui habitabantur, partes eas tribus appellauit, ut ego arbitror, ab tributo; nam eius quoque aequaliter ex censu conferendi ab eodem inita ratio est; neque eae tribus ad centuriarum distributionem numerumque quicquam pertinuere. |
CAPÍTULO XLIII De estos que tuvieran un censo de cien mil ases o mayor, hizo ochenta centurias, cuarenta de los mayores y cuarenta de los más jóvenes; todos fueron llamados la primera clase; los mayores para que estuvieran prontos para la defensa de la ciudad, los jóvenes para que hicieran las guerras fuera; las armas exigidas a estos eran casco, escudo redondo, grebas y coraza, todas de bronce; estas para que fueran cobertura del cuerpo; como armas contra el enemigo, la lanza y la espada. A esta clase son añadidas dos centurias de obreros que hacían el servicio sin armas; les fue dado el oficio de que llevaran las máquinas de guerra. La segunda clase fue instituida entre el censo de cien hasta setenta y cinco mil y de estos, los mayores y los más jóvenes, fueron alistadas veinte centurias; las armas exigidas fueron un escudo largo en vez del redondo, y, a excepción de la coraza, las mismas. El censo de la tercera parte quiso que fuera de cincuenta mil; fueron hechas otras tantas centurias y estas con la misma división de edades; ni se cambió nada sobre las armas, sólo fueron quitadas las grebas. En la cuarta clase, el censo era de veinticinco mil, otras tantas centurias fueron hechas, las armas cambiadas: no se les da nada a excepción de la lanza y el dardo. La quinta clase fue aumentada; se hacen treinta centurias; estos llevaban consigo hondas y piedras arrojadizas; en estas estaban los soldados de reserva, los corneteros y los trompeteros, divididos en tres centurias. Esta clase estaba censada en once mil. Un censo menor que este comprendía a la restante multitud; luego es hecha una centuria, exenta del servicio militar. Así equipado y distribuido el ejército de infantería, formó doce centurias de caballería de los principales de la ciudad; asimismo, hizo otras seis centurias, instituidas tres por Rómulo, bajo estos mismos nombres con los que habían sido consagradas. Para comprar caballos, fueron dados diez mil ases del tesoro público y fueron asignadas viudas para que cada año pagaran dos mil ases con los que alimentar a los caballos. Todas estas cargas fueron inclinadas de los pobres a los ricos. Luego fue añadido el cargo honorífico. En efecto, como los demás reyes habían conservado la tradición desde Rómulo, el sufragio no es dado a todos indistintamente con el mismo valor y el mismo derecho por persona; sino que se hicieron grados, para que ninguno pareciese excluido del voto y el poder estuviera en manos de todos los principales de la ciudad; en efecto, los caballeros eran llamados los primeros, luego las ochenta centurias de la primera clase; si entonces había desacuerdo -lo que raramente sucedía-, la segunda clase, y casi nunca descendían más abajo, de modo que llegaran a los más bajos. Y conviene no extrañarse de que este orden que ahora es de treinta y cinco tribus después de aumentadas, duplicado el número de estas con las centurias de los más jóvenes y los mayores, no coincide con la suma establecida por Servio Tulio. En efecto, dividida la ciudad en cuatro regiones según las colinas que eran habitadas, llamó a estas partes tribus, según creo yo, de “tributo”: pues la medida de pagar este también proporcionalmente según el censo fue iniciada por este mismo; y estas tribus no se refirieron en nada a la distribución y número de las centurias. |
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Censu perfecto quem maturauerat metu legis de incensis latae cum uinculorum minis mortisque, edixit ut omnes ciues Romani, equites peditesque, in suis quisque centuriis, in campo Martio prima luce adessent. Ibi instructum exercitum omnem suouetaurilibus lustrauit, idque conditum lustrum appellatum, quia is censendo finis factus est. Milia octoginta eo lustro ciuium censa dicuntur; adicit scriptorum antiquissimus Fabius Pictor, eorum qui arma ferre possent eum numerum fuisse. Ad eam multitudinem urbs quoque amplificanda uisa est. Addit duos colles, Quirinalem Viminalemque; Viminalem inde deinceps auget Esquiliis; ibique ipse, ut loco dignitas fieret, habitat; aggere et fossis et muro circumdat urbem; ita pomerium profert. Pomerium uerbi uim solam intuentes postmoerium interpretantur esse; est autem magis circamoerium, locus quem in condendis urbibus quondam Etrusci qua murum ducturi erant certis circa terminis inaugurato consecrabant, ut neque interiore parte aedificia moenibus continuarentur, quae nunc uolgo etiam coniungunt, et extrinsecus puri aliquid ab humano cultu pateret soli. Hoc spatium quod neque habitari neque arari fas erat, non magis quod post murum esset quam quod murus post id, pomerium Romani appellarunt; et in urbis incremento semper quantum moenia processura erant tantum termini hi consecrati proferebantur. |
CAPÍTULO XLIV Acabado el censo, que había terminado apresuradamente por el miedo a una ley decretada sobre los no censados con amenazas de prisión y muerte, ordenó que todos los ciudadanos romanos, caballeros e infantes, cada uno en sus centurias, se presentaran en el campo de Marte al amanecer. Allí purificó a todo el ejército alineado con el sacrificio de un cerdo, y esto fue llamado “condito lustro”, porque este fue hecho como final del censo. Dicen que ochenta mil ciudadanos fueron censados en ese lustro; Fabio Píctor, el más antiguo de los escritores, añade que este fue el número de aquellos que podían llevar armas. Para esta multitud pareció que la ciudad también debía ser ampliada. Añade dos colinas, el Quirinal y el Viminal; inmediatamente después aumenta el Viminal con las Esquilas; y él mismo habita allí para que se diera dignidad al lugar; rodea la ciudad con un terraplén y con fosas y un muro; así da más extensión al recinto de la ciudad. Interpretan que el “pomerium”, considerando sólo el sentido de la palabra, era el “postmoerium”; pero era más bien el “circamoerium”, lugar que al fundarse las ciudades los etruscos en otro tiempo, con ciertos límites por donde debían construir el muro, después de tomar los augurios, consagraban, de manera que en la parte interior los edificios no se unieran a las murallas, los que ahora se unen incluso comúnmente, y en el exterior se extendiera algo de terreno libre del cultivo humano. A este espacio que no era lícito que fuera habitado o arado, no más porque estaba tras el muro que porque el muro estaba tras él, los romanos lo llamaron “pomerium”; y en el crecimiento de la ciudad siempre, cuanto las murallas debían adelantarse, tanto estos límites consagrados eran adelantados. |
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Aucta
ciuitate magnitudine urbis, formatis omnibus domi et ad belli et ad pacis
usus, ne semper armis opes adquirerentur, consilio augere imperium conatus
est, simul et aliquod addere urbi decus. Iam tum erat inclitum Dianae
Ephesiae fanum; id communiter a ciuitatibus Asiae factum fama ferebat. Eum
consensum deosque consociatos laudare mire Seruius inter proceres
Latinorum, cum quibus publice priuatimque hospitia amicitiasque de
industria iunxerat. Saepe iterando eadem perpulit tandem, ut Romae fanum
Dianae populi Latini cum populo Romano facerent. Ea erat confessio caput
rerum Romam esse, de quo totiens armis certatum fuerat. Id quamquam
omissum iam ex omnium cura Latinorum ob rem totiens infeliciter temptatam
armis uidebatur, uni se ex Sabinis fors dare uisa est priuato consilio
imperii reciperandi. |
CAPÍTULO XLV Aumentada la población con la
grandeza de la ciudad, adiestrados todos en su patria tanto para la
práctica de la guerra como de la paz, para que el poder no fuera aumentado
siempre por las armas, intentó aumentar el imperio con prudencia y, al
mismo tiempo, añadir algún esplendor a la ciudad. Ya entonces era famoso
el templo de Diana en Éfeso; la voz pública decía que esto fue hecho en
común por las ciudades de Asia. Servio alababa extraordinariamente este
consenso y los dioses unidos entre los jefes de los latinos, con quienes
había trabado amistad y hospitalidad voluntariamente en público y en
privado. Repitiendo esto mismo a menudo, los indujo finalmente a que el
pueblo latino con el pueblo romano hiciera un templo a Diana en Roma. Ese
era el reconocimiento de que Roma era la capital de todas las cosas, por
lo que tantas veces se había combatido con las armas. Aunque parecía que
esto había desaparecido de la intención de todos los latinos por el asunto
que se había intentado con las armas tantas veces sin resultado, la
fortuna de recuperar el poder pareció entregarse a uno solo de los sabinos
por propia iniciativa. |
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Seruius quamquam iam usu haud dubie regnum possederat, tamen quia interdum iactari uoces a iuuene Tarquinio audiebat se iniussu populi regnare, conciliata prius uoluntate plebis agro capto ex hostibus uiritim diuiso, ausus est ferre ad populum uellent iuberentne se regnare; tantoque consensu quanto haud quisquam alius ante rex est declaratus. Neque ea res Tarquinio spem adfectandi regni minuit; immo eo impensius quia de agro plebis aduersa patrum uoluntate senserat agi, criminandi Serui apud patres crescendique in curia sibi occasionem datam ratus est, et ipse iuuenis ardentis animi et domi uxore Tullia inquietum animum stimulante. Tulit enim et Romana regia sceleris tragici exemplum, ut taedio regum maturior ueniret libertas ultimumque regnum esset quod scelere partum foret. Hic L. Tarquinius -Prisci Tarquini regis filius neposne fuerit parum liquet; pluribus tamen auctoribus filium ediderim- fratrem habuerat Arruntem Tarquinium mitis ingenii iuuenem. His duobus, ut ante dictum est, duae Tulliae regis filiae nupserant, et ipsae longe dispares moribus. Forte ita inciderat ne duo uiolenta ingenia matrimonio iungerentur fortuna, credo, populi Romani, quo diuturnius Serui regnum esset constituique ciuitatis mores possent. Angebatur ferox Tullia nihil materiae in uiro neque ad cupiditatem neque ad audaciam esse; tota in alterum auersa Tarquinium eum mirari, eum uirum dicere ac regio sanguine ortum: spernere sororem, quod uirum nacta muliebri cessaret audacia. Contrahit celeriter similitudo eos, ut fere fit: malum malo aptissimum; sed initium turbandi omnia a femina ortum est. Ea secretis uiri alieni adsuefacta sermonibus nullis uerborum contumeliis parcere de uiro ad fratrem, de sorore ad uirum; et se rectius uiduam et illum caelibem futurum fuisse contendere, quam cum impari iungi ut elanguescendum aliena ignauia esset; si sibi eum quo digna esset di dedissent uirum, domi se propediem uisuram regnum fuisse quod apud patrem uideat. Celeriter adulescentem suae temeritatis implet; Arruns Tarquinius et Tullia minor prope continuatis funeribus cum domos uacuas nouo matrimonio fecissent, iunguntur nuptiis, magis non prohibente Seruio quam adprobante. |
CAPÍTULO XLVI Servio, aunque ya sin duda poseía el reino por su ejercicio, sin embargo, porque oía que eran dichas por el joven Tarquinio voces de que él reinaba sin consentimiento del pueblo, conciliada antes la voluntad de la plebe, distribuido hombre a hombre el campo capturado a los enemigos, se atrevió a llevar ante el pueblo si deseaba y quería que él reinara; y con tan gran unanimidad como no hubo ningún otro antes, fue declarado rey. Y este asunto no disminuyó en Tarquinio la esperanza de conseguir el poder; es más, por esto más vehementemente, porque se había dado cuenta de que acerca del campo de la plebe, se había actuado contra la voluntad de los senadores, pensó que se le había dado la ocasión de acusar a Servio ante los senadores y de elevarse en la curia, él mismo, no sólo joven de ardiente ánimo sino también excitándole su esposa Tulia en casa su ánimo inquieto. En efecto, también el palacio romano soportó un ejemplo de crimen terrible, de modo que por el tedio de los reyes viniera una libertad más rápida y fuera el último reino que hubiera surgido del crimen. Este Lucio Tarquinio -está poco claro si fue hijo o nieto de Tarquinio el viejo; sin embargo, según muchos autores yo lo consideraría su hijo- había tenido un hermano, Arruns Tarquinio, joven de carácter apacible. Con estos dos, como se dijo antes, se habían casado las dos Tulias, hijas del rey y ellas mismas muy diferentes en costumbres. Por casualidad, así había sucedido que los dos caracteres violentos no fueron unidos por el matrimonio, creo que por la fortuna del pueblo romano, para que el reinado de Servio fuera más duradero y las costumbres de la ciudad pudieran consolidarse. Se angustiaba la valerosa Tulia porque en su marido no hubiera nada de inclinación ni para la ambición ni para la audacia; vuelta toda hacia el otro Tarquinio, lo admiraba, decía que este era un hombre y que había nacido de sangre real; despreciaba a su hermana, porque esta, habiendo encontrado un hombre, lo aplacaba con su audacia femenina. Rápidamente la semejanza los atrajo, como casi siempre sucede: el mal está muy unido al mal; pero el origen de turbar todas las cosas nació de una mujer. Esta, acostumbrada a las conversaciones secretas con un marido ajeno, no se abstenía de ninguna injuria de palabras acerca de su marido ante su hermano, acerca de su hermana ante su marido, y afirmaba que hubiera sido más conveniente que ella fuera viuda y aquel célibe antes que estar unido con uno desigual, de forma que se tuviera que debilitar por la cobardía ajena. Si los dioses le hubieran dado este marido del que fuera digna, en seguida hubiera visto en su casa el reino como veía en casa de su padre. Rápidamente llena al joven de su temeridad. Arruns Tarquinio y la Tulia más joven, después de dos funerales casi seguidos, como dejaran las casas vacías para un nuevo matrimonio, se unieron en nupcias, no prohibiéndolo Servio más que aprobándolo. |
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Tum uero in dies infestior Tulli senectus, infestius coepit regnum esse; iam enim ab scelere ad aliud spectare mulier scelus. Nec nocte nec interdiu uirum conquiescere pati, ne gratuita praeterita parricidia essent: non sibi defuisse cui nupta diceretur, nec cum quo tacita seruiret; defuisse qui se regno dignum putaret, qui meminisset se esse Prisci Tarquini filium, qui habere quam sperare regnum mallet. "Si tu is es cui nuptam esse me arbitror, et uirum et regem appello; sin minus, eo nunc peius mutata res est quod istic cum ignauia est scelus. Quin accingeris? Non tibi ab Corintho nec ab Tarquiniis, ut patri tuo, peregrina regna moliri necesse est: di te penates patriique et patris imago et domus regia et in domo regale solium et nomen Tarquinium creat uocatque regem. Aut si ad haec parum est animi, quid frustraris ciuitatem? quid te ut regium iuuenem conspici sinis? Facesse hinc Tarquinios aut Corinthum; deuoluere retro ad stirpem, fratri similior quam patri." His aliisque increpando iuuenem instigat, nec conquiescere ipsa potest si, cum Tanaquil, peregrina mulier, tantum moliri potuisset animo ut duo continua regna uiro ac deinceps genero dedisset, ipsa regio semine orta nullum momentum in dando adimendoque regno faceret. His muliebribus instinctus furiis Tarquinius circumire et prensare minorum maxime gentium patres; admonere paterni beneficii ac pro eo gratiam repetere; allicere donis iuuenes; cum de se ingentia pollicendo tum regis criminibus omnibus locis crescere. Postremo ut iam agendae rei tempus uisum est, stipatus agmine armatorum in forum inrupit. Inde omnibus perculsis pauore, in regia sede pro curia sedens patres in curiam per praeconem ad regem Tarquinium citari iussit. Conuenere extemplo, alii iam ante ad hoc praeparati, alii metu ne non uenisse fraudi esset, nouitate ac miraculo attoniti et iam de Seruio actum rati. Ibi Tarquinius maledicta ab stirpe ultima orsus: seruum seruaque natum post mortem indignam parentis sui, non interregno, ut antea, inito, non comitiis habitis, non per suffragium populi, non auctoribus patribus, muliebri dono regnum occupasse. Ita natum, ita creatum regem, fautorem infimi generis hominum ex quo ipse sit, odio alienae honestatis ereptum primoribus agrum sordidissimo cuique diuisisse; omnia onera quae communia quondam fuerint inclinasse in primores ciuitatis; instituisse censum ut insignis ad inuidiam locupletiorum fortuna esset et parata unde, ubi uellet, egentissimis largiretur. |
CAPÍTULO XLVII Entonces, cada día la vejez de Tulo empezó a ser más odiosa, su reino más odioso; ya, en efecto, la mujer a partir de un crimen se propone otro crimen; ni durante la noche ni durante el día deja descansar a su marido para que no fueran inútiles sus parricidios anteriores: a ella no le había faltado por quien fuera llamada esposa ni con el que fuera esclava en silencio, le había faltado quien se considerara digno del reino, quien recordara que era hijo de Tarquinio el Viejo, quien prefiriera poseer el poder a esperarlo. “Si tú eres este al que creo haber sido desposada te llamo marido y rey. Pero si no, el asunto ha cambiado ahora a peor, porque aquí junto con la cobardía está el crimen. ¿Por qué no estás preparado? A ti, desde Corinto o desde Tarquinia, como a tu padre, no te hace falta esforzarte por conquistar un reino extranjero: los dioses penates y los patrios y la imagen de tu padre y el palacio real y el trono real en la casa y el nombre de Tarquinio te nombran y te llaman rey. O si para esto tienes poco ánimo ¿por qué engañas a la ciudad? ¿por qué permites que se te vea como hijo de reyes? Aléjate de aquí a Tarquinia o Corinto; vuelve otra vez a tu origen, más semejante a tu hermano que a tu padre”. Increpándole con estas y otras palabras instiga al joven, y ella misma no puede descansar a menos que, como Tanaquil, mujer extranjera, había podido conquistar el poder con el valor suficiente para que entregara dos reinos seguidos, uno a su marido y después otro a su yerno, ella misma nacida de linaje real, no hiciera ninguna influencia en dar y quitar el reino. Excitado por estos delirios femeninos, Tarquinio rodea y suplica a los senadores, sobre todo, a los de origen plebeyo; les hace acordarse del beneficio paterno y reclama el agradecimiento por esto; atrae a los jóvenes con regalos; no sólo prometiendo cosas grandes acerca de él mismo sino también con acusaciones del rey crecía en todos los lugares. Por fin, cuando ya le pareció el momento de tratar el asunto, rodeado por un ejército de hombres armados, irrumpe en el foro. Luego, sobrecogidos todos por el temor, sentándose en la silla real ante la Curia, ordenó que por medio del pregonero fueran convocados los senadores a la Curia ante el rey Tarquinio. Llegan en seguida, unos preparados ya antes para esto, otros por miedo de que el no venir sirviera de engaño, atónitos por la novedad y el prodigio y pensando que ya se había tratado sobre Servio. Allí Tarquinio empezó los ataques desde la estirpe más baja que esclavo y nacido de una esclava, después de la muerte indigna de sus padres, no tenidos los comicios, no comenzado el interregno, como antes, no mediante el voto del pueblo, no ratificándolo los senadores, había ocupado el trono por un regalo femenino. Así nacido, así nombrado rey, defensor de la raza de hombres más baja, de la que él mismo procedía, por odio de la honestidad ajena, arrebatando el campo a los principales, lo repartió a cada uno de los más viles; todas las cargas, aunque habían sido comunes, las hizo caer sobre los primeros de la ciudad; estableció el censo para que la fortuna de los más ricos fuera notable para la envidia y preparada de donde, cuando quisiera, se diera copiosamente a los más necesitados. |
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Huic
orationi Seruius cum interuenisset trepido nuntio excitatus, extemplo a
uestibulo curiae magna uoce "Quid hoc" inquit, "Tarquini, rei est? qua tu
audacia me uiuo uocare ausus es patres aut in sede considere mea?" Cum
ille ferociter ad haec -se patris sui tenere sedem; multo quam seruum
potiorem filium regis regni heredem; satis illum diu per licentiam
eludentem insultasse dominis-, clamor ab utriusque fautoribus oritur et
concursus populi fiebat in curiam, apparebatque regnaturum qui uicisset.
Tum Tarquinius necessitate iam et ipsa cogente ultima audere, multo et
aetate et uiribus ualidior, medium arripit Seruium elatumque e curia in
inferiorem partem per gradus deiecit; inde ad cogendum senatum in curiam
rediit. Ser. Tullius regnauit annos quattuor et quadraginta ita ut bono etiam moderatoque succedenti regi difficilis aemulatio esset; ceterum id quoque ad gloriam accessit quod cum illo simul iusta ac legitima regna occiderunt. Id ipsum tam mite ac tam moderatum imperium tamen quia unius esset deponere eum in animo habuisse quidam auctores sunt, ni scelus intestinum liberandae patriae consilia agitanti interuenisset. |
CAPÍTULO XLVIII Como Servio interrumpiese este
discurso excitado por un mensajero alarmado, en seguida, desde el
vestíbulo de la Curia, con voz fuerte, dice: “¿Qué asunto es este,
Tarquinio? ¿con qué audacia, estando yo vivo, te has atrevido a convocar a
los senadores o a sentarte en mi asiento?” Como aquel respondiera
arrogantemente a estas cosas -que ocupaba el sitio de su padre; que un
hijo del rey era un heredero del reino más digno que un esclavo; que
durante bastante tiempo aquel, burlándose por libertinaje había insultado
a sus señores-, surge un griterío por los partidarios de ambos y se
produce una carrera del pueblo hacia la curia y parecía que reinaría quien
venciera. Entonces Tarquinio, obligándole también ya la misma necesidad,
se atreve a lo último, mucho más fuerte tanto por su edad como por sus
fuerzas, cogió a Servio por la cintura y llevado fuera de la Curia, lo
arrojó hacia la parte más baja por las escaleras; después vuelve a la
Curia para retener al senado. Servio Tulio reinó cuarenta y cuatro años de tal manera que incluso para un buen y moderado sucesor del rey era difícil la imitación. Por lo demás, esto también se añadió a su gloria, el que con él destruyeran al mismo tiempo la realeza justa y legítima. Esta misma autoridad tan prudente y tan moderada, sin embargo, porque era de uno solo, hay algunos que dicen que aquel tenía en su mano el cederla, a no ser que un crimen doméstico se hubiera presentado al que rechazaba los proyectos de liberar su patria. |
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Inde L. Tarquinius regnare occepit, cui Superbo cognomen facta indiderunt, quia socerum gener sepultura prohibuit, Romulum quoque insepultum perisse dictitans, primoresque patrum, quos Serui rebus fauisse credebat, interfecit; conscius deinde male quaerendi regni ab se ipso aduersus se exemplum capi posse, armatis corpus circumsaepsit; neque enim ad ius regni quicquam praeter uim habebat ut qui neque populi iussu neque auctoribus patribus regnaret. Eo accedebat ut in caritate ciuium nihil spei reponenti metu regnum tutandum esset. Quem ut pluribus incuteret cognitiones capitalium rerum sine consiliis per se solus exercebat, perque eam causam occidere, in exsilium agere, bonis multare poterat non suspectos modo aut inuisos sed unde nihil aliud quam praedam sperare posset. Praecipue ita patrum numero imminuto statuit nullos in patres legere, quo contemptior paucitate ipsa ordo esset minusque per se nihil agi indignarentur. Hic enim regum primus traditum a prioribus morem de omnibus senatum consulendi soluit; domesticis consiliis rem publicam administrauit; bellum, pacem, foedera, societates per se ipse, cum quibus uoluit, iniussu populi ac senatus, fecit diremitque. Latinorum sibi maxime gentem conciliabat ut peregrinis quoque opibus tutior inter ciues esset, neque hospitia modo cum primoribus eorum sed adfinitates quoque iungebat. Octauio Mamilio Tusculano -is longe princeps Latini nominis erat, si famae credimus, ab Vlixe deaque Circa oriundus-, ei Mamilio filiam nuptum dat, perque eas nuptias multos sibi cognatos amicosque eius conciliat. |
CAPÍTULO XLIX Después comenzó a reinar Lucio Tarquinio, al que los hechos dieron el sobrenombre de “El Soberbio”, porque el yerno privó de sepultura a su suegro, diciendo que Rómulo también había muerto insepulto, y a los principales de los senadores que creían que habían favorecido en los asuntos a Servio, los asesinó; luego, consciente de que él podía ser tomado contra él mismo como ejemplo de tomar el reino violentamente, rodeó su cuerpo con hombres armados; pues para el derecho del reino no tenia nada excepto la fuerza, puesto que él reinaba sin la autoridad del pueblo y no aprobándolo los senadores. A esto se añadía que, no apoyada nada de la esperanza en el amor de los ciudadanos, el reino debía ser asegurado por el miedo. Y para infundir este a muchos, trabajaba las instituciones de asuntos capitales sin consejo por sí solo y por esta causa podía asesinar, enviar al exilio, privar de los bienes no sólo a los sospechosos, sino a los mal vistos, pero de quienes no podía esperar otra cosa que un despojo. Así, sobre todo, disminuido el número de senadores, estableció que no se eligiera a ninguno para senador para que el orden fuera más indigno por su propia pequeñez y no se indignaran de que nada se hiciera por ellos mismos. En efecto, este fue el primero de los reyes que anuló la costumbre transmitida por sus predecesores de consultar al senado sobre todas las cosas; administró el estado con las consultas domésticas; hizo y deshizo la guerra, la paz, los tratados, las sociedades por sí mismo y con quienes quiso sin consentimiento del pueblo ni del senado. Se atraía, sobre todo, al pueblo de los latinos, para que también con las fuerzas extranjeras estuviera más seguro entre los ciudadanos y estrechaba con los principales de entre ellos no sólo la hospitalidad sino el parentesco. A Octavio Mamilio Tusculano -este era con mucho el más importante del pueblo latino, si confiamos en la tradición, nacido de Ulises y la diosa Circe- a este le da su hija en matrimonio y por estas bodas se atrae a muchos parientes y amigos de este. |
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Iam magna Tarquini auctoritas inter Latinorum proceres erat, cum in diem certam ut ad lucum Ferentinae conueniant indicit: esse, quae agere de rebus communibus uelit. Conueniunt frequentes prima luce: ipse Tarquinius diem quidem seruauit, sed paulo ante quam sol occideret uenit. Multa ibi toto die in concilio uariis iactata sermonibus erant. Turnus Herdonius ab Aricia ferociter in absentem Tarquinium erat inuectus: haud mirum esse Superbo inditum Romae cognomen. -Iam enim ita clam quidem mussitantes, uolgo tamen eum appellabant.- an quicquam superbius esse quam ludificari sic omne nomen Latinum? longe ab domo excitis, ipsum, qui concilium indixerit, non adesse. temptari profecto patientiam ut, si iugum acceperint, obnoxios premat. Cui enim non apparere, adfectare eum imperium in Latinos? quod si sui bene crediderint ciues, aut si creditum illud et non raptum parricidio sit, credere et Latinos quamquam ne sic quidem alienigenae debere: sin suos eius paeniteat, quippe qui alii super alios trucidentur exsulatum eant bona amittant, quid spei melioris Latinis portendi? si se audiant, domum suam quemque inde abituros neque magis obseruaturos diem concilii quam ipse qui indixerit obseruet. Haec atque alia eodem pertinentia seditiosus facinorosusque homo hisque artibus opes domi nactus cum maxime dissereret, interuenit Tarquinius. Is finis orationi fuit; auersi omnes ad Tarquinium salutandum. Qui silentio facto monitus a proximis ut purgaret se quod id temporis uenisset, disceptatorem ait se sumptum inter patrem et filium cura reconciliandi eos in gratiam moratum esse, et quia ea res exemisset illum diem, postero die acturum quae constituisset. Ne id quidem ab Turno tulisse tacitum ferunt; dixisse enim nullam breuiorem esse cognitionem quam inter patrem et filium paucisque transigi uerbis posse: ni pareat patri, habitrum infortunium esse. |
CAPÍTULO L Era ya grande la autoridad de Tarquinio entre los jefes de los latinos cuando propuso que se reunieran en un cierto día junto al bosque sagrado de Ferentina: que era porque quería tratar sobre los intereses comunes. Acuden en gran número al amanecer, el mismo Tarquinio fue ciertamente fiel al día, pero llegó poco antes de que el sol se ocultara. Allí durante todo el día en la reunión se dijeron muchas cosas en diversos discursos. Turno Herdonio, de Aricia, lanzó invectivas violentamente contra Tarquinio que estaba ausente: que no era extraño que en Roma se le hubiera dado el sobrenombre de “El Soberbio” -pues ya así, susurrándolo ciertamente en secreto, sin embargo, lo llamaban comúnmente- ¿y había nada más soberbio que burlarse así de todo el pueblo latino? Hechos salir de sus casas a gran distancia, él mismo, que había propuesto la reunión, no estaba presente. Ciertamente se estaba tentando su paciencia de forma que, si aceptaban la opresión, sometidos los dominaría. En efecto, ¿para quién no era evidente que él aspiraba al poder entre los latinos? Y si sus ciudadanos se lo hubieran confiado de buen grado o si aquello hubiera sido confiado y no arrebatado por un parricidio, los latinos se lo confiarían, aunque ni siquiera estaban obligados a un extranjero. Pero si los suyos estaban descontentos de este, puesto que eran asesinados unos sobre otros, eran exiliados, perdían sus bienes ¿qué mejor esperanza restaba a los latinos? Si le oían a él, cada uno volvería a su casa y no respetarían el día de la reunión más que aquel que la había establecido la respetaba. Como estas y otras cosas referidas a lo mismo decía ampliamente un hombre sedicioso y criminal y que había adquirido riquezas en su casa con estas artes, intervino Tarquinio. Este fue el final para el discurso; todos se volvieron para saludar a Tarquinio. Este, hecho el silencio, exhortado por los más cercanos a que explique por qué ha llegado en ese momento, dice que él, tomado como árbitro entre un padre y un hijo, por la preocupación de reconciliarlos se ha retrasado, y que, puesto que ese asunto le había hecho perder aquel día, trataría al día siguiente lo que había fijado. Dicen que ni siquiera eso fue aceptado por Turno en silencio; en efecto dijo que ninguna instrucción era más fácil que entre un padre y un hijo y que con pocas palabras se podía concluir: si no obedecía a su padre, le ocurriría una desgracia. |
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Haec Aricinus in regem Romanum increpans ex concilio abiit. Quam rem Tarquinius aliquanto quam uidebatur aegrius ferens confestim Turno necem machinatur, ut eundem terrorem quo ciuium animos domi oppresserat Latinis iniceret. Et quia pro imperio palam interfici non poterat, oblato falso crimine insontem oppressit. Per aduersae factionis quosdam Aricinos seruum Turni auro corrupit, ut in deuersorium eius uim magnam gladiorum inferri clam sineret. Ea cum una nocte perfecta essent, Tarquinius paulo ante lucem accitis ad se principibus Latinorum quasi re noua perturbatus, moram suam hesternam uelut deorum quadam prouidentia inlatam ait saluti sibi atque illis fuisse. Ab Turno dici sibi et primoribus populorum parari necem ut Latinorum solus imperium teneat. Adgressurum fuisse hesterno die in concilio; dilatam rem esse, quod auctor concilii afuerit quem maxime peteret. Inde illam absentis insectationem esse natam quod morando spem destituerit. Non dubitare, si uera deferantur, quin prima luce, ubi uentum in concilium sit, instructus cum coniuratorum manu armatusque uenturus sit. Dici gladiorum ingentem esse numerum ad eum conuectum. Id uanum necne sit, extemplo sciri posse. rogare eos ut inde secum ad Turnum ueniant. Suspectam fecit rem et ingenium Turni ferox et oratio hesterna et mora Tarquini, quod uidebatur ob eam differri caedes potuisse. Eunt inclinatis quidem ad credendum animis, tamen, nisi gladiis deprehensis, cetera uana existimaturi. Vbi est eo uentum, Turnum ex somno excitatum circumsistunt custodes; comprehensisque seruis qui caritate domini uim parabant, cum gladii abditi ex omnibus locis deuerticuli protraherentur, enimuero manifesta res uisa iniectaeque Turno catenae; et confestim Latinorum concilium magno cum tumultu aduocatur. Ibi tam atrox inuidia orta est gladiis in medio positis, ut indicta causa, nouo genere leti, deiectus ad caput aquae Ferentinae crate superne iniecta saxisque congestis mergeretur. |
CAPÍTULO LI El aricino, increpando estas cosas contra el rey romano, se marchó de la asamblea. Tarquinio, soportando este asunto bastante más difícilmente de lo que parecía, en seguida prepara la muerte para Turno para inspirar a los latinos este mismo terror con el que en su patria había oprimido los ánimos de los ciudadanos. Y porque por su poder no podía matarlo abiertamente, presentada una falsa acusación, terminó con el insolente. A través de algunos aricinos del partido contrario, corrompió con oro al esclavo de Turno para que permitiera que fueran llevadas ocultamente a su casa una gran cantidad de espadas. Como estas cosas se realizaran en una sola noche, Tarquinio, poco antes del amanecer, llamados junto a él los jefes latinos, como si estuviera preocupado por una novedad dice que su retraso de la víspera, como producido por una cierta providencia de los dioses, sirvió de salvación para él y para aquellos. Se dijo que la muerte era preparada por Turno para él y los principales de los pueblos, para que él fuera el único que detentara el poder de los latinos. Que había querido atacarlos el día anterior en la asamblea, que el asunto fue retrasado porque estuvo ausente el promotor de la asamblea, a quien él buscaba, sobre todo. Que de aquí surgió aquel reproche al ausente, porque con su retraso destruía su esperanza. Que no dudaran que, si se les anunciaban cosas verdaderas, al amanecer, cuando se hubiese venido a la asamblea, acompañado con una tropa de conjurados y armados, vendría. Se dice que un gran número de espadas fue llevado a su casa. Si esto fuera falso o no, podría saberse en seguida. Ruega a ellos que vayan luego con él a casa de Turno. Hizo sospechoso el asunto no sólo el carácter agresivo de Turno, sino su discurso de la víspera y la tardanza de Tarquinio, porque parecía que a causa de esta, el asesinato pudo ser aplazado. Se marchan, ciertamente inclinados los ánimos a creer esto, en cambio a considerar falso el resto a no ser encontradas las espadas. Cuando se llegó allí, los guardianes rodean a Turno, despertado de su sueño; y detenidos los esclavos que, por amor a su señor, preparaban la fuerza, como se sacaban fuera espadas escondidas de todos los lugares de la casa, verdaderamente la cuestión pareció manifiesta y las cadenas le son puestas a Turno; y, en seguida, es convocada una asamblea de latinos con un gran tumulto. Allí surgió un odio tan atroz, amontonadas las espadas en el centro, que, no celebrada la causa, con un nuevo tipo de muerte, es arrojado de cabeza al agua Ferentina, echado encima un zarzo, y, acumuladas piedras, es sumergido. |
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Reuocatis deinde ad concilium Latinis Tarquinius conlaudatisque qui Turnum nouantem res pro manifesto parricidio merita poena adfecissent) ita uerba fecit: posse quidem se uetusto iure agere, quod, cum omnes Latini ab Alba oriundi sint, [in] eo foedere teneantur, quo sub Tullo res omnis Albana cum colonis suis in Romanum cesserit imperium; ceterum se utilitatis id magis omnium causa censere ut renouetur id foedus, secundaque potius fortuna populi Romani ut participes Latini fruantur quam urbium excidia uastationesque agrorum, quas Anco prius, patre deinde suo regnante perpessi sint, semper aut exspectent aut patiantur. Haud difficulter persuasum Latinis, quamquam in ea foedere superior Romana res erat; ceterum et capita nominis Latini stare ac sentire cum rege uidebant, et [Turnus] sui cuique periculi, si aduersatus esset, recens erat documentum. Ita renouatum foedus, indictumque iunioribus Latinorum ut ex foedere die certa ad lucum Ferentinae armati frequentes adessent. Qui ubi ad edictum Romani regis ex omnibus populis conuenere, ne ducem suum neue secretum imperium propriaue signa haberent, miscuit manipulos ex Latinis Romanisque ut ex binis singulos faceret binosque ex singulis; ita geminatis manipulis centuriones imposuit. |
CAPÍTULO LII Luego, llamados de nuevo los latinos a la asamblea y alabados porque habían castigado a Turno, que innovaba cosas, con una pena merecida por su crimen manifiesto, Tarquinio dijo estas palabras así: que él podía, ciertamente, actuar según un antiguo derecho, porque, como todos los latinos eran oriundos de Alba, eran tenidos en aquel tratado por el que bajo Tulo todo el pueblo albano con sus colonias había pasado al imperio romano. Por lo demás, él considera esto a causa de la mayor utilidad de todos, que este tratado fuera renovado y que los aliados latinos aprovechen la más favorable fortuna del pueblo romano, que esperaban o soportaban siempre las destrucciones de las ciudades y devastaciones de los campos que sufrieran antes, reinando Anco, después, reinando su padre. Se persuadió a los latinos con poca dificultad, aunque en ese tratado el estado romano era superior; por lo demás, no sólo veían a los jefes del pueblo latino permanecer y sentir con el rey, sino que Turno era un ejemplo reciente para cada uno de su peligro, si se resistiera. Así fue convocado el tratado y se ordena a los más jóvenes de los latinos que, según lo acordado, en el día acordado estén presentes armados en gran número en el bosque de Ferentina. Estos cuando ante el edicto del rey romano acudieron desde todos los pueblos, para que no tuvieran ni un jefe, ni un mando secreto, ni insignias propias, mezcló los manípulos de los latinos y romanos de manera que hacía uno solo de dos y dos de uno solo; así separado los manípulos, les impuso centuriones. |
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Nec ut iniustus in pace rex, ita dux belli prauus fuit; quin ea arte aequasset superiores reges ni degeneratum in aliis huic quoque decori offecisset. Is primus Volscis bellum in ducentos amplius post suam aetatem annos mouit, Suessamque Pometiam ex iis ui cepit. Vbi cum diuendita praeda quadraginta talenta argenti refecisset, concepit animo eam amplitudinem Iouis templi quae digna deum hominumque rege, quae Romano imperio, quae ipsius etiam loci maiestate esset; captiuam pecuniam in aedificationem eius templi seposuit. Excepit deinde lentius spe bellum, quo Gabios, propinquam urbem, nequiquam ui adortus, cum obsidendi quoque urbem spes pulso a moenibus adempta esset, postremo minime arte Romana, fraude ac dolo, adgressus est. Nam cum uelut posito bello fundamentis templi iaciendis aliisque urbanis operibus intentum se esse simularet, Sextus filius eius, qui minimus ex tribus erat, transfugit ex composito Gabios, patris in se saeuitiam intolerabilem conquerens: iam ab alienis in suos uertisse superbiam et liberorum quoque eum frequentiae taedere, ut quam in curia solitudinem fecerit domi quoque faciat, ne quam stirpem, ne quem heredem regni relinquat. Se quidem inter tela et gladios patris elapsum nihil usquam sibi tutum nisi apud hostes L. Tarquini credidisse. nam ne errarent, manere iis bellum quod positum simuletur, et per occasionem eum incautos inuasurum. Quod si apud eos supplicibus locus non sit, pererraturum se omne Latium, Volscosque se inde et Aequos et Hernicos petiturum donec ad eos perueniat qui a patrum crudelibus atque impiis suppliciis tegere liberos sciant. forsitan etiam ardoris aliquid ad bellum armaque se aduersus superbissimum regem ac ferocissimum populum inuenturum. Cum si nihil morarentur infensus ira porro inde abiturus uideretur, benigne ab Gabinis excipitur. Vetant mirari si, qualis in ciues, qualis in socios, talis ad ultimum in liberos esset; in se ipsum postremo saeuiturum, si alia desint. sibi uero gratum aduentum eius esse, futurumque credere breui ut illo adiuuante a portis Gabinis sub Romana moenia bellum transferatur. |
CAPÍTULO LIII Como fue un rey injusto en la paz, así no fue un mal general en la guerra; es más, en esta disciplina hubiera igualado a los reyes anteriores a no ser que, degenerado en otras cosas, hubiera dañado esta gloria. Este fue el primero que inicia una guerra contra los volscos durante más de doscientos años después de su generación y tomó de estos por la fuerza Suessa Pometia. Allí cuando, vendido el botín, obtuvo cuarenta talentos de plata, imaginó en su mente esta grandeza del templo de Júpiter, de modo que fuera digno del rey de los dioses y los hombres, del imperio romano, incluso de la majestad de ese mismo lugar: reservó el dinero arrebatado para la construcción de este templo. Después sostuvo una guerra más lenta que en su esperanza (de lo que esperaba), en la que a Gabios, ciudad vecina, atacando en vano por la fuerza, como se hubiera también perdido la esperanza de asediar la ciudad, con un choque desde las murallas, se atacó finalmente con un medio en absoluto romano: el fraude y el engaño. Pues como simulara, abandonada la guerra, que se dedicaba a establecer los cimientos del templo y a otros trabajos urbanos, Sexto, su hijo, que era el más pequeño de tres, huyó según lo acordado hacia Gabios, quejándose de la intolerable crueldad de su padre contra él. Que ya volvía su soberbia desde los extranjeros contra los suyos y que también la cantidad de hijos le desagradaba hasta el punto de que el vacío que había hecho en la Curia, también lo hacía en su casa para no dejar ninguna estirpe ni ningún heredero del reino. Ciertamente que él, escapando entre las armas y espadas de su padre, creía que no habría nunca nada seguro para él, a no ser junto a los enemigos de Tarquinio. Pues para que no se equivocaran, que permanecía entre ellos la guerra que simulaba haber sido abandonada y que este, aprovechando la ocasión, los atacaría desprevenidos. Porque si no había entre ellos un lugar para los suplicantes, él recorrería todo el Lacio, que luego rogaría a los volscos, ecuos y hernicos hasta que llegara a aquellos que sepan proteger a sus hijos de los suplicios crueles e impíos de los padres. Tal vez, encontraría allí también algo de entusiasmo para la guerra y las armas contra un rey tan soberbio y un pueblo tan agresivo. Como parecía que, si no se demoraba nada, encendido por la ira, se marcharía lejos de allí, es recibido benignamente por los gabinos. Le prohíben admirarse si, cual contra los ciudadanos, cual contra los aliados, tal es en su mayor grado contra sus hijos; que al final se marcharía cruel contra sí mismo si le faltan otras cosas. Que ciertamente para ellos la llegada de este sería grata y que creían que en breve habría de ser de tal modo que, ayudando él, la guerra fuera llevada desde las puertas gabinas hasta las murallas romanas. |
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Inde in consilia publica adhiberi. Vbi cum de aliis rebus adsentire se ueteribus Gabinis diceret quibus eae notiores essent, ipse identidem belli auctor esse et in eo sibi praecipuam prudentiam adsumere quod utriusque populi uires nosset, sciretque inuisam profecto superbiam regiam ciuibus esse quam ferre ne liberi quidem potuissent. Ita cum sensim ad rebellandum primores Gabinorum incitaret, ipse cum promptissimis iuuenum praedatum atque in expeditiones iret et dictis factisque omnibus ad fallendum instructis uana adcresceret fides, dux ad ultimum belli legitur. Ibi cum inscia multitudine quid ageretur, proelia parua inter Romam Gabiosque fierent quibus plerumque Gabina res superior esset, tum certatim summi infimique Gabinorum Sex. Tarquinium dono deum sibi missum ducem credere. Apud milites uero obeundo pericula ac labores pariter, praedam munifice largiendo tanta caritate esse ut non pater Tarquinius potentior Romae quam filius Gabiis esset. Itaque postquam satis uirium conlectum ad omnes conatus uidebat, tum ex suis unum sciscitatum Romam ad patrem mittit quidnam se facere uellet, quando quidem ut omnia unus publice Gabiis posset ei di dedissent. Huic nuntio, quia, credo, dubiae fidei uidebatur, nihil uoce responsum est; rex uelut deliberabundus in hortum aedium transit sequente nuntio filii; ibi inambulans tacitus summa papauerum capita dicitur baculo decussisse. Interrogando exspectandoque responsum nuntius fessus, ut re imperfecta, redit Gabios; quae dixerit ipse quaeque uiderit refert; seu ira seu odio seu superbia insita ingenio nullam eum uocem emisisse. Sexto ubi quid uellet parens quidue praeciperet tacitis ambagibus patuit, primores ciuitatis criminando alios apud populum, alios sua ipsos inuidia opportunos interemit. Multi palam, quidam in quibus minus speciosa criminatio erat futura clam interfecti. Patuit quibusdam uolentibus fuga, aut in exsilium acti sunt, absentiumque bona iuxta atque inter emptorum diuisui fuere. Largitiones inde praedaeque; et dulcedine priuati commodi sensus malorum publicorum adimi, donec orba consilio auxilioque Gabina res regi Romano sine ulla dimicatione in manum traditur. |
CAPÍTULO LIV Luego se le hace entrar en las asambleas públicas. Allí, como decía que él estaba de acuerdo sobre las otras cuestiones con los ancianos gabinos para los que estas cosas eran más conocidas, él mismo repetidamente era el responsable de la guerra y en esto asumía una excepcional prudencia porque conocía las fuerzas de ambos pueblos y sabia que la soberbia real era ciertamente odiosa para los ciudadanos, la que ni siquiera sus hijos han podido soportar. Así, como incitara poco a poco a rebelarse a los principales de los gabinos, él mismo, como marchara para saquear y hacer campañas con los más diligentes de los jóvenes y acrecentaba la confianza falsamente pensadas todas sus palabras y actos para engañar, es nombrado jefe al final de la guerra. Allí como, no sabiendo la multitud qué ocurría, se produjeran pequeños combates entre Roma y Gabios, en los que a menudo el estado gabino era superior, entonces los mayores y los más pequeños de los gabinos, creyeron con empeño que Sexto Tarquinio fue enviado como jefe por un regalo de los dioses. Pero entre los soldados, afrontando igualmente los peligros y trabajos, repartiendo generosamente el botín, estaba en tanto amor que su padre Tarquinio no era más poderoso en Roma que su hijo en Gabios. Así, después que veía que había reunido bastantes fuerzas para todos los intentos, entonces envía a uno de los suyos a Roma para preguntar a su padre qué quería que hiciera, puesto que ciertamente los dioses le habían otorgado a él que solo lo pudiera todo públicamente en Gabios. A este mensajero, porque, creo, parecía de dudosa confianza, no se le respondió con ninguna voz, el rey, como pensando, pasó al jardín del palacio, siguiéndole el mensajero de su hijo; allí, paseando en silencio, se dice que cortó con su báculo las más altas cabezas de adormideras. El mensajero, cansado de preguntar y esperar la respuesta, como con el asunto inacabado, vuelve a Gabios; cuenta lo que él mismo ha dicho y ha visto; que introducida en su naturaleza, bien la ira, bien el odio, bien la soberbia innata, este no le ha dicho ninguna palabra. Cuando se hizo patente a Sexto lo que su padre quería o lo que aconsejaba en sus ambiguos silencios, acusando a los principales de la ciudad, a unos ante el pueblo, a otros, propicios ellos mismos al odio, los mató. Muchos fueron matados abiertamente, algunos contra quienes la acusación sería menos especiosa, en secreto. Fue patente la huida para algunos que la querían o fueron enviados al exilio y los bienes de los ausentes y de los asesinados fueron divididos por igual. Luego repartos y botines; y por la satisfacción del interés privado fue robado el sentido de las desgracias públicas, hasta que el estado gabino, privado de consejo y ayuda, sin ninguna lucha, fue entregado en mano al rey romano. |
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Gabiis receptis Tarquinius pacem cum Aequorum gente fecit, foedus cum Tuscis renouauit. Inde ad negotia urbana animum conuertit; quorum erat primum ut Iouis templum in monte Tarpeio monumentum regni sui nominisque relinqueret: Tarquinios reges ambos patrem uouisse, filium perfecisse. Et ut libera a ceteris religionibus area esset tota Iouis templique eius quod inaedificaretur, exaugurare fana sacellaque statuit quae aliquot ibi, a Tatio rege primum in ipso discrimine aduersus Romulum pugnae uota, consecrata inaugurataque postea fuerant. Inter principia condendi huius operis mouisse numen ad indicandam tanti imperii molem traditur deos; nam cum omnium sacellorum exaugurationes admitterent aues, in Termini fano non addixere; idque omen auguriumque ita acceptum est non motam Termini sedem unumque eum deorum non euocatum sacratis sibi finibus firma stabiliaque cuncta portendere. Hoc perpetuitatis auspicio accepto, secutum aliud magnitudinem imperii portendens prodigium est: caput humanum integra facie aperientibus fundamenta templi dicitur apparuisse. Quae uisa species haud per ambages arcem eam imperii caputque rerum fore portendebat; idque ita cecinere uates quique in urbe erant quosque ad eam rem consultandam ex Etruria acciuerant. Augebatur ad impensas regis animus; itaque Pometinae manubiae, quae perducendo ad culmen operi destinatae erant, uix in fundamenta suppeditauere. Eo magis Fabio, praeterquam quod antiquior est, crediderim quadraginta ea sola talenta fuisse, quam Pisoni, qui quadraginta milia pondo argenti seposita in eam rem scribit, summam pecuniae neque ex unius tum urbis praeda sperandam et nullius ne horum quidem operum fundamenta non exsuperaturam. |
CAPÍTULO LV Tomada Gabios, Tarquinio hizo la paz con el pueblo de los ecuos, renovó el tratado con los tuscos. Después vuelve su atención a los asuntos urbanos; el primero de estos era que dejaba el templo de Júpiter en el monte Tarpeyo como testimonio de su reino y de su nombre: los dos reyes tarquinios, el padre lo había prometido, el hijo lo realizó. Y para que estuviera libre de otros cultos todo el área de Júpiter y de su templo, que le iba a ser construido, decidió profanar los templos y santuarios que allí, prometidos en la lucha contra Rómulo en primer lugar por el rey Tacio en aquella situación crítica, posteriormente fueron dedicados y consagrados con augurios. En los comienzos de la construcción de esta obra, se dice que los dioses manifestaron su voluntad para indicar la grandeza de tan gran imperio; pues como las aves permitieron las profanaciones de todos los santuarios, no fueron favorables para el templo de Término; y este presagio y augurio fue así interpretado: que no fuera movida la sede de Término y que este sería el único de entre todos los dioses que no sería sacado del territorio sagrado, pronosticaban cosas firmes y estables. Recibido este presagio de eternidad, fue seguido otro prodigio que anunciaba la grandeza del imperio: se dice que una cabeza humana, con una apariencia intacta, se apareció a los que cavaban los cimientos del templo. Esta aparición, al verse, anuncia no por medio de ambigüedades que esa sería la ciudadela del imperio y el centro de las cosas, y así lo predijeron los adivinos, quienes estaban en la ciudad y a los que habían mandado de Etruria para consultar este asunto. El ánimo del rey se acrecentaba hacia los gastos. Si pues, las riquezas de Pomentino, que trayéndolas habían sido destinadas al final (para finalizar) de la obra, apenas bastaron para los cimientos. En este punto yo creería más a Fabio, además porque es más antiguo, (que dice) que fueron sólo cuarenta talentos, más que a Pisón, que escribe que se reservó cuarenta mil libras de plata para este asunto; que esta cantidad de dinero que no debía esperarse del botín de ninguna ciudad entonces y ni siquiera sobrepasaría los cimientos de ninguna de estas obras. |
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Intentus perficiendo templo,
fabris undique ex Etruria accitis, non pecunia solum ad id publica est
usus sed operis etiam ex plebe. Qui cum haud paruus et ipse militiae
adderetur labor, minus tamen plebs grauabatur se templa deum exaedificare
manibus suis quam postquam et ad alia, ut specie minora, sic laboris
aliquanto maioris traducebantur opera foros in circo faciendos cloacamque
maximam, receptaculum omnium purgamentorum urbis, sub terra agendam;
quibus duobus operibus uix noua haec magnificentia quicquam adaequare
potuit. His laboribus exercita plebe, quia et urbi multitudinem, ubi usus
non esset, oneri rebatur esse et colonis mittendis occupari latius imperii
fines uolebat, Signiam Circeiosque colonos misit, praesidia urbi futura
terra marique. |
CAPÍTULO LVI Atento a terminar el templo,
traídos obreros de todas partes desde Etruria, no sólo usó para esto el
dinero público, sino también el trabajo de la plebe. Como este mismo
trabajo no pequeño también se añadiera a la milicia, sin embargo, la plebe
se negaba menos a edificar los templos de los dioses con sus manos que
cuando eran llevados hacia otros trabajos, como de menor belleza, así de
bastante mayor esfuerzo, las gradas hechas en el circo y la cloaca máxima,
receptáculo de todas las porquerías de la ciudad, llevada bajo tierra, a
estas dos obras apenas la nueva magnificencia pudo igualar algo. Ocupada
la plebe en estos trabajos, porque no sólo pensaba que la multitud, cuando
no tenía empleo, servía de carga para la ciudad sino también quería,
enviados colonos, que los límites de su imperio fueran ocupados más
ampliamente, envió colonos a Signas y Circeyos, que serían guarniciones
para la ciudad por tierra y por mar.
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Ardeam Rutuli habebant, gens, ut in ea regione atque in ea aetate, diuitiis praepollens; eaque ipsa causa belli fuit, quod rex Romanus cum ipse ditari, exhaustus magnificentia publicorum operum, tum praeda delenire popularium animos studebat, praeter aliam superbiam regno infestos etiam quod se in fabrorum ministeriis ac seruili tam diu habitos opere ab rege indignabantur. Temptata res est, si primo impetu capi Ardea posset: ubi id parum processit, obsidione munitionibusque coepti premi hostes. In his statiuis, ut fit longo magis quam acri bello, satis liberi commeatus erant, primoribus tamen magis quam militibus; regii quidem iuuenes interdum otium conuiuiis comisationibusque inter se terebant. Forte potantibus his apud Sex. Tarquinium, ubi et Collatinus cenabat Tarquinius, Egeri filius, incidit de uxoribus mentio. Suam quisque laudare miris modis; inde certamine accenso Collatinus negat uerbis opus esse; paucis id quidem horis posse sciri quantum ceteris praestet Lucretia sua. "Quin, si uigor iuuentae inest, conscendimus equos inuisimusque praesentes nostrarum ingenia? id cuique spectatissimum sit quod necopinato uiri aduentu occurrerit oculis." Incaluerant uino; "Age sane" omnes; citatis equis auolant Romam. Quo cum primis se intendentibus tenebris peruenissent, pergunt inde Collatiam, ubi Lucretiam haudquaquam ut regias nurus, quas in conuiuio luxuque cum aequalibus uiderant tempus terentes sed nocte sera deditam lanae inter lucubrantes ancillas in medio aedium sedentem inueniunt. Muliebris certaminis laus penes Lucretiam fuit. Adueniens uir Tarquiniique excepti benigne; uictor maritus comiter inuitat regios iuuenes. Ibi Sex. Tarquinium mala libido Lucretiae per uim stuprandae capit; cum forma tum spectata castitas incitat. Et tum quidem ab nocturno iuuenali ludo in castra redeunt. |
CAPÍTULO LVII Los rútulos tenían Ardea, pueblo muy poderoso en riquezas para estar en esta región y en este tiempo; y esta misma fue la causa de la guerra, el hecho de que el rey romano procurara tanto enriquecerse él mismo, arruinado por la magnificencia de las obras públicas, como aplacar los ánimos de los populares con un botín, hostiles al reino por otra soberbia y además se indignaban de que ellos eran retenidos durante largo tiempo por el rey en servicios de obreros y en trabajo propio de esclavo. Se intentó el asunto por si Ardea podía ser tomada al primer ataque: cuando se adelantó esto un poco, se comenzó a oprimir a los enemigos con el asedio y las municiones. En estos campamentos, como sucede en una guerra más larga que activa, había bastantes permisos para los libres, sin embargo, más para los jefes que para los soldados; ciertamente los jóvenes regios empleaban entre ellos el ocio, a veces, en convites y orgías. Bebiendo estos por casualidad en casa de Sexto Tarquinio, donde también cenaba Collatino Tarquinio, hijo de Egerio, la conversación trató sobre las esposas. Cada uno alababa a la suya de un modo asombroso; luego, excitada la discusión, Collatino dice que no son necesarias las palabras; ciertamente en pocas horas se puede saber esto, cuánto aventaja su Lucrecia a las demás: “¿Por qué, si está presente en nosotros el vigor de la juventud, no subimos a los caballos y vemos con nuestros propios ojos la naturaleza de nuestra mujeres? Esta sería la mejor prueba para cada uno: el que se encontrase ante sus ojos con la inesperada llegada de su marido.” Se habían enardecido con el vino; “¡Vamos, pues!” (dicen) todos. Puestos en movimiento los caballos, vuelan a Roma. Como hubieran llegado allí, extendiéndose las primeras tinieblas, continúan hasta Colatia, donde encontraron a Lucrecia de ningún modo como a las mujeres regias a las que vieron en un banquete y con lujo perdiendo el tiempo con sus iguales, sino que, entrada la noche, dedicada a la lana entre las esclavas que la velaban sentada en medio de su casa. La gloria del certamen femenino estuvo en poder de Lucrecia. Llegando su marido y los tarquinios son recibidos amablemente; el marido vencedor invita a los jóvenes regios. Allí se apodera de Sexto Tarquinio el mal deseo de poseer por la fuerza a Lucrecia; no sólo su belleza sino también su probada castidad lo incita. Y entonces, ciertamente, después de un juego nocturno juvenil, vuelven al campamento. |
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Paucis interiectis diebus Sex. Tarquinius inscio Collatino cum comite uno Collatiam uenit. Vbi exceptus benigne ab ignaris consilii cum post cenam in hospitale cubiculum deductus esset, amore ardens, postquam satis tuta circa sopitique omnes uidebantur, stricto gladio ad dormientem Lucretiam uenit sinistraque manu mulieris pectore oppresso "Tace, Lucretia" inquit; "Sex. Tarquinius sum; ferrum in manu est; moriere, si emiseris uocem." Cum pauida ex somno mulier nullam opem, prope mortem imminentem uideret, tum Tarquinius fateri amorem, orare, miscere precibus minas, uersare in omnes partes muliebrem animum. Vbi obstinatam uidebat et ne mortis quidem metu inclinari, addit ad metum dedecus: cum mortua iugulatum seruum nudum positurum ait, ut in sordido adulterio necata dicatur. Quo terrore cum uicisset obstinatam pudicitiam uelut ui uictrix libido, profectusque inde Tarquinius ferox expugnato decore muliebri esset, Lucretia maesta tanto malo nuntium Romam eundem ad patrem Ardeamque ad uirum mittit, ut cum singulis fidelibus amicis ueniant; ita facto maturatoque opus esse; rem atrocem incidisse. Sp. Lucretius cum P. Valerio Volesi filio, Collatinus cum L. Iunio Bruto uenit, cum quo forte Romam rediens ab nuntio uxoris erat conuentus. Lucretiam sedentem maestam in cubiculo inueniunt. Aduentu suorum lacrimae obortae, quaerentique uiro "Satin salue?" "Minime" inquit; "quid enim salui est mulieri amissa pudicitia? Vestigia uiri alieni, Collatine, in lecto sunt tuo; ceterum corpus est tantum uiolatum, animus insons; mors testis erit. Sed date dexteras fidemque haud impune adultero fore. Sex. est Tarquinius qui hostis pro hospite priore nocte ui armatus mihi sibique, si uos uiri estis, pestiferum hinc abstulit gaudium." Dant ordine omnes fidem; consolantur aegram animi auertendo noxam ab coacta in auctorem delicti: mentem peccare, non corpus, et unde consilium afuerit culpam abesse. "Vos" inquit "uideritis quid illi debeatur: ego me etsi peccato absoluo, supplicio non libero; nec ulla deinde impudica Lucretiae exemplo uiuet." Cultrum, quem sub ueste abditum habebat, eum in corde defigit, prolapsaque in uolnus moribunda cecidit. Conclamat uir paterque. |
CAPÍTULO LVIII Pasados pocos días, Sexto Tarquinio, ignorándolo Collatino, vino a Colatia con un solo compañero. Allí fue recibido amablemente por los ignorantes de su plan, como después de la cena fuera conducido a una habitación para huéspedes, ardiente de amor, después que los alrededores parecían bastante seguros y todos dormidos, desenvainada la espada vino hacia Lucrecia que dormía y apretado el pecho de la mujer con la mano izquierda, dice: “Calla, Lucrecia, soy Sexto Tarquinio; en mi mano hay una espada, morirás si pronuncias una palabra.” Como la aterrada mujer, (saliendo) del sueño, no viera ninguna ayuda y cerca la muerte inminente, entonces Tarquinio le confiesa su amor, le ruega, mezcla las amenazas con los ruegos, da vueltas al ánimo femenino hacia todas partes. Cuando la veía obstinada y que ni siquiera se doblega por el miedo a la muerte, añade al miedo el deshonor: dice que pondrá un esclavo desnudo degollado con la muerta, para que se diga que fue muerta en repugnante adulterio. Como con este temor venciera a la obstinada castidad el deseo como vencedor por la fuerza, luego Tarquinio se marchó orgulloso, arrebatado el honor femenino. Lucrecia, abatida por tan gran desgracia envía un mismo mensajero a Roma a su padre y a Ardea a su marido, para que cada uno venga con un amigo fiel; que era necesario que fuera hecho y apresurado; que había ocurrido un acto atroz. Sp. Lucrecio vino con P. Valerio, hijo de Voleso; Collatino con L. Junio Bruto, cuando allí, regresando por casualidad a Roma, fue encontrado por el mensajero de su mujer. Encuentran a Lucrecia afligida sentada en su habitación. Ante la llegada de los suyos, las lágrimas aparecieron y preguntándole su marido “¿Estás bien?” dijo “Muy mal; pues, ¿qué bien hay para la mujer, perdida la castidad? Las huellas de un hombre extraño están en tu lecho, Collatino; por lo demás, sólo el cuerpo ha sido violado; el alma es inocente; la muerte será testigo. Pero dadme las manos derechas y la fe de que para el adulterio no quedará impune. Es Sexto Tarquinio quien, enemigo en vez de huésped, durante la noche anterior, armado por la fuerza se llevó de aquí un goce funesto para mí y para él si vosotros sois hombres”. Por orden, todos le dan su palabra; consuelan la angustia de su ánimo, desviando la falta de la forzada al autor del delito: que peca la mente, no el cuerpo, y que la culpa está ausente de donde no hay intención. “Vosotros” dijo “veréis qué se le debe hacer. Yo, aunque me absuelvo del pecado, no me libero del suplicio, y que ninguna impúdica viva por el ejemplo de Lucrecia”. Un cuchillo, que tenía escondido bajo el vestido, lo clavó en su corazón y desplomándose sobre su herida cayó moribunda. Gritan el padre y el esposo. |
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Brutus
illis luctu occupatis cultrum ex uolnere Lucretiae extractum, manantem
cruore prae se tenens, "Per hunc" inquit "castissimum ante regiam iniuriam
sanguinem iuro, uosque, di, testes facio me L. Tarquinium Superbum cum
scelerata coniuge et omni liberorum stirpe ferro igni quacumque dehinc ui
possim exsecuturum, nec illos nec alium quemquam regnare Romae passurum."
Cultrum deinde Collatino tradit, inde Lucretio ac Valerio, stupentibus
miraculo rei, unde nouum in Bruti pectore ingenium. Vt praeceptum erat
iurant; totique ab luctu uersi in iram, Brutum iam inde ad expugnandum
regnum uocantem sequuntur ducem.
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CAPÍTULO LIX Bruto, entregados aquellos al
dolor, teniendo ante sí el cuchillo extraído de la herida de Lucrecia,
chorreando con la sangre, dijo: “Por esta sangre purísima antes de la
injuria real, juro y a vosotros, dioses, os hago testigos de que yo
expulsaré a Lucio Tarquinio el Soberbio, con su criminal mujer y a toda la
estirpe de sus hijos con el hierro, con el fuego, con cuanta violencia
pueda, y no soportaré que ni esos ni ningún otro reine en Roma”. Luego
entrega el cuchillo a Collatino, después a Lucrecio y Valerio, que estaban
atónitos por lo asombroso del asunto, de donde la nueva disposición en el
pecho de Bruto. Juran como eran un precepto; y todos volviéndose del dolor
a la ira, ya luego siguen a Bruto llamándolo jefe para destruir el reino.
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Harum rerum nuntiis in castra perlatis cum re noua trepidus rex pergeret Romam ad comprimendos motus, flexit uiam Brutus -senserat enim aduentum- ne obuius fieret; eodemque fere tempore, diuersis itineribus, Brutus Ardeam, Tarquinius Romam uenerunt. Tarquinio clausae portae exsiliumque indictum: liberatorem urbis laeta castra accepere, exactique inde liberi regis. Duo patrem secuti sunt qui exsulatum Caere in Etruscos ierunt. Sex. Tarquinius Gabios tamquam in suum regnum profectus ab ultoribus ueterum simultatium, quas sibi ipse caedibus rapinisque concierat, est interfectus. L. Tarquinius Superbus regnauit annos quinque et uiginti. Regnatum Romae ab condita urbe ad liberatam annos ducentos quadraginta quattuor. Duo consules inde comitiis centuriatis a praefecto urbis ex commentariis Ser. Tulli creati sunt, L. Iunius Brutus et L. Tarquinius Collatinus. |
CAPÍTULO LX Llevadas las noticias de estas
cosas al campamento, como el rey alarmado por la novedad, se dirigiera a
Roma para sofocar los levantamientos, Bruto cambió el camino -en efecto,
se había dado cuenta de la llegada- para que no le saliera al encuentro; y
casi al mismo tiempo, por distintos caminos llegaron, Bruto a Ardea,
Tarquinio a Roma. Para Tarquinio las puertas estaban cerradas y el exilio
declarado: el campamento recibió con alegría el libertador de la ciudad y
los hijos del rey luego fueron expulsados. Dos siguieron a su padre en el
exilio entre los etruscos en Caere. Sexto Tarquinio marchando a Gabios
como hacia su reino por vengadores de antiguas enemistades, que él mismo
había encendido con sus matanzas y rapiñas, fue asesinado.
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